María y su esposo despertaron a las 4 de ayer y al bajar de la cama, el agua les llegaba hasta las rodillas. Después de socorrer a sus cinco pequeños (de entre uno y seis años), observaron que la creciente del arroyo Mártires ya había llegado hasta los colchones y demás enseres, totalizando en minutos, el metro de agua, cuya marca permanecía ayer por la mañana en una de las paredes de la casa, en el barrio Belén. La pareja posee una olería que se vio reducida a un malacate y a otra construcción fija. La inundación se llevó más de tres mil ladrillos que estaban en condiciones de ser cocidos y vendidos. También destruyó los montículos de tierra y aserrín que habían adquirido para continuar con la tarea, con la que sostienen el hogar. Jorge Báez también es olero y su experiencia con el agua fue similar. Hace varios días que no trabajaba por las intensas lluvias, pero tenía una buena cantidad de ladrillos que estaban listos para quemar y vender. La correntada se los llevó junto al adobe que almacenaba. En otras viviendas del barrio el agua también causó estragos. En algunas casas entró con furia y arrancó los pisos. En otras permaneció por varias horas, hasta un metro de alto. Los vecinos aclararon que esto sucede con frecuencia cuando existen muchos días de mal tiempo y suponen que debían ser relocalizados por la EBY cuando hizo los trabajos de la costanera de Itaembé Miní. El director de Defensa Civil, Ricardo Veselka Corrales, señaló que en el barrio Belén hubo quince familias damnificadas y que en Los Potrillos hubo varias que ya volvieron a sus hogares y otras permanecerán en una escuela de la zona.El ministro de Gobierno, Jorge Franco, se reunió ayer con el Comité de Emergencia para evaluar la situación que atraviesa la provincia como consecuencia de las intensas precipitaciones pluviales y diseñar un plan de contingencia.





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