El presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), Rodrigo Correra, habló por primera vez desde que asumió el cargo y dejó definiciones que contrastan con el diagnóstico que vienen planteando productores misioneros. En una entrevista con Radio Rivadavia, el funcionario nacional sostuvo que no se trata de una crisis estructural, sino de “un cambio de modelo”, en el marco de la desregulación impulsada por el Gobierno nacional.
Durante la charla, Correra reconoció tensiones dentro de la actividad, pero relativizó el escenario crítico que describen distintos sectores. “Hay un cambio de modelo”, afirmó, y agregó que la desregulación “trajo buenas noticias”, entre ellas el crecimiento del frente exportador, niveles récord de ventas al exterior y una estabilización del consumo interno “sin intervención del Estado”.
En ese sentido, defendió el esquema actual basado en la oferta y la demanda, en contraposición al sistema anterior donde el Estado fijaba precios mínimos. Según explicó, esa política generó distorsiones en el mercado. “El Estado le garantizaba una rentabilidad y eso trajo oportunismo”, sostuvo, al tiempo que vinculó ese proceso con un fuerte aumento de la superficie implantada. “Del 2016 al 2025 crecieron casi un 40% las plantaciones de yerba mate”, precisó.
Para el titular del INYM, ese crecimiento derivó en una sobreproducción que hoy impacta en los precios de la materia prima. “Estamos en un modelo que se rige por oferta y demanda, y ahí se establecen los precios”, remarcó, y consideró que las actuales dificultades responden a un reacomodamiento de variables tras años de intervención estatal.
Consultado sobre los reclamos de los productores, que denuncian una pérdida de rentabilidad y una situación límite, Correra insistió en que el instituto ya no cuenta con facultades para intervenir en la fijación de precios y respaldó esa decisión. “Yo, como representante del Ejecutivo nacional, apoyo esa idea”, afirmó.
En paralelo, el funcionario planteó que la salida para el sector no pasa por volver a regular precios, sino por aumentar la demanda. En esa línea, destacó que las exportaciones pasaron de representar el 10% al 20% del total en apenas dos años. “Eso nos está mostrando el camino”, señaló, y propuso avanzar en nuevos mercados vinculados a la yerba mate, como la industria de energizantes, cosméticos o productos farmacéuticos.
Correra también se refirió a la situación de los pequeños productores, uno de los sectores más afectados según las entidades rurales. Allí buscó relativizar el universo involucrado. “Tenemos registrados 14.200 productores, pero en los últimos seis años entregaron hoja verde 9.200, y pequeños productores no tenemos más de 5.000”, explicó, en contraste con otras estimaciones que elevan esa cifra.
Al mismo tiempo, planteó que una de las claves para mejorar la rentabilidad es avanzar en la integración productiva. “El pequeño productor tiene que integrar todo el ciclo productivo”, sostuvo, y mencionó el desarrollo de pequeñas marcas como una alternativa para capturar mayor valor dentro de la cadena.
Sin embargo, los datos económicos más recientes muestran un escenario mucho más crítico en el eslabón productivo. Un relevamiento basado en cifras oficiales indica que el precio de la hoja verde pasó de 210 pesos en diciembre de 2023 a 220 pesos en abril de 2026, una suba de apenas 4,8%, mientras que el valor en góndola se incrementó más de 120% en el mismo período. Esa brecha evidencia una creciente concentración de la renta en los segmentos industrial y comercial.
El deterioro se vuelve aún más evidente al analizar el poder adquisitivo. Para mantener su valor real, la hoja verde debería ubicarse en torno a los 842 pesos, pero actualmente se paga cerca de 220, lo que implica una caída cercana al 74%. A la par, los costos de producción registraron fuertes aumentos, con subas superiores al 270% en el dólar oficial, alrededor del 300% en el gasoil y una inflación acumulada que también superó el 300%.
A esto se suma la pérdida de participación del productor en el precio final. Mientras en 2023 la hoja verde representaba el 9,2% del valor en góndola, actualmente cayó al 4,3%, reduciendo a la mitad su incidencia dentro de la cadena. Este conjunto de indicadores refuerza el diagnóstico de un sector primario con márgenes cada vez más ajustados y crecientes dificultades para sostener la actividad.
Sobre los costos, otro de los puntos críticos señalados por el sector, el titular del INYM cuestionó la existencia de una única referencia oficial. “Debería haber tantas modalidades productivas como productores”, indicó, al argumentar que los costos dependen de la eficiencia de cada establecimiento.







