Hay lugares donde el tiempo parece medirse en platos servidos y en el vapor que sale de las ollas populares. En el barrio El Porvenir II, en las afueras de Posadas, ese reloj lo marca doña Elena, quien desde hace casi dos décadas se encuentra al frente del comedor y merendero “Ñande Gurises”. La referente social se convirtió en el pilar de una comunidad que encuentra en su cocina algo más que sustento: refugio y dignidad.
La labor no es sencilla, pero la constancia de Elena es inquebrantable. Según explicaron desde Cáritas Diocesana Posadas, quienes acompañan regularmente la gestión del centro, el espacio nació con una vocación de servicio que hoy abraza a tres generaciones. Lo que empezó como una respuesta de emergencia se transformó en una institución del barrio, donde los “gurises’” no solo van a buscar la leche, sino también la contención que falta en las calles.
El cronograma en “Ñande Gurises” es riguroso porque el hambre no da tregua. El equipo de trabajo, liderado por Elena y un grupo de mujeres cuya tarea es mayormente silenciosa, garantiza diariamente el desayuno y la cena. La franja horaria no es casual porque buscan asegurar que los chicos comiencen el día con energía y que ninguna familia se vaya a dormir con el estómago vacío, cubriendo los dos flancos más críticos de la jornada.
En momentos más críticos como el actual, el comedor extendió su red de contención. Ya no solo se trata de los niños, hoy, abuelos y familias trabajadoras se acercan al lugar. El contexto económico empujó a muchos adultos que, incluso a pesar de tener algún empleo informal, no logran cubrir lo básico de la canasta. Allí es donde la figura de Elena se agiganta, gestionando recursos que muchas veces parecen insuficientes pero que, por arte de la solidaridad, terminan alcanzando para todos.
Desde la organización destacaron que este rincón de Posadas busca ser, por sobre todas las cosas, un lugar de encuentro. La mesa compartida funciona como un tejido social que une a los vecinos, permitiéndoles compartir sus penas y esperanzas mientras aguardan su ración. Es la encarnación de la comunidad organizada frente a la adversidad.
Fe traducida en obras
Para Cáritas, la presencia en El Porvenir II tiene una lectura que trasciende lo material. Consideran que “el trabajo de estas mujeres es la forma más pura en la que el Evangelio se encarna cada día. No se trata de grandes discursos, sino del servicio sencillo y del gesto de dar sin esperar nada a cambio”, una filosofía que Elena mantiene viva desde hace algo más de 18 años.
La labor de estas “mujeres de barrio” puede describirse como una caricia al alma del pueblo. En un mundo que suele mirar para otro lado, la sonrisa de un niño después de merendar se convierte en el combustible necesario para seguir encendiendo el fuego de las hornallas cada mañana. Es, en definitiva, la resistencia de la solidaridad en los márgenes de la ciudad.
El desafío, por supuesto, sigue siendo la sostenibilidad. La bendición que piden los referentes de Cáritas para este servicio es también un llamado a la sociedad posadeña para no olvidar que, en el barro de El Porvenir, hay un corazón que late fuerte y que necesita del apoyo de todos para que la olla de “Ñande Gurises” nunca deje de hervir.
El comedor funciona como un termómetro social del barrio El Porvenir II. Además de la asistencia alimentaria, el equipo de doña Elena brinda orientación a las madres jóvenes y genera un espacio de seguridad para los adultos mayores, quienes muchas veces se encuentran en situación de soledad extrema.






