En las ya tradicionales marchas contra el boletazo de cada año, esta vez hubo al frente una cara “nueva” especial. Se trata del padre Alberto Barros (Vicario Episcopal para los Laicos y párroco de la Sagrada Familia), quien expuso su respaldo a la movilización popular contra otro posible aumento del boleto del transporte urbano de pasajeros.La presencia del padre Barros devuelve la participación de la Iglesia Católica en las expresiones populares de protesta, que supo mantener activa en vida el obispo de Iguazú Joaquín Piña. Aun sabiendo que dentro y fuera de la diócesis muchos no se sentirán cómodos con el rol asumido.En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Barros dejó muy en claro su posición frente al posible boletazo, al rol del Estado frente a las empresas y los usuarios. Y, precisamente, como pasajero constante, dio su visión crítica del servicio que se presta.Del lado del más débil y no de los intereses empresariosComo ya es costumbre, no apela a términos complicados para describir la actualidad.Por ello, en referencia a su apoyo a la marcha contra el boletazo, aseguró: “Es una cuestión de solidaridad con el pueblo más sencillo, con nuestra gente más simple que, frente al aumento que llamamos boletazo con toda claridad, sufre. Por sus magros ingresos, por sus dificultades económicas, encontrarse con semejante aumento significa atentar contra su dignidad, contra sus posibilidades de transporte digno”, dijo el religioso.Agregó además, un pedido al Estado frente a los usuarios. “Acompaño este reclamo para que el Estado se ponga del lado del más débil y no del más fuerte. Da la impresión que con este aumento del boleto se privilegia el ingreso económico de determinada empresa en connivencia con el Estado en detrimento de la gente más pobre, que necesita trasladarse día a día por su trabajo, la educación, la salud. Sobre todo en nuestros barrios más alejados. Sobre todo la gente que ha sido llevada a la periferia de la ciudad, tan alejada del centro, donde tiene que venir tantísimas veces por trámites u otra cosas. Gente que sí o sí necesita el transporte público y el Estado debe garantizar un acceso racional al transporte y un poder viajar de manera segura, cómoda, adecuada. Cosa que no se da así y es de conocimiento más que público”.Viajar en colectivo Barros recordó a este diario que mientras estuvo al frente de la Catedral posadeña o la Parroquia San Antonio, no tuvo un auto para sus habituales recorridas por los barrios posadeños. Y siempre lo hizo caminando o mediante el servicio de transporte urbano.En base a la experiencia propia, el Vicario Episcopal para los laicos opinó: “Realmente hay momentos del día donde subirse a un colectivo es casi una misión imposible. La cantidad de gente que viaja apretada, hay muchos trayectos donde se viaja mal. Gente que tiene problemas con el ritmo de frecuencias de colectivos, la entrada a distintos barrios -sobre todo los más alejados y complejos-. Hay muchas dificultades, por eso creo que si se va a aumentar el boleto, me parece racional lo que plantea mucha gente: exigirle a las empresas primero un adecuado servicio que significa frecuencia, calidad del colectivo, que la gente pueda viajar bien. Y que el Estado controle. Cosa que el Estado no controla nada. Por lo que voy viendo y escuchando, son las mismas empresas las que se controlan a sí mismas. Plantean gastos que no se sabe si son reales o no. Parecería que hay -de fondo- una grave falta de transparencia entre el Gobierno y las empresas de transporte (especialmente de la más monopólica) donde se producen muchas injusticias en detrimento de la gente”.





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