Los vecinos del barrio Belgrano, de Posadas, viven angustiados ante los casos de inseguridad que ocurren actualmente y que se ven potenciados por una cuestión compleja de resolver, los pasillos que dan a la parte trasera de las viviendas son utilizados por los “amigos de lo ajeno” para ingresar a las mismas en cualquier momento del día. En los últimos años los habitantes del lugar colocaron portones con candados en los extremos de los pasillos, los que de igual manera fueron violentados y arrancados, en varios sectores.
“El proyecto original, con el que nació el barrio, contempló las conexiones de agua potable y la bajada del tendido eléctrico en esa parte de atrás, generando pasillos que con el correr de los años fueron convirtiéndose en una ‘boca de lobo’”, explicó Manuel Domínguez a PRIMERA EDICIÓN.
Detalló que “el barrio nació allá por la década del 60 para los empleados del IPS (Instituto de Previsión Social), con casas de madera que luego fueron remodeladas y algunas vendidas con el paso de los años. Por una cuestión práctica de aquella época fueron colocando el tendido eléctrico en esos pasillos, así la bajada al pilar era más directa. Luego llegó el agua e hicieron lo mismo, para no tener que ir cruzando de lado a lado de la calle, con el agua”.
Domínguez, quien reside en el barrio desde hace más de veinte años, dijo que “lo que fue una solución práctica en las primeras décadas, de meter todos los servicios atrás de las viviendas, terminó siendo un dolor de cabeza porque los que operarios que registran las mediciones de los medidores de agua o luz tienen que pasar por allí sí o sí y cuando cerramos los pasillos con portones ellos no podían ingresar.
Con los años agregaron un nuevo tendido eléctrico en las calles del barrio. Así algunos vecinos pudieron llevar el medidor de la luz al frente, con todo el gasto que eso implica, un nuevo pilar, gestión en Emsa, comprar cables y contratar un electricista pero otros no y siguen con los medidores de luz. ¿El agua?, el 90% los tiene atrás, en el pasillo”.
Creció pero…
Otro de los vecinos, Juan Ramírez, remarcó que “el barrio cambió y mucho, creció, porque tenemos la capilla de la Virgen del Rosario de San Nicolás, el complejo ‘Finito’ Gehrmann, el edificio Torre del Docente, el Hogar de Día, el Hogar Nocturno y así también creció la inseguridad. Hoy a plena luz del día ingresan a las casas a robar y de noche es un peligro, insisto, donde los pasillos son el lugar de escape porque varios de ellos tienen restos de malezas, ramas, basura y todo lo que uno se puede imaginar”.
Comentó además que “Samsa nos dijo que no puede cambiar el recorrido de las conexiones, que deberíamos hacernos cargo cada vecino. Lo de Emsa es más sencillo pero también tiene un costo extra que en estos momentos económicos es complicado. Portones ya pusimos, probamos y hasta eso se robaron. Por eso es que ya no sabemos qué hacer, necesitamos la intervención del municipio, de la policía, para resolver ese tema, incluso poder iluminar como corresponde esos lugares, de lo contrario puede terminar esto muy mal, cada vez es más peligroso hasta quedarse en casa”.





