El primer grupo oficial de Argentina del “Movimiento de madres que oran por los hijos” comenzó a funcionar recientemente en la Iglesia greco-católica ucraniana de rito bizantino “San Vladimiro”, de Posadas. La propuesta fue presentada al párroco Guillermo Andrujovich, quien la elevó a monseñor Daniel Kozelinski Netto, que aprobó la iniciativa que se sostiene sobre tres pilares fundamentales: humildad, obediencia y unidad. Días atrás, las integrantes participaron del decimoprimer encuentro nacional y quinto internacional desarrollado en San Pablo, Brasil.
De acuerdo a los documentos oficiales, el “Movimiento de madres que oran por los hijos” nació en la parroquia São Camilo de Léllis, en Mata da Praia, Vitória, Estado de Espírito Santo (ES), Brasil. Allí, unas veinte jóvenes madres, provenientes de familias católicas, pero sin experiencia previa de oración, comenzó a reunirse con un propósito claro: interceder por sus hijos. El grupo fue fundado en 2011 y, con el tiempo, fue reconocido por la arquidiócesis local. Su fundadora, Ángela Abdo, con el acompañamiento espiritual del padre Anderson Gomes, dio forma a una propuesta que hoy se expande a 26 países.
El movimiento tiene como patrona a Nuestra Señora de la Salette y como copatrona a Santa Mónica, madre perseverante en la oración. El corazón del movimiento es su carisma: la restauración de las familias por el poder de la oración de intercesión. No se trata solo de rezar, sino de vivir una experiencia transformadora que conduce a un encuentro personal con Cristo y a una vida renovada en Dios.
Las participantes descubren en la iglesia una fuente inagotable de gracia. A partir de ese encuentro, muchas madres se convierten en verdaderas anunciadoras del evangelio en sus hogares, en sus trabajos y en su entorno social. Su testimonio recuerda al de la mujer samaritana: tras encontrarse con Jesús, no puede guardar la experiencia para sí, sino que sale a compartirla con los demás.
Participar en estos encuentros implica un camino de conversión. Las madres comprenden que no solo rezan por sus hijos, sino que también son llamadas a transformar su propia vida. Así, en la sencillez de lo cotidiano, comienzan a construir una relación profunda con Dios que impacta directamente en sus familias. Los frutos son concretos: vínculos que se sanan, hogares que recuperan la paz y corazones que vuelven a Dios. Tal como enseña el Evangelio, la fe perseverante tiene poder de restauración, y la oración se convierte en el canal por el cual la gracia llega a cada hogar.
Trasciende fronteras
En Posadas, el “Movimiento de madres que oran por los hijos” fue conocido mientras una madre que rezaba el rosario de la madrugada de forma online junto a las hermanas del Instituto Hesed de Brasil, escuchó el testimonio de la fundadora del movimiento Ángela Abdo. A partir de ese momento, su interés fue creciendo progresivamente a través del seguimiento en redes sociales y la escucha de sus enseñanzas.
Con el tiempo, ese interés se transformó en un deseo concreto: que otras madres también pudieran acceder a esta experiencia de fe, formarse espiritualmente y puedan orar por los hijos y por la restauración de sus familias con esta espiritualidad. El contacto se concretó a través de un mensaje enviado por redes sociales. La respuesta fue inmediata. Ese mismo día, la coordinadora hispánica, Ana da Silva, brindó el material y la orientación necesaria para iniciar el proceso.
En la capital misionera, los encuentros comenzaron el 12 de noviembre de 2025 en la parroquia “San Vladimiro”. De acuerdo a lo expresado por la coordinadora del grupo, María Pronyk, “desde el inicio, Dios dispuso la conformación de un equipo de madres y madrinas que colaboran en la preparación de cada encuentro, siguiendo la metodología propia del movimiento, organizada en tres momentos fundamentales: en primer lugar, el rezo del rosario por los hijos; en segundo lugar, un espacio de formación; y finalmente, un momento oracional”.
Añadió que desde los primeros encuentros “contamos con los materiales necesarios para iniciar y sostener el camino, procurando siempre ser fieles a la metodología del movimiento. Además, recibimos acompañamiento constante de la coordinadora hispánica, junto con las coordinadoras de las distintas áreas como formación y espiritualidad”.
En los espacios formativos trabajan sobre: “Ser mujer a la luz de la Biblia”, el catecismo de la iglesia católica y, dentro del camino de santidad, el eje de este año: “Eucaristía: regalo de Dios – Lugar de encuentro”. Este mismo tema fue central en el Encuentro Internacional realizado en Canção Nova, San Pablo, del 16 al 19 de abril, el el cual el grupo de Posadas tuvo “la gracia de participar, viviendo una experiencia de comunión, misión y profunda renovación espiritual”.
Llamado a interceder
El movimiento está abierto a toda mujer que desee orar por las familias: madres, madrinas, abuelas, hermanas, tías, nueras. Según Pronyk, es una invitación amplia, que acoge a todas aquellas que sienten el llamado a interceder. “Para que en una parroquia se pueda abrir el grupo del “Movimiento de madres que oran por los hijos” debe existir el deseo de una madre y el sí del párroco”, acotó.
En la parroquia San Vladimiro los encuentros se realizan los miércoles a las 19. La presencia de las mujeres crece de manera constante, principalmente porque son ellas mismas las que invitan a otras a sumarse y a vivir esta espiritualidad. “Existe un profundo deseo que esta experiencia se expanda cada vez más, alcanzando a nuevas comunidades, para que cada parroquia pueda tener la bendición de vivir este camino sencillo, pero profundamente transformador. Porque cuando una madre ora, algo comienza a cambiar. Y cuando muchas madres se unen en oración, las familias y con ellas la sociedad pueden ser verdaderamente restauradas”, aseguró.
Explicó que el objetivo del movimiento nace de una inspiración del Espíritu Santo: “Convocar a las madres a una misión de intercesión por la salvación de las almas y la restauración de las familias. En un contexto donde los hogares se ven profundamente afectados en lo físico, emocional, psicológico y espiritual, se vuelve urgente volver a la oración”.
Cuando una madre responde a este llamado, “no solo ora por sus hijos, sino que también comienza un proceso de sanación personal. Aunque educar hoy no es una tarea fácil, el carisma del movimiento demuestra que la oración da frutos concretos: muchas madres son fortalecidas, bendecidas y testigos de transformaciones reales en sus familias”.
“Esta experiencia transformó nuestras vidas”
Para Dominga Franco el movimiento es un espacio de reunión, de encuentro, reflexión y oración donde se da la evangelización de una manera sencilla. “El objetivo es orar por nuestros hijos y la restauración de la familia. Iluminadas y movilizadas por el Espíritu Santo acudimos a nuestro encuentro semanal para cumplir con este servicio y llamado de Dios”.
Indicó que hoy dan “testimonio de todo el crecimiento espiritual que logramos en este camino de oración. Cada madre que ora con fe y esperanza es testigo de mucha transformación, experiencia de vida y aprendizaje, caminando siempre hacia el encuentro con Jesús resucitado. El 16 de abril tuvimos la bendición de poder asistir al encuentro internacional de las madres en “Cidade das Maes” (Brasil). Fue una vivencia extraordinaria, donde tuvimos la gracia de escuchar testimonios de vida y sermones de sacerdotes que desarrollaron distintas temáticas enfocadas en: Eucaristía Misterio que edifica y Salva, Eucaristía lugar de encuentro con Cristo y La Escuela de María, entre otros. Fueron días de mucho recogimiento y oración donde cada madre pudo sentir el encuentro, el abrazo de Jesús en cada Eucaristía. Se vivieron momentos donde se sintió la presencia real de Jesús en la Eucaristía, la mirada, compasión y el abrazo de Jesús resucitado”.
El poder de la oración materna
El poder de la oración de más de 80 mil madres de veinte países se unió en un encuentro de fe en Brasil.
Entre la marea de fieles se destacó la presencia de siete representantes de la comunidad de San Vladimiro, ataviadas con la bandera argentina, que se integraron a una delegación de madres de Paraguay y Brasil, subrayando un profundo espíritu de hermandad transfronteriza, acompañados por dos consagrados. María del Carmen Judyk confió que en este encuentro “nos fortalecimos en la fe y en la certeza que la eucaristía es el encuentro vivo con Cristo y con nuestros hermanos”.
El eje central de las jornadas fue la Eucaristía como máxima fuente de amor. El padre Anderson Gomes, asesor espiritual del movimiento, fue uno de los disertantes. Citando al padre Julio Eymard, apóstol de la Eucaristía, advirtió que “el amor a la eucaristía es la salvación” y que su abandono conlleva la pérdida del amor en los hogares.

Instó a ser “madres eucarísticas”, reconociendo en la comunión la renovación de la humildad de Dios en cada una. Las reflexiones se inspiraron en el pasaje bíblico de los peregrinos de Emaús, donde sacerdotes, médicos y laicos profundizaron en la importancia de reconocer a Cristo en el “partir del pan” para fortalecer los vínculos familiares.
El cierre del congreso dejó un mensaje claro: la oración de una madre tiene el poder de transformar realidades, siempre que esté anclada en la fe eucarística.
Con el corazón encendido, como los discípulos de Emaús, la delegación local regresó con la misión de compartir los frutos de este encuentro en su propia comunidad y espera por la gracia de Dios expandir a otras comunidades la experiencia de vivir la fe, fortalecidos en la obediencia, humildad, unidad, que son el trípode del movimiento.
Para las siete integrantes de San Vladimiro, la experiencia de sentirse “encontrados, consagrados y enviados” renovó su compromiso comunitario, y de expandir el espíritu a otras 50 madres que participan en el movimiento que tiene pocos meses de apertura, pero con una carga espiritual que moviliza y expande hacia otras comunidades la necesidad de ampliar la vivencia de ser “Madres que Oran por los Hijos”.







