Patricia Couceiro
Máster en Constelaciones
Whatsapp 3764-829015
¿Cómo se forman los grupos? Durante mucho tiempo pensé que se formaban simplemente por afinidades. Hoy siento que hay algo más profundo: los grupos nacen del amor. Del amor a las plantas, a los animales, al estudio, a la danza, al trabajo, a un deporte, al arte, a la naturaleza o al servicio.
El amor conecta. Nos reúne alrededor de aquello que valoramos y nos permite compartir una misma mirada sobre la vida. Así se crean lazos, códigos comunes y una forma de comprender el mundo. Pero también existen grupos que se forman alrededor de una herida compartida. Los excluidos se reconocen entre sí.
Los maltratados encuentran a quienes vivieron historias semejantes. Quienes se sienten no vistos buscan pertenecer. Incluso el enojo, la queja o la oposición pueden convertirse en un punto de encuentro. Entonces surge una pregunta importante: si tomamos conciencia de lo que llevamos dentro, ¿podemos cambiar de grupo de pertenencia? Creo que sí. Porque, en realidad, no pertenecemos solo a un grupo exterior; primero pertenecemos al mundo interno que habitamos. Y cuando ese mundo cambia, también cambian las personas con las que resonamos.
¿A qué grupo querés pertenecer? ¿Al de quienes viven enfrentándose, reclamando o sosteniendo el conflicto? ¿O al de quienes buscan construir, dialogar, reparar, nutrir y crecer? Cada grupo genera un campo de información. Allí donde ponemos nuestra atención, nuestra energía y nuestra conciencia, algo comienza a fortalecerse.
Aquello que alimentamos, crece. Con el paso de los años comprendí que formar parte de un grupo donde circula el respeto, la cooperación y el cuidado mutuo es profundamente reparador. No se trata solamente del amor por una actividad. Es el amor por la vida el que se expresa a través de esa actividad. Es el amor que cuida una planta. El que protege a un animal. El que acompaña a otra persona. El que enseña, aprende, comparte y celebra el crecimiento del otro como si fuera propio.
Quizás ese sea el verdadero milagro: descubrir que el amor no es solamente un sentimiento, sino una fuerza que organiza la vida y reúne a quienes están dispuestos a expandir la conciencia. Ojalá podamos elegir, una y otra vez, pertenecer a aquellos espacios donde el amor sea el lenguaje común. Porque, tal vez, el nuevo mundo no se construya por quienes piensan igual, sino por quienes aman desde el mismo lugar.






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