Por: Manuel SoteloJefe de Redacción de PRIMERA EDICIÓN Dicen los conocedores de los pasillos de la Rosadita que cuando los consultores que asesoran a Closs (y que se llevan jugosos honorarios por sus servicios) le dicen que su popularidad está decayendo, el gobernador sale con algún pretendido “golpe de efecto”. El de ayer fue un bumerang que le dio en la nuca. Salió a despegarse de los problemas económicos adjudicados a la zigzagueante administración kirchnerista y desde el Gobierno nacional lo cruzaron duro. Aparte de apuntarle a la Nación sus desaciertos, como si él llegara desde otro planeta y recién se interiorizara de los vaivenes de la economía argentina, justificó el último impuestazo que le aplicó a los misioneros diciendo que en realidad como veía venir el golpe de la devaluación, él actuó antes, para el bienestar de la provincia. Comerciantes e industriales, asfixiados por la presión fiscal, coinciden en que se trata de una broma de mal gusto.El mandatario eligió una “conferencia de prensa” para dar su visión económica de la Argentina actual. Privilegió a los medios amigos para ensayar un monólogo que le costará muy caro. “Lo que se requiere en estos momentos es una actitud responsable, por eso convoco a un acuerdo político, social y económico para pasar el 2014, que no es un año cualquiera. Hay crisis fuertes que pueden terminar como en las últimas décadas, porque todos los actores no estuvieron a la altura y se terminó en la ida anticipada de Alfonsín o en la crisis de 2001. Por eso, no debemos presionar cada sector en beneficio propio, sino que debemos trabajar mancomunadamente porque Argentina se merece una transición tranquila. Necesitamos que el 2014 las variables estén ordenadas y no es momento de poner más leña al fuego”, sostuvo el gobernador. La comparación con la salida de Alfonsín y la crisis post-De La Rúa enervó hasta al último kirchnerista. Salieron a replicarle desde el piquetero Luis D’Elía, quien aseguró que “se está tratando de forzar una crisis”, hasta el diputado Edgardo Depetri, quien admitió que hay “dificultades”, pero que nada tiene que ver con el estallido de 2001, que fue “ una crisis social producto de un país con el 30% de desempleo y el 60% de la población por debajo de la línea de la pobreza, un 25% en la indigencia y, encima, pagaban en 24 monedas”.Dentro y fuera de la provincia se sorprendieron de la pirueta de Closs. De ser un “alumno destacado” del modelo, aplaudidor fiel hasta el hecho de cantar la marcha peronista con los gobernadores peronistas K, pasó a interpretar a un señalador de errores. El gobernador misionero quiere saltar de un barco en problemas, que tiene una tormenta en el horizonte y en el que ningún marinero conoce a ciencia cierta la estrategia del capitán.Criticó el “abuso” del Gobierno nacional de pagar deuda con las reservas, la emisión monetaria descontrolada y la inflación galopante. Le aconsejó un “programa” para subsanar esos problemas. Un poco tarde se acordó de aconsejar a una administración a la que se cansó de elogiar.Y el último sacrilegio contra el kirchnerismo puro fue fustigar la política energética K, uno de los agujeros negros por donde los dólares salen en cascada desde la Argentina. “Este debate (por el de la energía) es uno que nos tenemos que dar”, dijo en impostado tono autocrítico.La “convocatoria” de Closs, a la que explicó como “actitud y la responsabilidad ante las decisiones y los pedidos”, sonó a abstracción pura. Pidió compromiso de los demás, pero no habló qué aportará su administración.Hasta el momento, además de insistir ante la gente con eso de que “hay que cuidar el bolsillo”, no hizo más que echar leña al fuego: autorizó la suba de Ingresos Brutos y dio vía libre para un nuevo aumento del boleto metropolitano, por ejemplo. También demoró el pago de los adicionales docentes. Y ayer reiteró algo que otros funcionarios ya habían adelantado: en las próximas paritarias es una utopía que se supere el piso del 30% de aumento. “En marzo, cuando me siente a discutir paritarias, lo más probable es que les diga que la Provincia tiene menos recursos. Porque es así, tengo incertidumbre hoy sobre la recaudación. Por eso hablo de un 2014 bisagra, para que este año no tiremos para atrás lo que crecimos el año pasado”, enfatizó.De todos modos, se atajó y pateó la pelota para afuera, nuevamente: “La pauta del aumento salarial la debe dar Nación y seguro será la paritaria docente”.Cual Lita de Lazzari aleccionando sobre cómo se debe comprar, aconsejó: “Lo único que puedo decir es que la gente cuide su bolsillo. No hay apuro para salir a comprar. Si algo está caro, no lo compren, y lo más probable es que si nadie compra ese precio baje. Hay que cambiar los hábitos y optar por los productos más baratos” . Fue entonces cuando vino el ejemplo de antología: “El que usaba Givenchi tendrá que usar ahora Crandall”. Ojalá fuera esta la elección que tuvieran que concretar los misioneros, pero la realidad es más compleja: aumentaron los combustibles, la carne, los materiales de construcción, las cuotas de las escuelas, los artículos de librería, los servicios y, sobre todo, los impuestos. Hoy, muchos misioneros se debaten entre comer carne y no hacerlo. Ojalá fuera entre un perfume Givenchi o un Crandall.“Nunca es simpático subir impuestos, pero tomo estas decisiones por la situación compleja, y cada vez que nos anticipamos, superamos eso”, dijo y añadió: “La situación es compleja, por la devaluación como consecuencia de las variables macroeconómicas que desde el 1 de Mayo del año pasado vengo advirtiendo que estaban mal”.De Closs podría decirse sin temor a equivocarse que ha sido un ejecutor serial de impuestazos durante toda su administración. Nunca le tembló el pulso para hacerlo, por eso suena cuanto menos poco creíble eso de que no le resulta simpático hacerlo.Comparada con otras provincias (una puede ser San Luis) Misiones aparece rica en recursos y potencial de desarrollo, pero llena de impuestos que desalientan las inversiones.Como lo hace habitualmente, habló de la actitud de la administración renovadora para con “la deuda”. La comparó con la &l
dquo;heredada” de los 90 y sostuvo que “llegó a ser el equivalente a dos presupuesto y medio. Hoy es un 20% del Presupuesto”.“Entre 14 y 15 distritos, entre ellos la Ciudad de Buenos Aires, tomaron deuda para funcionar, un día antes de la devaluación, lo que significa que la deuda tuvo un crecimiento del 20%. El mérito de Misiones es que la deuda en dólares es solo del 10 %”, se ufanó.Y, por último, otro caballito de batalla: la obra pública. “Este gobierno no puede parar el ritmo que tiene, porque nos perjudicamos todos”. Habló de que se harán obras prioritarias, como rutas, hospitales y escuelas. Y obvió que esta semana su Gobierno llamó a licitación para equipar el cine 3D del Centro del Conocimiento por 30 millones de pesos. Y que en diciembre entregó 500 mil pesos a una productora porteña que rodó un film en Iguazú. ¿Esos son los gastos prioritarios?La economía nacional tambalea. La inflación castiga sin piedad a los argentinos de menos recursos. La industria está paralizada y por estos días mandan la incertidumbre y la especulación. En este escenario, Closs eligió saltar del barco al que conoce demasiado bien como para encontrarle las averías seis años después de haber iniciado su gestión.




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