El vuelo debía terminar en Aeroparque. Pero aquella noche del 10 de octubre de 1997, el trayecto entre Posadas y Buenos Aires quedó interrumpido en un campo del departamento uruguayo de Río Negro, cerca de Nuevo Berlín y de Fray Bentos. Murieron las 74 personas que viajaban en el avión de Austral: 69 pasajeros y cinco tripulantes. No hubo sobrevivientes. Este sábado se cumplen 29 años de la tragedia.
El McDonnell Douglas DC-9-32, matrícula LV-WEG, había despegado de la capital misionera a las 21.18. La caída quedó registrada alrededor de las 22.10. Mientras las familias esperaban noticias, una búsqueda nocturna intentaba establecer dónde estaba la aeronave. La confirmación convirtió la incertidumbre en un duelo que atravesó a Misiones y dejó consecuencias permanentes en decenas de hogares.
Las ediciones de PRIMERA EDICIÓN de los días posteriores permiten reconstruir cómo se conoció la tragedia: las informaciones todavía incompletas, los reclamos de los familiares y las primeras explicaciones oficiales. También devuelven nombres, trabajos y proyectos a una cifra que, por sí sola, no alcanza para expresar lo ocurrido.

La incertidumbre reunió a familiares y amigos de los pasajeros en la estación aérea de la capital misionera.
Las páginas de archivo del diario conservan otra dimensión de esa memoria: los seres queridos que esperaban una respuesta en el aeropuerto, las fotografías de dos mujeres recién casadas, los compañeros que despidieron a una trabajadora social y las flores de unos padres que, aun atravesados por su propia pérdida, acompañaron el dolor ajeno.
La madrugada y una provincia enlutada
El domingo 12 de octubre, PRIMERA EDICIÓN informó en su portada que el accidente había dejado 74 muertos y una provincia enlutada. En las páginas interiores, la cobertura describía la búsqueda en Uruguay, la destrucción de la aeronave y la concentración de familiares en los aeropuertos y las oficinas de Austral.

Los restos del DC-9 de Austral en el campo uruguayo donde murieron las 74 personas que viajaban a bordo.
El diario consignaba entonces que al menos doce de las víctimas eran oriundas o residentes de Misiones. Dos días después, la cobertura local hablaba de trece.
Una parte central de aquellas crónicas estuvo dedicada a la espera. Los familiares habían comenzado a llegar al aeropuerto de Posadas desde las seis de la mañana del sábado. El traslado anunciado para las 9.15 terminó concretándose después de las 14.30, en un vuelo de Aerolíneas Argentinas proveniente de Iguazú que modificó su recorrido para recogerlos.
Bajo el título “Denuncian ‘indiferencia’ de Austral”, el diario recogió quejas por la falta de asistencia, las respuestas contradictorias y la ausencia de certezas sobre cómo viajarían. “No nos dieron ni un vaso de agua”, fue uno de los testimonios publicados. La empresa, por su parte, sostuvo que atendía los pedidos y que trasladaría gratuitamente a los familiares.

El dolor de los familiares en el Aeroparque Jorge Newbery, donde esperaban la llegada del vuelo procedente de Posadas.
La cobertura también registró transmisiones nocturnas de radios de Posadas, con los pocos datos disponibles, y demoras en los servicios aéreos tras el impacto emocional que el accidente produjo entre las tripulaciones.
Las vidas detrás de la noticia
Entre las historias recuperadas por PRIMERA EDICIÓN estaban las de Rita Rodríguez y Cristina Patricia Heuer, dos mujeres recientemente casadas a quienes sus esposos esperaban en Buenos Aires.
Rita, licenciada en Trabajo Social, había contraído matrimonio en diciembre de 1996. Cristina, nacida en Posadas, había llegado a la ciudad para despedir a su abuelo y regresaba por sus compromisos laborales: trabajaba como gerente en un hotel porteño. El 20 de octubre habría cumplido 27 años.

Rita Rodríguez, trabajadora social del Iprodha, fue una de las víctimas. Había contraído matrimonio en diciembre de 1996.
La tragedia también alcanzó a cuatro colaboradores del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación que habían desarrollado actividades de capacitación docente en Misiones, al comandante general de Gendarmería Edmundo Frigerio y al dirigente de ATE Carlos Cassinelli, entre otros pasajeros.
El lunes 13, la cobertura seguía concentrada en la búsqueda de los registradores de vuelo y en la organización de una despedida religiosa. Los informes publicados advertían sobre las dificultades para identificar los restos y todavía no permitían establecer con certeza las causas del accidente.

Cristina Patricia Heuer junto a su esposo, Silvio Illi. Regresaba a Buenos Aires después de asistir al funeral de su abuelo en Posadas.
La edición del martes 14 confirmó el hallazgo de las dos cajas negras y relató el regreso a Posadas de las urnas simbólicas de Rita Rodríguez, Rocío Novoa y la familia Bondarenco-Zientek.
Unas 300 personas habían esperado en la explanada del aeropuerto. La urna de Rita fue llevada a un cementerio privado, donde recibió sepultura esa noche. Asistieron familiares, compañeros del Iprodha y vecinos del barrio Parque Adán, donde desarrollaba tareas sociales. El diario destacó un gesto de los padres de Miguel Bondarenco, otra de las víctimas: depositaron flores sobre la urna de la trabajadora social.

Familiares de las víctimas en el aeropuerto de Posadas, antes de viajar a Buenos Aires tras horas de espera.
La tormenta y las fallas que investigó la Justicia
En las primeras horas, las explicaciones oficiales apuntaron al mal tiempo. PRIMERA EDICIÓN recogió declaraciones del entonces secretario general de la Fuerza Aérea, brigadier Juan Manuel Vázquez, quien mencionó las condiciones meteorológicas severas como una posible causa y defendió el equipamiento y la preparación de la tripulación.
- Documental “Fuerza Aérea Sociedad Anónima”, de Enrique Piñeyro, sobre la tragedia del vuelo Austral 2553 y los cuestionamientos al sistema de seguridad de la aviación civil argentina.
La investigación posterior examinó una secuencia más compleja. El auto de procesamiento dictado en 2006, que reprodujo conclusiones de la comisión investigadora uruguaya, describió como causa probable una indicación errónea de baja velocidad provocada por la obstrucción con hielo de los tubos Pitot, utilizados para medir la velocidad del avión.
Según esa reconstrucción, la lectura habría inducido a extender los slats, dispositivos del borde delantero de las alas, a una velocidad superior a su límite estructural. La maniobra habría provocado daños o una extensión asimétrica y la pérdida de control.

Fragmentos del avión recuperados durante las tareas de búsqueda en la zona del siniestro, en el departamento uruguayo de Río Negro.
El documento también examinó la ausencia de una alarma vinculada con el calentamiento de los Pitot, deficiencias en la información meteorológica disponible para despachar el vuelo y falencias de entrenamiento ante fallas de instrumentos.
Los últimos registros de cabina
Las cajas negras permitieron recuperar las conversaciones del comandante Jorge Cécere y del copiloto Horacio Núñez. Una grabación de aproximadamente 18 minutos fue reproducida durante el juicio oral en agosto de 2019, a pedido de la querella.
En la transcripción aparecen expresiones que muestran la confusión ante los instrumentos y los intentos de responder a la emergencia. Cécere advirtió: “¡Se trabó mi velocímetro!”. Núñez pidió: “Poneme slats enseguida”. El comandante reclamó autorización para descender y, en los segundos finales, quedó registrada su exclamación: “¡Nos matamos, nos matamos!”.
Esos registros aportaron elementos para reconstruir lo ocurrido dentro de la cabina. Escucharlos en el juicio también significó, para los familiares, volver a enfrentarse con los últimos momentos de sus seres queridos.

“Misiones enlutada”: la portada del 12 de octubre de 1997 reflejó el impacto de la tragedia y la angustia de los familiares.
Un juicio sin condenas y una apelación
El juicio oral comenzó en marzo de 2019, más de 21 años después del accidente. El 23 de diciembre de 2021, el Tribunal Oral Federal 5 dictó absoluciones y el debate terminó sin condenas por la tragedia.
La fiscalía sostuvo que las pruebas no alcanzaban para superar el principio de inocencia. La querella, que había solicitado penas de hasta 25 años de prisión, cuestionó la valoración de la prueba y el análisis de las responsabilidades empresariales y estatales.
Los abogados Norberto Caputo y Silvina Rumachella presentaron un recurso de casación el 10 de mayo de 2022. Rumachella, además de representar a familiares, es hermana de una de las auxiliares de a bordo fallecidas. La apelación denunció arbitrariedades en la valoración de la prueba. Una publicación de junio de 2023 todavía informaba que la revisión estaba a cargo de la Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal.
La memoria a 29 años
En este aniversario, el usuario Spotter Posadas compartió una publicación conmemorativa que recuerda a las 74 víctimas y enumera a los cinco integrantes de la tripulación: Jorge Cécere, Horacio Núñez, Susana Trotta, Bibiana Rumachella y Fernando Álvarez.

El usuario spotter posadas compartió un homenaje a las 74 víctimas del vuelo Austral 2553, al cumplirse 29 años del accidente.
El mensaje aclara que su propósito es homenajear a quienes murieron y acompañar su recuerdo, sin analizar las circunstancias del accidente ni las responsabilidades judiciales.
En el texto conmemorativo del Aeropuerto Paraná, la evocación está vinculada con la seguridad operacional y con el trabajo cotidiano de quienes intervienen en cada vuelo. “Recordar es la forma más honesta de cuidar el próximo vuelo”, señala.
La Fuerza Aérea controlaba la aviación civil
En 1997, la Fuerza Aérea Argentina ejercía funciones de regulación y fiscalización de la aviación civil mediante el Comando de Regiones Aéreas y sus dependencias.
La posterior transferencia quedó establecida en el decreto 239 de 2007, que creó la Administración Nacional de Aviación Civil e inició el traspaso de competencias. La normativa también documenta que la ANAC asumió, desde el 1 de julio de 2009, las responsabilidades de reglamentación, fiscalización, control y administración que ejercía aquel comando.

Al momento de la tragedia, Austral era una compañía que había sido privatizada por el Estado argentino y estaba integrada al entramado empresarial de Aerolíneas Argentinas e Iberia. Su principal accionista era Interinvest, una sociedad con participación de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales de España (SEPI).
La operación comercial se desarrollaba, por lo tanto, bajo una estructura con capital extranjero y presencia estatal española, mientras que la regulación y fiscalización de la aviación civil en la Argentina estaban a cargo de la Fuerza Aérea.






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