La historia de la feriante Blanca Ocampo, pionera de la Feria Franca en Misiones está atravesada por el esfuerzo y la voluntad de salir adelante. Desde la chacra, en su Colonia Oasis natal (Jardín América) pasó de la venta puerta a puerta a la construcción de ese vital espacio que, en pocos años, transformó la vida de cientos de pequeños productores de la provincia y aún hoy sigue sosteniendo sus economías familiares.
“Crié 4 hijos con la feria y ahora tengo 12 nietos. Estuve desde los inicios de la feria desde el 2000 hasta 2008, fui vicepresidenta y también delegada de Interferias”, contó doña Blanca a PRIMERA EDICIÓN, a quien dio testimonio de cómo ella y otras familias de productores pudieron encontrarle una salida a las dificultades mediante la feria.
“Todos mis hijos estudiaron gracias a esto”, aseguró la mujer y mostró un enorme canasto cargado de pomelos.
Durante la charla, recordó por ejemplo que en plena crisis de 2001 los pequeños productores del interior de Misiones enfrentaban fuertes barreras para comercializar lo que crecía en sus tierras y, aún con la riqueza de los productos que se multiplicaban en la chacra, ninguno tenía la posibilidad real de crecer económicamente.
En aquellos años Blanca formó parte de la primera comisión directiva y dedicó mucho tiempo al fortalecimiento del sistema feriante dentro y fuera de su localidad.
“Estuve en la primera comisión como vicepresidenta”, reiteró la pionera al hablar de sus inicios en la organización.
Aunque no pudo precisar cuántos años tiene actualmente la feria franca de Jardín América, sí conserva con claridad el recuerdo de aquellos primeros tiempos.
“Acá dimos los primeros pasos y luego la experiencia se consolidó en toda la provincia: la realidad de miles de pequeños productores era difícil y dependíamos exclusivamente de lo que se generaba en la chacra para sostener a nuestras familias. Pero había que vender y no teníamos donde”, recordó.
Fue así que la creación de la feria franca de Jardín América no surgió de una iniciativa aislada ni de un proyecto diseñado desde las instituciones. Según recordó Ocampo, la idea se gestó de una necesidad concreta que compartían numerosos productores.

“La producción de las chacras superaba muchas veces las necesidades de consumo que tenía cada familia y encontrar compradores para ese excedente nos resultaba cada vez más difícil. Lo que nos impulsó a crear un espacio donde comercializar fue ese exceso de producción que teníamos en la huerta, de fruta, huevo, leche que producían nuestros animales. Siempre sobraba, entonces nos dimos cuenta que lo podíamos vender nosotros sin intermediarios, pero necesitábamos un lugar para hacerlo”, explicó.
A su vez, recordó que principalmente durante ese tiempo, la situación económica de las familias rurales estuvo condicionada por los precios de algunos cultivos tradicionales.
“Eran momentos difíciles que la yerba no valía y no había venta de mandioca, como ahora porque no hay precio”, señaló.
En ese contexto, la feria se convirtió en una fuente de ingresos complementaria que permitió afrontar gastos cotidianos y creció de tal manera que permitió sostener proyectos familiares.
Meses antes de la feria, la comercialización de ese excedente dependía en gran medida de recorridas casa por casa, o por clientes que llegaban circunstancialmente hasta Oasis.
“Puerta a puerta era muy pesado, acarrear los productos realmente era muy difícil”, rememoró. La logística implicaba trasladar mercadería, invertir tiempo, plata y asumir costos que muchas veces no se reflejaban en las ventas.
Por eso, cuando surgió la posibilidad de organizar una feria permanente, muchos productores se dieron cuenta que era la única alternativa que podía cambiar la situación.
“Entonces quisimos la feria franca y se armó la feria franca”, resumió enfática.
Aunque dicho así parece sencillo, detrás hubo reuniones, organización y el trabajo de productores que apostaron por un modelo diferente de comercialización al que había antes de 2001.
Con el tiempo y hasta ahora, aquella experiencia se transformó en una herramienta fundamental para la agricultura familiar misionera.
No obstante, para ella, la importancia de las ferias francas no puede medirse únicamente en términos comerciales, pese a que su experiencia personal demostró que la venta directa tuvo un impacto profundo en la vida de numerosas familias.
“Mis hijos estudiaron mediante la feria franca, vamos a ser sinceros”, afirmó. La espontánea declaración resumió años de esfuerzo compartido.

Madre y lideresa
Durante el período que Blanca tuvo activa participación, además de desempeñarse dentro de la organización de la feria de su pueblo, de estar criando hijos, plantando y produciendo, Blanca Ocampo también asumió responsabilidades a nivel provincial.
“Estuve ocho años trabajando como delegada provincial e incluso ocupé el cargo de vicepresidente de la Interferia Provincial”, contó. De hecho, su participación también se extendió a otros espacios vinculados a la comercialización de productos de la agricultura familiar.
“Trabajé también en la feria de Villa Urquiza y en el Mercado Concentrador de Posadas”, agregó.
Este Diario la conoció en su chacra de Oasis, a 7 kilómetros de Jardín América, mientras cosechaba mandarinas y pomelos que iba a llevar para una exposición con otros colonos, porque ella nunca pierde la oportunidad de seguir sembrando ideas.
Durante la caminata junto a ella por la chacra, mientras iba cargando una enorme cesta cargada de cítricos, la mujer se dio un momento para observar su trayectoria desde otra posición, ya que entendió que con el paso del tiempo se hizo necesario ceder el protagonismo a las nuevas generaciones de la familia.
“Ahora ya le delegué a mis hijos y son ellos los que siguen produciendo en la chacra, como así también en el puesto de la venta en la feria”, contó.
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Orientada hacia lo orgánico
Entre los recuerdos que compartió Blanca también apareció el factor de la producción de alimentos “sin veneno”.
“Mucho antes de que la producción agroecológica comenzara a ocupar espacios de debate y promoción institucional, en la chacra teníamos prácticas destinadas a reducir el uso de productos químicos”, dijo y aseguró que esa orientación estuvo presente desde los comienzos.
“Lo que siempre apuntamos desde el principio fue orgánico, todo orgánico”, afirmó. “Nosotros preparamos nuestro propio abono, nuestros propios insecticidas”.
Esas prácticas desarrolladas dentro de la chacra permitieron sostener la producción utilizando recursos disponibles en el propio establecimiento.
Actualmente continúa profundizando ese enfoque. “Ahora estamos trabajando con otra mentalidad ya, con una mentalidad plena para producir alimentos orgánicos en su totalidad”, finalizó.







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