Desde el otro lado del teléfono y a casi diez mil kilómetros del terruño, Ismael Sebastián Flores (27) vuelve a emocionarse, tal como cuando el árbitro levantó su brazo y le puso nombre a uno de los batacazos del último sábado por la noche en el estadio T-Mobile de Las Vegas, en Estados Unidos.
“De solo recordar ese momento, se me pone la piel de gallina. Cuando me dijeron que había ganado, lo primero que pensé fue en Misiones, Campo Grande, mis padres, la familia, los amigos. Todavía me emociona muchísimo ese momento”, confiesa “El Terrible” desde Barcelona, horas después de volver a casa con el título norteamericano OMB superwelter.
Luego del frenesí que significó ese triunfo, que recorrió los principales portales del país y el mundo, Ismael habló con EL DEPORTIVO y repasó el camino hacia una victoria que lo instaló en el radar internacional y que comenzó en los yerbales de Campo Grande. Una historia de película que se sigue escribiendo y promete varios capítulos más.
Ismael… ¿tu pasión por el boxeo arranca desde chico?
No, no… nunca vi boxeo de pequeño, es más, la primera pelea que vi en la tele fue la del “Chino” Maidana ante Floyd Mayweather, en la casa de un amigo, en Campo Grande. Yo viví en Colonia Primero de Mayo hasta los 9 años y ahí me mudé al pueblo. Y fuimos a ver una pelea… Después mis hermanos empezaron a hacer boxeo y ahí arranqué, cuando tenía 13 años.
¿Y cómo llegas a España?
Hice algunas peleas en el país, la última fue en 2017. También en 2018 peleé en Brasil. Y ahí el intendente de mi pueblo, “Kako” Sartori, me ayudó para que vaya a Buenos Aires, para hacerme profesional. Llegué a hacerme la licencia y todo, pero no me dieron la oportunidad… Creo que no veían en mí algo prometedor. Y ahí, hablando con mi entrenador, “Ruly” Miño, hizo contactos con un chico que me llevó a España… claro que había que juntar los fondos para el viaje, así que vendimos pollos e hicimos varias cosas.
¿Fue difícil la llegada?
Sí, incluso porque el chico que nos trajo a España se quedó con todo nuestro dinero y nos dejó tirados. Fue algo muy loco. Sin embargo, había hecho amistad acá con los chicos del gimnasio y me abrió las puertas quien hoy sigue siendo mi entrenador acá.
¿Alguna vez pensaste en abandonarlo todo?
Sí, en 2020. Por fin había llegado la hora de mi debut como profesional y dos o tres días antes me llama mi entrenador para avisarme que se había cancelado la pelea por la pandemia. Ahí pensé en dejar todo y volver… Gracias a Dios, un amigo me ofreció trabajo como repartidor, así que de a poco fui llevando las cosas, también con ayuda de Sartori.
En Campo Grande… ¿en qué habías trabajado?
Siempre trabajé con mi padre, que era capataz en la yerba mate. Trabajé mucho tiempo en los yerbales, en todo, desde tarefear, carpir, lo que sea…
¿Y cómo fue ese esperado debut como profesional?
Una vez que terminaron las restricciones por la pandemia, empecé a entrenar en doble turno. Y en 2023 me dijeron para debutar como profesional, pero sin cobrar nada. Yo dije “perfecto”, porque solo quería debutar y que me vean… y así empezó mi carrera como profesional.
Después de 16 combates, llegó el turno ante Alfonso Blanco, por el título iberoamericano de la AMB… ¿qué recordás de esa pelea?
Fue en diciembre de 2024. Y tenía un poco de nervios. Sabía que tenía que ganar, porque era una oportunidad que veníamos buscando hace mucho. Y fue una locura porque gané por nocaut en el segundo asalto. Blanco venía de competir en las grandes ligas, así que fue un momento muy importante en mi carrera.
¿Y cómo llega esta chance en Las Vegas?
Hace mucho veníamos pidiendo esta pelea con Isaac “Puro México” Lucero. Y cuando arrancó este año, la promotora nos confirmó el combate. No obstante, después nos bajaron porque iban a hacer una pelea entre mexicanos. Eso nos bajoneó un poco, pero algo pasó y volvieron a llamarnos dos semanas antes de la velada. Ese rival que se cayó no estaba rankeado, pero yo sí, octavo del mundo, así que si Lucero ganaba, se ponía uno o dos del ranking. Quizás pensaron que no iba a estar entrenado, pero la preparación mía no es de dos semanas, es de toda la vida. Yo agarré el combate con muchas ganas porque era una oportunidad increíble.
¿Y cómo fue la previa?
Yo estuve siempre tranquilo, sabía que estaba preparado, solo me preocupaba el peso, porque tuve que bajar diez kilos en dos semanas. Ahí hizo magia el profe Alberto Cañete. Y yo sabía que, si tenía la cabeza tranquila, podía llevarle la pelea.
El momento en el que te declaran ganador es emocionante… entre lágrimas, te acordaste de tus viejos, de Campo Grande…
De solo recordar ese momento, se me pone la piel de gallina. Y es que todo fue una locura. Ganar era un sueño pero cuando pasa en la realidad… Y cuando me dijeron que había ganado, lo primero que pensé fue en Misiones, Campo Grande, mis padres, la familia, los amigos… Todos son importantes porque yo no soy de hierro, soy una persona normal, corriente, que muchas veces no tiene ganas de levantarse, que tiene bajones… Y es ahí donde me llega un mensaje, una llamada, alentándome para que siga entrenando. Por eso fue lo primero en lo que pensé.
Fue histórico… un batacazo… ¿y ya te llamaron para otro combate?
Sabíamos que era una velada muy grande y que, si ganábamos, iban a empezar a llover cosas. Y al día siguiente de la pelea, eran las 6 de la mañana y estábamos en el aeropuerto, camino a Barcelona, cuando ya nos llamó una promotora (se ríe). Por ahora, quiero estar tranquilo, tomarme dos o tres semanas para estar con la cabeza fría y decidir junto al equipo. Ahora en caliente, cualquier dulce te sienta bien, pero quiero que Dios me dé la respuesta, la decisión correcta. Seguramente, estaremos volviendo a Las Vegas este año, peleando por grandísimas cosas, pero primero vamos a seguir entrenando fuerte. Yo creo que este año nos quedarán por delante una o dos peleas más. Dios definirá.
¿Ya pudiste hablar con tus padres? ¿Cómo se llaman?
Ellos son Nidia y Baltazar. Ya el día anterior a la pelea hablé con ellos. A mi padre le dije que rece unos padres nuestros por mí. A los dos les dije que los amaba mucho y que esta iba a ser una pelea que nos iba a permitir llegar a cosas grandes. Sueño con eso, porque quiero que mi madre deje de trabajar, quiero darles lo mejor a ellos, devolverles aunque sea el uno por ciento de todo lo que me dieron, que ellos dejaron de comer para que yo coma…

Es un sueño que realmente vale la pena… y mucho…
Eso me lleva a que muchas peleas las haga por ellos. Cuando tiro, cuando pego, lo hago por ellos… cada golpe va firmado con el nombre de mis padres y de toda la gente que siempre me apoya.
¿Cuándo estuviste por última vez en Campo Grande? ¿Y cuando será el regreso?
La última vez fue en diciembre de 2024. Y tengo muchísimas ganas de volver. Siempre le digo a mi pareja, que ella también tiene ganas de volver, pero ahora está complicado porque los entrenamientos aumentan.. No obstante, encontraré un hueco para volver a casa.
Viviste en Buenos Aires, ahora en España… ¿te sentís misionero?
Soy cien por ciento misionero. Muchos me juzgan porque tengo acento español (se ríe), pero eso no tiene nada que ver con lo que siento en el corazón. Llevo a Misiones en la sangre. Mi pareja sabe que cuando escucho el himno argentino, se me pone la piel de gallina. Soy patriota al cien por cien. Y hoy representar al país y a la provincia es algo que me emociona muchísimo.
¿Cuál es el sueño ahora?
Quiero volver a cumplir ese sueño, pero con el título mundial. Quiero volver a pisar ese suelo, pero que cuando me levanten la mano, sea por el título mundial. Y devolverle también así al boxeo todo lo que medio. Si bien muchos ven solo lo del sábado, detrás hay mucho trabajo, mucha gente… mi pareja, que cuando yo no podía levantarme a las 5 de la mañana, ella me despertaba…
¿Qué mensaje le dejas a los misioneros que te siguen e hinchan por vos?
Que confíen mucho, sé que hay días que se hace duro… Y lamento muchísimo no poder contestar todos los mensajes, me gustaría sentarme y al menos decirle “gracias” a cada uno. Estoy muy agradecido con todos por el apoyo. Eso me llena muchísimo de orgullo. Me enorgullece ser misionero.






