En la chacra, el número final nunca es solo el precio que se paga por la producción. Detrás de cada kilo de yerba, té, tabaco o mandioca hay una estructura de costos que crece en silencio y que hoy condiciona la rentabilidad de los productores misioneros: energía, combustible y logística.
Son tres variables que, combinadas, pueden representar entre el 35% y el 60% del costo total, dependiendo de la actividad. Y lo más complejo es que se trata de gastos difíciles de reducir, con incrementos constantes y escaso margen de maniobra.
“Hoy producir no es solo plantar y cosechar. Es sostener una estructura que cada mes se vuelve más cara”, resume Ramón, productor de la zona centro.
Energía no para de subir
El impacto de la energía eléctrica es particularmente fuerte en actividades como el secado de yerba, el procesamiento de té o el funcionamiento de sistemas de riego.
En algunos casos, el costo energético puede representar entre el 15% y el 25% de los gastos operativos mensuales.
“Antes la luz era un costo más. Hoy es uno de los principales”, cuenta Marta, productora yerbatera. “En época de secanza, la factura se dispara y no hay forma de bajarla”.
El problema no es solo el valor de la tarifa, sino también la falta de previsibilidad. Los aumentos, sumados a la necesidad de mantener equipos en funcionamiento constante, generan un escenario donde el productor queda expuesto.
Además, en zonas rurales, la calidad del servicio también incide: cortes, baja tensión o fallas obligan a utilizar generadores, lo que incrementa aún más los costos.
Combustible
El gasoil es, quizás, el factor más transversal en la estructura productiva. Se utiliza en la preparación del suelo, la cosecha, el transporte interno y el traslado a los centros de acopio o industrias.
En el último año, su incidencia creció de forma significativa, llegando a representar entre el 20% y el 30% del costo total en muchas explotaciones.
“Todo se mueve con gasoil. Si sube, sube todo”, explica José, productor tealero. “No es solo el tractor: es el flete, es el proveedor, es todo”.
El impacto es doble: por un lado, el aumento directo del combustible; por otro, el efecto indirecto sobre el resto de los insumos, que también se encarecen por el costo logístico. A esto se suma la incertidumbre. “No sabés cuánto va a costar el mes que viene. Eso te complica planificar”, agrega.
La distancia también cuesta
Misiones tiene una característica estructural que agrava el problema: su ubicación geográfica. Lejos de los principales centros de consumo y con costos de transporte elevados, la logística se convierte en un factor determinante. El traslado de la producción desde la chacra hasta los secaderos o industrias, y luego hacia los mercados, puede representar entre el 10% y el 20% del costo total.
“Estamos lejos de todo. Eso se paga”, sintetiza Carlos, productor de la zona norte. “El flete se lleva una parte grande de lo que ganás”.
Además, el estado de los caminos rurales también influye. En épocas de lluvia, los costos aumentan por demoras, roturas de vehículos y mayor consumo de combustible.
Una ecuación que no cierra
El problema central, coinciden los productores, es que estos costos crecientes no se trasladan en igual medida al precio que reciben.
“Los costos suben todos los meses, pero el precio de lo que producimos queda atrasado”, señala Ramón. “Ahí es donde se pierde rentabilidad”. En el caso de la yerba mate, por ejemplo, muchos productores sostienen que el precio de la materia prima no cubre los costos reales de producción, especialmente tras la desregulación del mercado.
Lo mismo ocurre en otras economías regionales, donde la rentabilidad se ve presionada por una estructura de costos cada vez más pesada.
Frente a este escenario, muchos productores ajustan como pueden: reducen inversiones, postergan mantenimiento o achican superficie. Pero el margen es limitado.
“No podés dejar de gastar en gasoil o en luz. Son costos que tenés sí o sí”, explica Marta. La consecuencia, advierten, es un proceso gradual de descapitalización. “Vas tirando, pero cada vez con menos resto”, agrega José.
El debate sobre la producción en Misiones no puede limitarse al precio de la materia prima. La estructura de costos es hoy un factor central para entender la situación del sector.
Energía, combustible y logística no son variables secundarias: son el corazón económico de la chacra.
Y mientras esos costos sigan creciendo por encima de los ingresos, la ecuación productiva seguirá bajo presión. “Producir en Misiones siempre fue difícil”, cierra Carlos. “Pero ahora es más caro que nunca”.





