Este 24 de marzo se cumplen cinco décadas del Golpe de Estado en Argentina de 1976, el inicio de una de las etapas más oscuras del país. Durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, la represión no solo apuntó a los cuerpos: también buscó disciplinar ideas, borrar identidades y controlar la cultura. En ese escenario de censura, listas negras y exilio, la música emergió como una forma de resistencia silenciosa pero persistente, capaz de mantener viva la memoria incluso en los años más duros.
Lejos de ser un simple refugio estético, el arte —y en particular la música— se transformó en una trinchera simbólica. A pesar de las prohibiciones del COMFER y la persecución sistemática, canciones y melodías circularon de manera casi clandestina, funcionando como un lenguaje compartido entre quienes se negaban a olvidar.
El rock: metáforas para decir lo indecible
El rock nacional fue uno de los principales vehículos de esa resistencia cultural. En un contexto donde las letras eran minuciosamente vigiladas, los artistas desarrollaron un sofisticado sistema de metáforas para eludir la censura.
Figuras como Charly García lograron introducir críticas veladas al régimen. Con Serú Girán, García compuso canciones emblemáticas como “Canción de Alicia en el país”, donde la referencia al universo de Lewis Carroll funcionaba como un espejo deformado de la realidad argentina: desapariciones, persecución y miedo, todo dicho sin nombrarlo.
En paralelo, Luis Alberto Spinetta sostuvo una propuesta poética y espiritual que ofrecía un escape a la opresión cotidiana. Sus recitales, al igual que los de otros artistas, se convirtieron en espacios de encuentro donde miles de jóvenes compartían algo más que música: una experiencia colectiva de resistencia.
También fue clave León Gieco, cuyo tema “Solo le pido a Dios” trascendió generaciones. La canción, con su tono de plegaria, logró sortear parcialmente la censura mientras instalaba un mensaje profundo contra la indiferencia social, en un momento donde el silencio era parte del mecanismo represivo.
Tras la Guerra de las Malvinas, el régimen prohibió la música en inglés en las radios, lo que impulsó al rock nacional a una difusión masiva inesperada. Esa apertura forzada permitió que los músicos consolidaran su rol como cronistas de una época y amplificaran el mensaje que durante años había circulado en clave.
Folklore: el exilio y la voz de la tierra
Mientras el rock encontraba grietas para expresarse, el folklore fue uno de los géneros más castigados. Asociado a las luchas populares y a las raíces profundas del país, fue visto como una amenaza directa.
La figura de Mercedes Sosa simboliza ese proceso. Perseguida y finalmente exiliada tras ser detenida en un recital en La Plata, su voz se convirtió en el exterior en emblema de la denuncia internacional contra la dictadura. Su regreso en 1982, con conciertos históricos, marcó también un momento de reparación simbólica.
Otro referente clave fue Horacio Guarany, perseguido tanto por la Triple A como por la dictadura. Sus canciones circularon clandestinamente, grabadas en cassettes que se compartían como material prohibido. Temas como “Si se calla el cantor” se transformaron en verdaderos himnos de resistencia.
Entre la ironía y el silencio: otras formas de resistir
No toda la resistencia fue explícita. María Elena Walsh, desde la ironía y la inteligencia, denunció el autoritarismo con una sutileza que descolocaba a los censores. Su texto “Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes” es una de las críticas más lúcidas al clima de época.
En la música, sus composiciones lograron decir mucho sin necesidad de confrontar directamente, construyendo sentidos que el público comprendía en profundidad.
En contraste, el tango sufrió un proceso distinto. Tradicionalmente ligado a los sectores populares, fue intervenido culturalmente por el régimen. Se intentó “limpiarlo” de su contenido crítico, eliminando el lunfardo y cualquier referencia social incómoda.
Esa apropiación provocó un distanciamiento con las nuevas generaciones. Mientras otros géneros hablaban del presente, el tango oficializado parecía anclado en un pasado idealizado. Aun así, figuras como Astor Piazzolla y Osvaldo Pugliese lograron sostener su vitalidad desde la innovación o la resistencia simbólica.
La memoria que suena
A 50 años del golpe, la música sigue siendo una de las herramientas más potentes para reconstruir la memoria colectiva. Aquellas canciones que lograron sobrevivir a la censura hoy forman parte del patrimonio cultural y funcionan como recordatorios vivos de lo ocurrido.
En cada estrofa, en cada acorde, se gestó una forma de decir “Nunca Más” incluso antes de que esa consigna se volviera bandera. Porque cuando el terror intentó imponer el silencio, la música encontró la manera de seguir sonando.
Fuente: Ámbito





