El único docente de la comunidad mbya guaraní Itao Mirí, situada dentro de la Biosfera Yabotí, clama por el arreglo del camino que utiliza para poder dar clases en el aula satélite 2 de la Escuela de Frontera de Jornada Completa 618, de Puerto Paraíso.
Valerio Marques (33) se desempeña allí como maestro desde hace más de un año, pero cada viaje, en moto o en auto, se convierte en una verdadera odisea por el deplorable estado del camino. Son quince alumnos los que lo esperan, pero “tengo inconvenientes para ingresar y salir de la comunidad debido al mal estado del camino. Son diez kilómetros intransitables, de puro barro, con presencia de cerros, dentro de la selva misionera, cruzando el Parque Provincial Moconá, y se torna muy peligroso”, explicó.
“Pedimos que desde alguna entidad nos ayuden a arreglar la calle porque necesito ingresar para poder trabajar. Los chicos tienen entusiasmo para aprender, salir adelante, quieren estudiar, pero es complicado entrar. Si nos pasa algo mientras tratamos de ingresar, el seguro que tenemos no nos cubre. Corre por nuestra cuenta, nuestro bolsillo, no es fácil la situación”, expresó.
“Es una pena porque soy el único docente dentro de esta comunidad. No se puede dar clases virtuales por el tema de la señal porque tenemos paneles solares y cuando está nublado o llueve no se cargan. Cuando eso sucede, no hay señal, no hay energía eléctrica, entonces lo que tratamos de hacer es llegar al lugar de alguna u otra forma. En ocasiones lo hacemos caminando, otras vamos en moto y la arrastramos por varios kilómetros, o empujamos el auto, trayendo la mercadería para el comedor y cosas para la escuela”, agregó.
Muchas veces recibe ayuda de los guardaparques, de los efectivos de Gendarmería Nacional, Prefectura Naval y de los mismos aborígenes, “que salen hasta donde nos quedamos atascados con el auto o con la moto, para ayudarnos a acarrear las cosas que traemos. Por eso, necesitamos que nos arreglen el camino urgente”, insistió.
A través de Whatsapp y de contactos telefónicos, Valerio se comunicó con la Municipalidad de El Soberbio, pero hasta ahora no hubo novedades. “Ahora nos están pidiendo notas, así que las voy a firmar y voy a pedir al cacique, los integrantes de la comunidad y a la directora del establecimiento que haga lo propio y voy a acercar a la comuna de El Soberbio. También al intendente de San Pedro porque la tierra pertenece al municipio de San Pedro, pero los integrantes de la comunidad tienen domicilio en El Soberbio”, señaló.
Si bien existe otra alternativa de ingreso, son casi 40 kilómetros más. “Podemos entrar donde comienza la ruta provincial 21 -lugar al que llaman mesa redonda-, hacemos veinte kilómetros por esa ruta, doblamos a la derecha, ingresamos por un camino de los madereros, vamos unos veinte kilómetros más, atravesamos un arroyito -Chata- y desde allí a la comunidad restan unos ocho kilómetros. Dando esa vuelta, casi llegamos a Paraíso, San Pedro, y tenemos que volver para llegar a la comunidad”, dijo para graficar lo complicado de la situación. Pero, “tampoco es fácil por allá, es mucho más el gasto. Es más lejos -se tarda unas cuatro horas y media-, más riesgo, porque no existe señal telefónica, salvo caso que pase algún camionero que nos pueda auxiliar, en caso que se rompa la moto o el auto”.
“Muchas veces te dan ganas de renunciar, pero pienso en los alumnos que merecen recibir educación, entonces hago el sacrificio”, dijo quien ingresa los lunes y sale los viernes, o cada quince días. Para no venir solo, por el peligro que representa, trae a su esposa o su hijo. “Caemos, nos levantamos, nos embarramos. Así, hacer diez kilómetros lleva tres horas, sacando el barro de las ruedas, atando, estirando, cargando mochilas, mercaderías, con libros, afiches, goma eva, telón. Subimos el cerro con las cosas, después volvemos, empujábamos la moto o el auto y así”, describió.







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