POSADAS. Un problema creciente afrontan quienes deben transitar a diario por las principales avenidas que circundan las chacras 125, 158, 159, 192 y 195 de esta capital, donde los hechos de vandalismo en la vía pública se volvieron cada más frecuentes y a cualquier hora del día, siendo las principales víctimas las mujeres y los adolescentes.En una recorrida por la zona, PRIMERA EDICIÓN dialogó con varios vecinos, estudiantes universitarios, automovilistas y choferes del transporte urbano de pasajeros -entre otros- quienes coincidieron en destacar que “la situación se está volviendo crítica en los últimos meses, porque cada vez hay que tomar mayores recaudos para no ser sorprendidos por algún arrebatador o para no recibir algún piedrazo”, indicó José Martínez, quien tiene un pequeño comercio en el lugar.Martínez apuntó que “esta era una zona tranquila, de gente humilde, trabajadora y el que no tenía trabajo salía al menos a hacer unas changas para ganarse unos pesos, pero nunca existió este tipo de problemas, de que te pidan plata en plena calle o, como es común ver, que paren a los chicos y les saquen la mochila o el celular. Lo que pasó fue que, con el avance del asfalto, se fue poblando en otros lugares donde antes costaba muchísimo ingresar y fue formándose una villa acá muy cerca de la Centenario, donde hay todo tipo de gente y hacia donde corren y se esconden los que cometen alguna acción sospechosa”.Las avenidas más peligrosas de esta nueva “zona caliente” son Centenario, Jauretche, Vivanco, Urquiza y Tacuarí. Romina, estudiante de la nueva Facultad de Medicina, ubicada en riberas del Paraná y Jauretche, relató su triste experiencia de un día que iba a clases: “Los primeros meses del año venía caminando a la Facultad, sin ningún problema, a veces acompañada de otros chicos porque tomar un colectivo para hacer pocas cuadras me parece una pérdida de tiempo, pero un día al mediodía, cuando regresaba a casa, me rodearon cuatro chicos y me empezaron a tironear la mochila. Se llevaron mi tablet, donde tenía archivos muy importantes, y no me dejaron ni los apuntes de todo un cuatrimestre. Ahora vamos como mínimo entre tres compañeros y si es de noche nos juntamos y tomamos un remís para ir a nuestras casas, porque vivimos relativamente cerca de acá. No somos de familias de plata sino trabajadoras y nos cuesta mucho ya pagar la Facultad como para perder nuestros elementos”.Los relatos se repiten y apuntan a las “banditas” de niños y al “padrinazgo” de mayores, una realidad triste que requiere de una rápida intervención de las autoridades. Un remisero que puede contarloJuan Silva es remisero de tiempo completo y conoce bien la problemática, porque además vive en Villa Cabello y a diario recorre la cuestionada zona. “A mí me reventaron ya dos veces el parabrisas del auto bajando por la Centenario, en la zona de Vivanco. No paré porque no sé qué puede pasar si me detengo. Una vez iba con dos pasajeros y por suerte no pasó nada, porque se astilló el parabrisas y conozco de memoria el tramo, entonces seguí así por varias cuadras hasta que me sentí seguro como para detener la marcha. Hice la exposición pero no cambió nada y se entiende, porque los patrulleros vienen a rondar y no hay nadie, tampoco pueden quedarse las 24 horas, pero apenas se van aparecen los chicos con las ondas, que hasta me parece que son mandados por alguna persona mayor”. Además, Silva resaltó que “para colmo, de noche la iluminación no es buena, porque rompen algunos focos a propósito. Entre los colegas nos avisamos por radio cuándo está complicada la zona, pero es un tema que debiera empezar a analizarse cómo frenar el accionar de esta gente, porque si continúa así, llegar a Villa Cabello por la Centenario será impenetrable”.





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