El brote de ébola que desde mayo golpea con fuerza a la República Democrática del Congo sumó este martes un nuevo capítulo fuera de sus fronteras. Kenia confirmó su primer caso importado de enfermedad por virus Bundibugyo, una de las especies de virus capaces de provocar ébola, en un paciente que había enfermado en territorio congoleño y que murió posteriormente en Nairobi.
El caso vuelve a poner el foco sobre la capacidad del brote de extenderse a través de los movimientos regionales. El paciente era ciudadano keniano y vivía desde hacía años en la República Democrática del Congo. Allí comenzó con síntomas y recibió atención en distintos centros sanitarios antes de iniciar el viaje de regreso. El 2 de octubre se trasladó por carretera hasta Kampala, Uganda, pasando por Beni, y al día siguiente tomó un vuelo hacia Nairobi.
A su llegada a Kenia fue trasladado a un hospital y aislado. Las muestras analizadas por el Laboratorio Nacional de Referencia de Virología y por el Instituto de Investigación Médica de Kenia confirmaron la infección por virus Bundibugyo. Pese a recibir tratamiento de sostén, el paciente murió durante la noche del 5 de octubre y fue enterrado al día siguiente bajo los protocolos especiales utilizados para casos de ébola.
El desafío ahora es cortar cualquier cadena de contagios
La confirmación activó inmediatamente el rastreo epidemiológico. Las autoridades kenianas identificaron hasta ahora 28 contactos, entre familiares y trabajadores de la salud que atendieron al paciente, y comenzaron además a localizar a 23 pasajeros y cuatro tripulantes que viajaron en el mismo avión. Quienes sean considerados en riesgo deberán ser sometidos a seguimiento y, cuando corresponda, aislamiento preventivo.
Ese seguimiento será determinante para establecer si el ingreso del virus quedó limitado al caso importado o si existieron oportunidades de transmisión durante el recorrido. La enfermedad por virus Bundibugyo se contagia mediante contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de personas infectadas, así como a través de materiales contaminados, y no se transmite por el aire de la misma manera que infecciones respiratorias como el sarampión.
Por el momento, Kenia no informó otros casos positivos. La prioridad sanitaria es detectar rápidamente cualquier nuevo contagio antes de que pueda generarse una cadena de transmisión local.
De Congo a Uganda y ahora Kenia
La llegada del virus a territorio keniano no constituye el primer episodio de propagación internacional asociado al actual brote. Uganda ya había recibido casos importados desde la República Democrática del Congo, e incluso registró algunos contagios secundarios entre contactos y personal sanitario relacionado con esos pacientes. Ese brote fue declarado finalizado en agosto.
La propia Kenia permanecía en alerta desde mayo ante el avance del virus en los países vecinos. En septiembre, la Organización Mundial de la Salud había detallado preparativos específicos en los pasos fronterizos terrestres más transitados del país, en momentos en que todavía no se había detectado ningún caso dentro de su territorio.
Hasta este martes, el país había controlado a más de 652.000 viajeros, analizado 267 muestras sospechosas y capacitado a alrededor de 5.000 trabajadores sanitarios en prevención y manejo de ébola. También había identificado unidades de aislamiento en 27 condados considerados de alto riesgo y recibido equipos de protección y pruebas diagnósticas.
La OMS considera que esa preparación puede ser clave ahora que el virus logró ingresar al país. Su estrategia se concentra en la detección temprana, el aislamiento rápido de eventuales nuevos casos, la vigilancia de contactos y los controles en puntos de entrada.
Un brote que ya dejó miles de muertos
El episodio ocurre en momentos en que la República Democrática del Congo enfrenta el brote de ébola más grave de su historia. Datos oficiales reportados a comienzos de octubre daban cuenta de más de 8.300 casos confirmados y más de 4.000 muertes, cifras que colocan a esta epidemia como la segunda de mayor magnitud registrada en el mundo después de la crisis de África occidental de 2014-2016. Reuters
El brote comenzó en mayo en la provincia de Ituri y está provocado por la especie Bundibugyo. Desde entonces se extendió hacia otras regiones congoleñas y atravesó escenarios especialmente complejos por los desplazamientos de población, la circulación entre países y los conflictos armados que afectan parte del este del Congo.
Ese contexto explica por qué el nuevo caso de Kenia tiene una relevancia que va más allá de un diagnóstico aislado. El virus recorrió cientos de kilómetros y atravesó al menos tres países antes de ser confirmado, lo que vuelve a mostrar la dificultad de contener un brote en una región caracterizada por una intensa movilidad terrestre y aérea.
No hay vacuna aprobada específicamente para Bundibugyo
A diferencia de otras variantes del ébola para las que existen vacunas autorizadas, actualmente no hay una vacuna aprobada específicamente contra la enfermedad causada por el virus Bundibugyo, aunque existen candidatos en evaluación clínica. Tampoco hay un tratamiento antiviral específico aprobado y la atención se basa principalmente en medidas de sostén intensivo.
La OMS, no obstante, no recomendó imponer restricciones de viaje o comercio a Kenia, Uganda ni la República Democrática del Congo por este episodio. El organismo sostiene que la prioridad debe estar puesta en fortalecer la vigilancia, localizar contactos y responder rápidamente ante cualquier nuevo caso.
Kenia se convirtió así en el cuarto país que registra enfermedad por virus Bundibugyo en el contexto actual. La situación no implica, por sí sola, que exista un nuevo brote dentro de territorio keniano. Pero sí confirma que la emergencia sanitaria dejó hace tiempo de ser exclusivamente congoleña y que el control regional dependerá ahora de cortar rápidamente cada nueva cadena de transmisión que consiga atravesar una frontera.
Fuente: Agencia de Noticias NA






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