
Plantar un árbol en la vereda puede parecer una decisión sencilla, especialmente en una provincia donde la vegetación forma parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, no todas las especies son adecuadas para crecer junto a viviendas, calles, tendidos eléctricos o instalaciones subterráneas, y una elección equivocada puede generar inconvenientes que recién se manifiestan varios años después.
El profesor de Biología y agrónomo José Radins explicó a FM 89.3 Santa María de las Misiones que uno de los errores más frecuentes consiste en elegir árboles por su apariencia sin considerar el tamaño que alcanzarán, el comportamiento de sus raíces o las características del lugar donde serán plantados.
“Creo que hay un gran desconocimiento de la gente a la hora de plantar árboles en los espacios públicos. Primero hay que cerciorarse de cuáles son las características de ese ejemplar, de esa especie en particular, en su hábitat natural”, sostuvo.
El especialista aclaró que una misma especie puede desarrollarse de manera diferente según las condiciones ambientales. Por eso, antes de plantar es necesario evaluar la profundidad del suelo, la disponibilidad de agua, la exposición al sol, la cercanía de construcciones y la existencia de instalaciones que puedan verse afectadas por el crecimiento de las raíces.
Por qué no recomienda plantar paltas en las veredas
Uno de los ejemplos más concretos que mencionó Radins fue el árbol de palta, una especie muy apreciada por sus frutos, pero que puede presentar inconvenientes cuando se planta en espacios destinados al tránsito peatonal. El agrónomo advirtió que sus ramas pueden desprenderse durante tormentas o vientos intensos, mientras que el tamaño y peso de los frutos agregan otro factor de riesgo.
“La palta no debería plantarse en una vereda. Tiene mucho riesgo”, señaló. Según explicó, una palta que cae desde cierta altura puede golpear y lastimar a una persona. También advirtió que los frutos y semillas acumulados sobre las veredas pueden provocar resbalones o caídas. El problema no se limita a la palta. Mencionó como ejemplo las semillas de algunas palmeras, que pueden representar un obstáculo para quienes caminan por esos espacios.
Aunque se mostró partidario de incorporar especies frutales al paisaje urbano, aclaró que su ubicación debe ser cuidadosamente seleccionada. “Soy un asiduo defensor de que hay que plantar frutales en la ciudad, pero no en las veredas”, expresó. En ese sentido, recomendó considerar plazas, plazoletas o bulevares suficientemente amplios, donde los árboles puedan desarrollarse sin comprometer la circulación peatonal.
Ficus, plátanos y árboles de gran porte
Entre las especies que requieren especial atención, Radins mencionó los ficus y los plátanos, cuya plantación fue promovida durante muchos años en distintos espacios urbanos. En el caso de los ficus, recordó que sus raíces pueden provocar levantamientos de veredas y afectar estructuras cercanas cuando los ejemplares alcanzan grandes dimensiones.
También hizo referencia a especies presentes en Posadas, como la caña fístula, el lapacho y el chivato anaranjado, que pueden desarrollar sistemas radiculares importantes y necesitan espacios acordes con su crecimiento. En particular, mencionó los chivatos anaranjados que se observan sobre la avenida Mitre y otros sectores de la ciudad.
“Son árboles que tienen raíces sumamente grandes, sumamente agresivas, y son de gran porte. Eso hace que, a la larga, ocasionen ciertos inconvenientes”, explicó.
El especialista aclaró que la elección no depende solamente de que un árbol sea nativo o exótico, sino de las características específicas de la especie y de las condiciones del lugar donde se pretende plantarla.
Como criterio general, señaló que los arbustos y árboles de menor desarrollo radicular pueden resultar más adecuados para determinados sectores de vereda, mientras que las especies capaces de superar los 20 o 25 metros de altura necesitan espacios más amplios.
Las palmeras con espinas también pueden ser un problema
Radins también se refirió al mbocayá, una palmera que presenta espinas sobre su tronco. Advirtió que esa característica puede ocasionar lesiones a personas que circulan cerca del ejemplar, especialmente cuando está ubicado en veredas estrechas o zonas de tránsito frecuente.
Por ese motivo, desaconsejó su plantación en esos espacios y remarcó que las características de cada especie deben evaluarse no solamente por su desarrollo futuro, sino también por los riesgos que pueden representar sus ramas, frutos o espinas.
La pitanga y otras alternativas para espacios pequeños
Frente a las dificultades que presentan algunos árboles de gran porte, Radins destacó las ventajas de especies que permiten un manejo más sencillo mediante podas. Una de ellas es la pitanga, un frutal que puede adaptarse a formas de crecimiento más controladas.
Según explicó, sus raíces no suelen ser tan agresivas como las de otros ejemplares y su copa puede mantenerse mediante intervenciones periódicas. “Se la puede tratar como si fuera incluso un ligustro. Se le puede dar forma de cerca viva, en conjunto con otras especies también”, comentó.
Además, señaló que cuando determinados frutales reciben suficiente luz y se manejan adecuadamente, pueden mantener dimensiones más reducidas, lo que facilita su mantenimiento. No obstante, insistió en que la elección definitiva debe realizarse teniendo en cuenta el espacio disponible y las condiciones del terreno, sin asumir que una especie será apropiada para cualquier vereda.
Itaembé Guazú y las restricciones para plantar árboles
El agrónomo también recordó que las decisiones sobre el arbolado urbano están condicionadas por las normativas de cada municipio. Como ejemplo mencionó Itaembé Guazú, donde existen restricciones para plantar determinadas especies debido a la cercanía del aeropuerto de Posadas y a las instalaciones subterráneas de electricidad y agua.
“Hay que pensar bien qué especies colocar en ese lugar”, remarcó.
Explicó que las raíces pueden interferir con cañerías, tendidos de servicios y desagües, mientras que las copas de los árboles pueden obstaculizar semáforos, señales de tránsito o la visibilidad de los conductores. Por eso, antes de incorporar un ejemplar a la vía pública, recomendó consultar las disposiciones municipales y conocer las características del árbol que se pretende plantar.
“No puedo ir directamente y plantar donde quiera una plantita, porque después puede generar inconvenientes e incluso ocasionar algún tipo de sanción”, advirtió.
Cada vereda necesita una evaluación diferente
Radins sostuvo que no existe una especie que pueda recomendarse de manera uniforme para toda la ciudad, debido a las diferencias entre los suelos y las características del espacio urbano. Citó como ejemplo el sector del Cerro Pelón, donde la profundidad del suelo es reducida, una condición que puede dificultar el desarrollo de determinadas especies.
En otros sectores, en cambio, la presencia de suelos más profundos o con mayor humedad plantea condiciones diferentes.
“No es lo mismo plantar un arbolito cerca del Cerro Pelón, donde la profundidad del suelo es muy escasa y algunas especies no van a prosperar adecuadamente, que plantarlo en otro lugar donde el suelo sea un poco más profundo”, explicó.
Como alternativa para espacios en los que resulta difícil incorporar árboles de gran porte, propuso considerar plantas trepadoras que permitan formar pérgolas o enramadas. Entre los ejemplos mencionó el maracuyá o mburucuyá y el isipó de San Juan (Pyrostegia venusta), especies que pueden aportar flores, sombra o frutos según sus características. Aunque requieren instalación y mantenimiento, explicó que estas estructuras permiten un manejo más sencillo mediante la poda.
En definitiva, el especialista recomendó no plantar árboles únicamente porque resulten atractivos y priorizar la elección de especies compatibles con el espacio disponible. Una decisión tomada sin evaluar su crecimiento futuro puede terminar afectando veredas, instalaciones, edificaciones y la seguridad de quienes circulan por la ciudad.





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