El proyecto “Leer sin Barreras: libros accesibles, aulas posibles”, impulsado por la Fundación Visibilia y el Espacio STEAM del Centro de Día Municipal de Oberá, fue seleccionado entre los 20 proyectos finalistas del Premio a la Inclusión Social BBVA-RACI 2026, uno de los reconocimientos más importantes del país en esta área.
Al frente de este espacio está el docente Lucas Vogel quien, por fomentar el aprendizaje inclusivo, ya en 2025 quedó entre los 50 finalistas del GEMS Education Global Teacher Prize, un prestigioso galardón que distingue a los maestros que transforman vidas a través de su labor educativa.
Según detalló a PRIMERA EDICIÓN, “estoy en el espacio STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática) en el Hogar de Día y en el Centro de Día, en este último está dirigido a personas con discapacidad mayores de 14 años que, en su mayoría, están afuera del sistema educativo… algunos pasaron por una escuela especial y otros no tuvieron esa posibilidad. Tengo alumnos de 14 a 70 años”.
Aprender para mejorar la calidad de vida
En la actualidad, asisten al Centro de Día 45 personas y cada año la demanda va en aumento. Allí, pueden hacer muchas cosas, tienen danzas, peluquería y otras actividades artísticas.
“Mi propuesta con el espacio STEAM fue sumar algo de educación para empezar a enseñarles cosas para mejorar su calidad de vida, demostrando que todos podemos aprender. Entre las herramientas que fui aplicando me sirvieron mucho los libros de lectura fácil, donde se aplica un método que simplifica los textos y están dirigidos principalmente a personas con discapacidad intelectual”.
Indicó que cuentan con la Constitución Nacional y otros textos en lectura fácil “los textos originales tienen palabras complicadas o con doble interpretación”.
Libros de fácil lectura
Hace tres años atrás, Vogel comenzó a buscar dónde podía conseguir libros de lectura fácil y se contactó con la Fundación Visibilia a quien compró varios de estos libros para la Biblioteca “Vamos a leer” de Oberá.
“Cuando llegaron estos libros, iba con un grupo del Centro de Día y del Hogar de Día a la biblioteca a buscarlos para que ellos puedan entrar en esa forma de leer más práctica. Cómo decía uno de los chicos, ‘acá no te hablan en trabalenguas, te hablan claro por lo que es más fácil de entender’. Eso me fue sirviendo para pensar en las guías que llevo para las clases/encuentros que tengo con ellos, hago una guía con objetivos para mí y una guía para ellos para que puedan recopilar y tener una especie de portafolio”, confió el docente que es licenciado en educación y durante muchos años enseñó matemática en el nivel secundario.
Si bien comenzaron a usar los libros de fácil lectura hace tres años, el proyecto “Leer sin barreras” nació el año pasado. “Fui a México a dar una charla y cuando regresé, la Fundación Visibilia me pidió que me quedara un ratito en Buenos Aires para darme un puñado de libros para el Centro de Día. Desde ahí, tuvimos los libros en una biblioteca propia de la institución y salió este proyecto “Leer sin barreras”: cuentos fantásticos, cuentos de Navidad y los cuentos de Horacio Quiroga con los algunos de los textos que nutren esta biblioteca.

Un nuevo proyecto
“No nos quedamos con la lectura, leíamos un cuento y ya sabíamos cómo podíamos adaptar nuestra guía y nuestras actividades para que ellos entiendan y después puedan contar a otros y demostrar que aprendieron. De esa forma salió el guion para el corto sobre el agua que hicimos el año pasado por el que fuimos premiados por el EPRAC. Ese premio fue a un corto de un minuto y medio pero que detrás tiene un guion en lectura fácil, una interpretación de cómo contar las cosas, de cómo hacer cada parte para que todos entiendan… que ellos puedan escribir en lectura fácil y compartir”, destacó.
Junto a la Fundación Visibilia, Vogel proyecta sumar su experiencia y el enorme trabajo de esa organización “para poder replicar esto mismo en otras localidades, hacer textos de lectura fácil y agregarles atrás una guía de aprendizaje de otras cosas… eso sería fantástico”.
Luego de enterarse que el proyecto que lleva adelante puede ser distinguido este 6 de agosto como modelo de Inclusión Social, Vogel escribió en sus redes: “Lo primero que pensé no fue en el premio. Pensé en las horas de trabajo que casi nunca se ven: observar, diseñar propuestas, registrar cada encuentro, escribir bitácoras, aprender de los errores y volver a intentarlo.
También pensé en el enorme trabajo de Fundación Visibilia para investigar, adaptar y validar libros en Lectura Fácil, demostrando que la accesibilidad no consiste en simplificar, sino en abrir oportunidades para aprender. En el Espacio STEAM, esos libros fueron mucho más que materiales de lectura. Fueron el punto de partida para investigar, crear, comunicar y descubrir que personas que antes pensaban ‘esto no es para mí’ también podían aprender, explicar y ayudar a otros.
Hoy, esta experiencia tiene la posibilidad de convertirse en un modelo para que otros espacios educativos y comunitarios del país puedan replicarla. Ese, quizás, sea el mayor reconocimiento”, reflexionó.

“La educación no puede dejar afuera a nadie”
Según confió, “me apasiona trabajar con grupos de personas de distintas edades y discapacidades, hay que pensar y diseñar la clase pensando en todos porque tengo muy poco tiempo y considero que la educación inclusiva tiene que tener el piso muy bajo y el techo muy alto… para que todos puedan entrar”.
A su entender, el docente no debería “ir poniendo este contenido para uno, este otro para otro sino pensar una clase donde todos puedan entender al mismo tiempo, aunque tengamos distintas formas de llegar a ese conocimiento. Por ejemplo, el año pasado, tuve el desafío de pensar en una clase que también incluya a mis alumnos que son sordomudos, sin dejar afuera a los otros”.







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