Debido a la alta demanda de jóvenes en situación de calle, el “Hogar de Cristo”, de la Diócesis de Posadas, busca ampliar sus instalaciones, pero necesita la colaboración de la comunidad para poder avanzar con la obra. El espacio en construcción se denomina segundo “umbral” que es donde pasan los residentes luego de dos meses de permanencia -el primer umbral se llama Hospital de Campaña, que es donde se recibe a la persona que está en situación de calle-.
El director del Hogar, padre Daniel Pesce, indicó que ahora “son 33 y están viviendo todos juntos. La idea es que esta casa funcione el segundo ‘umbral’, como una pieza colectiva, como un pabellón, albergando a entre 20 y 25 chicos, en su tratamiento o en su recuperación del consumo de drogas”.
Indicó que necesitan “tablas de madera de pino para terminar el cerramiento de la parte trasera, tapajuntas y machimbre, porque la idea es poder revestir por dentro y hacer el cielorraso. También chapas, cemento, piedra, arena y unos 1.500 ladrillos comunes para el piso, a fin que tuviera una buena base, para evitar la suba de la humedad. También para la galería de alrededor de dos metros, que se ubicará al frente de la casa, para proveer de sombra y para poder poner algunas mesas a fin que los chicos puedan tener alguna comodidad”.
Añadió que para la iluminación “aún no tenemos nada. Son necesarios cables Retenax y de dos milímetros, porque tenemos que extender el tendido eléctrico, además de lo que corresponde a la instalación eléctrica como ventiladores, luces. Esta obra es para nosotros muy importante porque la casa actual, que es en comodato con el Ministerio de Salud Pública, tiene una capacidad para 16 personas y tenemos más de 30”, provenientes de localidades diversas, desde Puerto Iguazú hasta Oberá, pasando por Eldorado, Garupá, Santa Ana.
La mano de obra será de los mismos residentes. “Dentro de los muchachos que se recuperan hay un Maestro Mayor de Obra y un oficial albañil, que se están encargando con los demás muchachos, pasito a pasito, de construir su propia casa”, agregó quien es párroco de la Comunidad de San Benito, aledaña al Hogar.
La primera etapa de la obra estuvo a cargo del voluntario Jorge Sumek, de Aristóbulo del Valle, que donó su tiempo para concretarla. Para la segunda etapa, hará falta una veintena de colchones. Comentó que “intentamos tener camas dobles” pero, en ocasiones, “nos donan camas simples, y como tenemos muy buenos carpinteros que acoplan, serruchan y atornillan, las convierten en camas dobles porque ocupan menos lugar y caben más chicos”.
El sacerdote celebró que solamente falta la firma “del Consejo de Educación para la cesión de una escuela agroecológica en desuso al municipio de San Ignacio, para abrir una casa como la que tenemos acá. Con esa comuna firmaríamos un comodato de usufructo del lugar, que nos serviría para instalar una pequeña granja, cultivar la huerta, tanto para el consumo interno como para la venta, pero sobre todo porque es terapéutico. El momento en el que un chico está trabajando, está produciendo y se siente útil”.






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