POSADAS. Violencia en escuelas. “¿Los jóvenes son cada vez más violentos?”, “¿cómo se puede parar la violencia juvenil?”, “a los chicos les faltan límites”, “hay cada vez más bullying”. Afirmaciones y preguntas como se oyen todos los días en cualquier ámbito. Evidentemente lo que ocurre en las escuelas, pero por sobre todo, los episodios de violencia entre jóvenes están en el foco de atención del mundo adulto. La clave está en cómo se la aborda. Muchos docentes, directivos y padres repiten fórmulas autoritarias, de mayores controles, incluso con participación de la fuerza policial. Otros nombran a esta violencia como “bullying” o acoso escolar y buscan detectar los perfiles y riesgos de que un niño sea violentado por otro.Lo cierto es que la escuela no es una institución aislada, sino que está atravesada por procesos sociales y culturales. “Vivimos tiempos violentos. Vivimos en sociedades capitalistas, desiguales, injustas, esa es la primera violencia que nos atraviesa a todos”, clarificó la doctora en Educación Carina Kaplan, quien visitó Posadas para participar del curso de posgrado “La violencia en las escuelas como cuestión social”, organizado por el Doctorado en Ciencias Humanas y Sociales de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM, en el que participaron cerca de mil docentes de escuelas de toda la provincia.En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Kaplan profundizó algunos conceptos relacionados con la violencia en las escuelas y las propuestas pedagógicas para revertirla.¿Qué significa que la violencia en las escuelas es una cuestión social?Generalmente uno tiende a preocuparse por la violencia en las escuelas (VEE), pero si mira la violencia que hay en la sociedad tendría que pensar que la escuela no está haciendo las cosas tan mal, porque de hecho es un espacio de mayor participación. Si bien hay casos espectaculares que los medios hacen sobresalir, la cotidianidad de la escuela es un espacio de socialización muy interesante. De hecho, lo que tendríamos que preguntarnos como sociedad es porqué en un espacio multitudinario, como la escuela, no suceden cuestiones como sí suceden en otros espacios como la cancha.Esto quiere decir que la escuela es un espacio donde se puede reunir un conjunto de gente heterogénea y convivir con esas diferencias y con esas desigualdades (sociales).¿Hay más casos de violencia o está más visibilizada?Creo que lo que ha cambiado es el umbral de tolerancia que tenemos como sociedad respecto de ciertas prácticas que antes eran aceptadas, como por ejemplo el castigo físico de los maestros a los alumnos, como ocurrió en otra época. Evidentemente nos hemos democratizado como sociedad y hemos avanzado en la cuestión de los derechos de los niños. Quiere decir que esos castigos ejemplificadores donde los adultos, docente y familia, se apropiaban del cuerpo del niño, como prácticas históricamente aceptadas, en las sociedades de derecho tienden a ser condenadas .Me parece que estamos en una sociedad que tiene muchas oportunidades democráticas de ejercer los derechos y hacerlos valer y entender que los niños tienen derecho por el solo hecho de ser niños. No podemos poseerlos ni desposeerlos de su identidad como infancia.En las escuelas también los docentes ejercen violencia hacia los alumnos…Lo que predomina es la violencia más sutil, que tiene que ver con el lenguaje, insultos, burlas, humillaciones. Nosotros estudiamos las humillaciones que hacen los docentes hacia sus estudiantes y las humillaciones que hacen los estudiantes entre sí, que se estigmatizan por ser gordos, altos, homosexuales, por ser estudiosos. Hay una serie de características por las cuales los estudiantes se humillan entre sí.Es lo que también se denomina bullying o acoso escolar. ¿Qué opina de estas teorías tan de moda?Lo que pasa es que el bullying piensa en términos binarios, opuestos, entre acosadores y acosados, víctima y victimario, y en realidad para mí reproduce la lógica de este sistema capitalista neodarwinista, es decir, creer que hay ganadores y perdedores. Las sociedades creen que hay gente que nace para el éxito y gente que nace para el desprecio social. Y esas son visiones exitistas del mercado.En nuestra investigación, nosotros no lo llamamos bullying, sino humillación porque da cuenta de una relación social de poder en donde unos se imponen sobre otros sistemáticamente y los hacen sumisos. Lo más interesante es entender que cuando el humillado cree en su inferioridad se va a comportar así, es decir, va a silenciarse, no va a querer ir a la escuela. Nosotros vemos esos procesos como dolor social, como experiencia sufriente, sufrimiento social de los estudiantes en la escuela, y la escuela es un espacio de alegría, de producción de otras formas de relación social sin embargo hay que meterse a profundizar en aquellas experiencias de dolor social que atraviesan los estudiantes.¿Cómo puede trabajar el docente?Primero hay que entender que las dinámicas de poder y de conflicto están en la escuela como en la sociedad, no hay que hacerse el desentendido. Hay que trabajar con los vínculos en las escuelas, con las grupalidades, con las características negativizadas de ciertos grupos, e intentar desequilibrar ese poder entre los estudiantes para demostrar que todos tenemos poder, y el poder para construir una relación mejor.Es decir, ¿mejorar la convivencia en las escuelas?Vivir en sociedad no es algo natural. La escuela es un espacio privilegiado porque junta a individuos que vienen con memorias distintas, prácticas sociales y culturales distintas, y los reúne en un mismo espacio y ahí tienen que aprender a convivir. La convivencia es un aprendizaje. No hay un individuo que sea mejor conviviente que otro, lo que tienen son diferentes formas de socialización. Por ejemplo, si en la casa son golpeados, probablemente lo reproduzcan en la escuela. Ahí la escuela tiene todo un camino que recorrer para mostrarle que hay otras formas de relación que no son violentas, pero que él las ha interiorizado en la casa casi como naturales. La escuela debe indagar y ayudar a transitar otras formas de reconocimiento de sus derechos con otras instituciones cuando los niños son golpeados por sus padres.En la escuela todo el tiempo se está hablando de la problemática social, hay que incorporarlo como parte del aprendizaje de la escuela. La escuela tiene una función de transmisión de saberes pero también tiene esa función de socialización, de aprendizaje de “estar con otros”.A pesar de que muchos afirman que hay como una “ola de violencia” en las escuelas, su postura sobre el tema suena muy alentadora…Creo que hay una preocupación legítima por estos temas y que los medios de comu
nicación han visibilizado algunas cuestiones que hace tiempo son preocupantes para el sistema educativo. Hoy vemos las cosas desde otro lugar y decimos: “que los chicos se peleen entre sí no es algo que tiene que ser natural”. Es esperable que, en una sociedad donde los adultos se la pasan peleando por cualquier cosa – en la calle los automovilistas, las peleas en la cancha, las adicciones-, que los chicos aprendan estas prácticas violentas. Entonces la escuela es una oportunidad para trabajar con otras formas de relación que no estén basadas en la violencia. InvestigadoraCarina Kaplan es doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).Dirige el Programa de Investigación sobre Transformaciones Sociales, Subjetividad y Procesos Educativos del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación de la UBA.





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