La ilusión por completar un álbum del Mundial de fútbol moviliza a millones de chicos, sin embargo, no todos tienen las mismas posibilidades de comprar figuritas ni adquirir el álbum oficial. En la Escuela 285 del barrio Santa Cecilia, en Candelaria, un niño encontró una manera sencilla y conmovedora de ser parte de esa experiencia.
La historia fue compartida por Gustavo Gauto, profesor de informática de la institución, quien relató a PRIMERA EDICIÓN el momento que lo llenó de emoción. “Fui a dar clases y, como era un día después de un partido de Argentina, todos estaban felices porque Messi había hecho tres goles. En un momento un alumno se me acerca y me dice: ‘Profe, ¿quiere ver mi álbum?’”, recordó.
El docente pensó que se trataba del famoso álbum, pero lo que encontró fue algo muy distinto. “Le pregunté si tenía muchas figuritas y me dijo: ‘Sí, yo estoy armando, yo me hice mi álbum’. Ahí me mostró el trabajo que había hecho y la verdad es que me emocionó muchísimo”, contó.
El protagonista de la historia es Mateo, alumno de la escuela, quien confeccionó su propio álbum con hojas, dibujos y una enorme dosis de creatividad. Incluso copió cuidadosamente el logo de la empresa que produce los álbumes oficiales para darle mayor realismo a su creación.
Según relató el docente, el niño les pide a amigos, compañeros o vecinos que le presten las figuritas que van obteniendo. Luego, las observa y las reproduce a mano, dibujando los rasgos de cada jugador con notable dedicación.
“Las dibuja a su modo, a su ritmo y dentro de sus posibilidades, también está tratando de participar en el completado del álbum”, explicó Gauto.
La historia deja al descubierto una realidad que atraviesa a muchas familias: las diferencias económicas. Sin embargo, también refleja la capacidad de los niños para encontrar alternativas y seguir adelante sin resignar sus sueños.
Aunque así, la lección que le dejó Mateo fue otra. “Los chicos se las ingenian para salir adelante. Ojalá sirva de ejemplo para nosotros los grandes”, concluyó el docente.
Entre lápices, hojas y dedicación, el niño misionero logró algo mucho más valioso que completar un álbum: demostrar que la creatividad, la perseverancia y la ilusión pueden abrir caminos incluso cuando las oportunidades parecen escasas.






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