Aunque en las últimas horas las lluvias se disiparon y la situación hidrológica se presenta actualmente tranquila, Misiones continuará en el centro de atención durante las próximas semanas, de acuerdo con el análisis del ingeniero hidrólogo Juan Borús, referente del Instituto Nacional del Agua (INA), quien fue entrevistado en FM 89.3 Santa María de las Misiones.
Borús explicó que la atención no debe concentrarse únicamente en los grandes ríos de la región, sino también en el comportamiento de las precipitaciones sobre el territorio provincial. Si bien actualmente las lluvias se despejaron en gran parte de la región y solamente persiste alguna actividad hacia el sur, en la baja cuenca del Uruguay, las perspectivas de corto y mediano plazo mantienen a Misiones como una de las zonas con mayor atención hidrológica.
Según explicó, la señal asociada al fenómeno de El Niño parece concentrarse en una región caracterizada por una respuesta hidrológica rápida, que tiene a Misiones y sus alrededores como uno de sus principales centros. En ese escenario se encuentra también la cuenca del río Iguazú, que viene registrando sucesivos pulsos de crecida.
En las Cataratas del Iguazú, detalló, el caudal se encuentra actualmente entre una vez y media y casi dos veces por encima de los valores normales. La perspectiva indica que podrían continuar produciéndose nuevos pulsos de crecida, especialmente porque se esperan precipitaciones sobre la cuenca baja del Iguazú.
Se trata, aclaró, de crecidas generalmente acotadas y no necesariamente de grandes crecientes, pero que se presentan una detrás de otra. Esa sucesión mantiene al Iguazú con caudales superiores a los habituales y, según sus estimaciones, podría sostener valores del orden de 4.000 a 5.000 metros cúbicos por segundo en la zona de las Cataratas.
En cuanto al río Paraná, el especialista explicó que actualmente se encuentra en aguas medias altas en la zona de Puerto Iguazú, como resultado de la combinación entre el aporte del Iguazú, que permanece levemente por encima de lo normal, y el comportamiento del Alto Paraná, cuyo aporte disminuyó parcialmente.
Para los próximos días, estimó que podría producirse alguna disminución hacia niveles medios, aunque advirtió que el escenario general de lluvias sobre Misiones y las regiones cercanas hace prever que la ribera misionera del Paraná continuará con frecuencia en niveles medios altos e incluso podría alcanzar niveles altos.
En ese contexto, también se refirió a la situación de Itaipú, que había mantenido abierto durante aproximadamente nueve o diez días su vertedero y posteriormente interrumpió esa descarga.
Borús remarcó que el dato relevante no es solamente que Itaipú abra o cierre su vertedero, sino comprender por qué necesita hacerlo y qué está ocurriendo aguas arriba. Explicó que hasta el 13 de septiembre la afluencia hacia el embalse se mantenía tranquila, pero algunas lluvias generaron un incremento del ingreso de agua y, al mismo tiempo, las perspectivas climáticas comenzaron a señalar la posibilidad de nuevos impulsos de crecida.
Por esa razón, la represa necesitó reducir el nivel de su embalse. En este punto, el ingeniero recordó además la importancia del papel hidroeléctrico de Itaipú, que aporta aproximadamente el 16% de la demanda eléctrica de Brasil y requiere mantener un nivel adecuado de agua para disponer de un buen salto y responder a la demanda de energía, particularmente durante los picos de consumo de San Pablo.
De acuerdo con Borús, si durante el fin de semana vuelven a producirse lluvias sobre la cuenca de aporte directo a Itaipú y sobre la cuenca baja del Iguazú, podría ser necesario volver a abrir el vertedero. Pero insistió en que la noticia debe interpretarse fundamentalmente como una señal de que se espera un incremento del caudal entrante al embalse, y no solamente como un dato aislado sobre la apertura de las compuertas.
El Uruguay: más que el nivel del río, preocupa el efecto de las lluvias
Respecto del río Uruguay, Borús señaló que actualmente se encuentra tranquilo, dentro de una franja de aguas medias altas. Para los próximos siete días, siempre que se cumpla la perspectiva meteorológica, no se esperan modificaciones significativas en la ribera misionera, ya que la actividad de lluvias se concentraría principalmente sobre la cuenca media.
Sin embargo, el especialista puso el foco en una característica particular de Misiones. Explicó que la vertiente misionera del Uruguay presenta una morfología que favorece la formación de torrentes, capaces de generar erosión de suelos y afectar infraestructura, incluidos puentes.
Por eso, aunque naturalmente deben seguirse con atención las variaciones del río en localidades como El Soberbio y San Javier, consideró que el efecto directo de las lluvias sobre el territorio provincial puede ser incluso más relevante que el nivel general del río Uruguay.
El río, recordó, puede experimentar repuntes muy violentos, pero esos fenómenos pueden ser monitoreados y seguidos con cautela. El problema adicional está en los torrentes que se generan sobre la propia provincia y que pueden producir impactos rápidos.
En ese sentido, uno de los principales llamados de atención de Borús estuvo dirigido a las lluvias sobre Misiones, incluso en localidades que no se encuentran directamente a la vera de un río.
El especialista planteó que, si durante las próximas dos semanas se acumulan precipitaciones importantes y ese marco continúa durante octubre, noviembre y diciembre, no puede descartarse que alguna localidad urbana de la provincia experimente un evento significativo de corto plazo.
Mencionó como ejemplo la posibilidad de que una localidad ubicada tierra adentro, como Cerro Azul, pueda verse afectada por un episodio de lluvias intensas. Para que ocurra una situación de ese tipo, explicó, no es indispensable la presencia de El Niño: basta con que se active una determinada configuración atmosférica.
Por ese motivo, consideró fundamental que las autoridades de todas las localidades urbanas de Misiones mantengan presente ese riesgo y trabajen sobre los sistemas de alerta temprana.
En ese punto valoró especialmente la existencia de comités de crisis, juntas de defensa civil y organismos de emergencia que ya están trabajando de manera preventiva. A su entender, se trata de una preparación necesaria para que una emergencia pueda ser atendida antes de transformarse en un desastre.
Noviembre y diciembre, dos meses para seguir de cerca
Al proyectar el escenario hacia el último bimestre del año, Borús planteó que todavía existen dudas respecto de cómo evolucionará El Niño, pero señaló que considera probable un incremento de la actividad durante noviembre y diciembre en la mitad norte de la alta cuenca del Paraná en Brasil, particularmente en la zona regulada por los grandes embalses.
La particularidad de esa región, explicó, es que conserva una marcada estacionalidad. De esa manera, a la eventual influencia de El Niño se suma una predisposición natural de la cuenca para registrar mayor actividad durante ese período.
En función de esa combinación, estimó que durante noviembre y diciembre el aporte de la alta cuenca brasileña del Paraná podría mantenerse en valores significativos o altos. De concretarse ese escenario, la ribera misionera del Paraná podría permanecer durante ese período en niveles de aguas medias altas o incluso mantenerse en niveles altos.
El antecedente de 2013 y 2014
La posibilidad de que se repitan escenarios de grandes inundaciones como los registrados en 2013 y 2014 también formó parte de la conversación.
Borús señaló que ambos años, y particularmente 2014, merecen un análisis especial. Recordó que durante la crecida extraordinaria del Iguazú de junio de 2014 se produjo una situación particularmente llamativa: mientras el río Iguazú experimentaba una fuerte crecida y las lluvias afectaban a Misiones, la mitad superior de la cuenca del Paraná atravesaba una sequía muy severa.
Como ejemplo de aquella situación, mencionó el sistema Cantareira, que abastece a San Pablo, cuyo embalse se encontraba prácticamente seco y dejaba visible el fondo de la represa. Es decir, un mismo momento podía presentar una situación de extrema escasez en una parte de la cuenca y, simultáneamente, precipitaciones extraordinarias y crecidas aguas abajo.
Para el especialista, ese antecedente demuestra que un escenario de este tipo puede volver a producirse tanto bajo condiciones de El Niño como fuera de ellas. El elemento central es la variabilidad climática, que considera una de las manifestaciones más evidentes del cambio climático.
Según explicó, esa variabilidad reduce el horizonte de previsión segura y amplía el margen de incertidumbre. Como consecuencia, aumenta el riesgo para quienes utilizan el recurso hídrico y para los organismos responsables de la prevención y respuesta ante emergencias.
Frente a este panorama, Borús destacó el papel de los organismos de defensa civil y la necesidad de que la población siga la información oficial.
Consideró que actualmente existe una mayor preparación tanto a nivel nacional como provincial y municipal, en parte porque numerosas localidades tienen presentes experiencias recientes de lluvias y crecidas significativas. Recordó que cada región conserva en su memoria distintos episodios que sirven como referencia para mejorar la preparación.
En ese sentido, destacó especialmente la evolución de la comunicación pública sobre los fenómenos hidrológicos. Comparó la situación actual con la de 1997-1998 y también con el comienzo de la gran bajante de 2020, cuando, según explicó, las dudas y la incertidumbre eran mucho mayores.
A su entender, actualmente los organismos siguen la evolución meteorológica e hidrológica con mayor rapidez y precisión, mientras que la información oficial llega de manera más efectiva a la población. También valoró el papel de los medios de comunicación, que permiten transmitir esa información con suficiente anticipación para que las personas y las autoridades puedan adoptar medidas preventivas.
Por eso, más allá de cómo finalmente evolucione el fenómeno de El Niño, el mensaje central del especialista es mantener la vigilancia. Misiones deberá seguir de cerca tanto la evolución de sus principales ríos como, especialmente, las lluvias que se produzcan sobre el propio territorio provincial, mientras los organismos de emergencia mantienen activos sus sistemas de prevención y alerta.







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