POSADAS. La llegada del frío a la provincia sumó la preocupación de los vecinos del barrio Palomar, quienes ven a diario como unos veinte mbya guaraníes duermen a la deriva, buscando algunos techos que dan a la vereda, para refugiarse. La mendicidad de los aborígenes en las calles de la capital provincial, es un problema sin resolución por parte del Estado. Es que, para los funcionarios, la respuesta más sencilla es subirlos a todos a un colectivo o un camión para llevarlos de nuevo a sus aldeas de origen. Sin embargo, a los pocos días se los vuelve a ver en las calles posadeñas pidiendo colaboración monetaria para subsistir. En estos días, la situación de calle de los originarios aumentó y preocupó a los vecinos del Palomar, quienes comentaron que sobre calle Líbano, en la vereda de un conocido hotel, se ve “por las noches, a los mbya durmiendo en la vereda, soportando las bajas temperaturas”. Entre estas personas, hay adultos y muchos chicos pues, por lo general, son familias enteras las que viajan a Posadas. Los aborígenes sostienen que es decisión de cada uno viajar a Posadas para pedir dinero, ya que en sus aldeas o alrededores no tienen ningún sustento económico y las ayudas del Estado no alcanzan para nada. Casi todas las semanas, los grupos de mbya, a veces con sus caciques, visitan Asuntos Guaraníes para solicitar asistencia. En pocas ocasiones regresan con respuestas favorables. Entonces, deciden mendigar o en su defecto vender algunas artesanías. “Cada vez vemos menos personas vendiendo sus cosas”, admitió un vecino consultado sobre la situación. “Es triste ver como los chicos son los que piden, pero según nos contaron es porque la gente les da monedas a los chicos, pero no a los grandes”, dijo una vecina del lugar. Un problema que el Estado no solucionaEn muchas oportunidades, este medio ha difundido la situación de calle y mendicidad de los aborígenes. Sin embargo, a pesar que hace años se repiten, el Gobierno provincial poco hizo para solucionarlo de manera definitiva. Cada vez que se informa o cuenta la situación, la respuesta oficial es llevarlos de nuevo a las aldeas de origen. Esta información es contada, casi a diario, por los propios caciques y habitantes de las respectivas aldeas, quienes además reconocen que en sus ciudades no tienen nada y que el poco dinero que reciben, ya sea por planes sociales o la tarjeta solidaria no les alcanza para subsistir. Un hombre originario de la aldea de San Ignacio contó a PRIMERA EDICIÓN que la falta de asistencia alimentaria y de herramientas de trabajo son los principales motivos por los cuales deciden dejar su aldea y afincarse en Posadas. A pesar que no está en su espíritu, ni en su cultura, hay una problemática que avanza entre las aldeas nativas de la provincia: la mendicidad. Desde hace varios años atrás que se observa con frecuencia, en Posadas, a los niños indígenas pidiendo monedas, ya sea en la calle y a los automovilistas. “El Gobierno debe buscar una solución para esta gente, porque no pueden continuar de esta manera”, agregó la vecina, señalando que en la misma zona hacen sus necesidades en la vereda.El año pasado, la Fundación Tupá Renda ofreció los hogares a su cargo para que los niños y sus madres puedan dormir allí, brindando una solución a corto plazo. Hoy, en día, son pocos los que asisten a estas camas disponibles. “No me ayudaron en nada”Oscar Villalba es un joven oriundo de la aldea Chapay, ubicada en el municipio de San Ignacio, y estuvo la semana pasada en la redacción de este diario para “denunciar públicamente que no dieron ningún tipo de ayuda, ni en Derechos Humanos ni en Asuntos Guaraníes”. “Yo quiero que esto se sepa, porque no puede ser que no me hayan ayudado y encima me trataron re mal”, contó el joven, quien llegó a la capital misionera por un tratamiento de salud de su esposa y uno de sus hijos. “Ella (por su esposa) tuvo que venir al hospital por un tratamiento y estuvimos dos días ahí. Dormí en la plaza, junto con mi niño y cuando fui a pedir ayuda me dieron la espalda”, relató Oscar. Según comentó, en Asuntos Guaraníes “me trataron re mal, fui a pedir si podían darme para el pasaje de vuelta a mi aldea y me dijeron que no había nada ni tampoco estaba nadie para darme plata”. El joven estaba muy molesto, porque muchas veces acudió a estos organismos y nunca recibió ayuda. Oscar contó que en varias ocasiones llegó a Posadas para vender sus artesanías e incluso llegó a mendigar, pero “no quiero hacer más eso, yo sólo quiero recibir la tarjeta como todos, pero ni siquiera eso tengo”, contó. El joven, quien consiguió “pidiendo” para volver a su ciudad, tuvo un regreso feliz pero con mucho enojo. “Ellos solo van a la aldea cuando necesitan algo y para nosotros no están”, cerró.





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