La industria turística de Misiones, históricamente apuntalada por el imán de las Cataratas en Puerto Iguazú, enfrenta en la actualidad una grieta interna que amenaza la hotelería tradicional en el resto de la provincia. Mientras los feriados por vacaciones de verano y carnaval garantizan una ocupación cercana al 90%; la realidad de los “260 días restantes son de estacionalidad crítica principalmente por la competencia informal”, lo cual según AMBRHA, “está empujando a varios establecimientos al cierre o la reconversión”.
Ese es el panorama que según el presidente de esa entidad, Martín Oria, los hoteleros formales de gran parte de Misiones enfrentan para este finde XXL que, por estar “pegado” a Semana Santa, no “movió la aguja de las reservas”, dijo.
“Apenas estaremos rozando un 30% o ni eso”, sostuvo Oria en diálogo con PRIMERA EDICIÓN, quien al igual que Nicolás Ostorog, presidente de la Cámara de Turismo de las Sierras Centrales, plantearon una problemática estructural: la dificultad para vender el interior de Misiones como un producto integral.“Actualmente la provincia muestra al destino Misiones e Iguazú como atractivos aislados. A una agencia o un operador le es complicado entender cómo se arma un paquete de servicios para recorrer todo el interior”, señaló crítico Ostorog.
Desde su rol, el presidente de la Cámara de Turismo de las Sierras Centrales presentó propuestas al Ministerio de Turismo para consolidar municipios como Oberá en “centros de servicios”.
El objetivo es que los operadores nacionales puedan “estructurar itinerarios de seis días y cinco noches que incluyan la Cruz de Santa Ana, San Ignacio, los Saltos del Moconá y las rutas productivas del té y la yerba mate”, enumeró.
“Casi todo el año tenemos capacidad ociosa a rolete. Cabañas del Parque tiene 140 camas y recibimos de tres a cinco colectivos por mes, cuando tendríamos capacidad para recibir a 25 colectivos”, detalló Ostorog. Según el dirigente empresarial, la falta de validación oficial de estos circuitos en las plataformas del Ministerio y la ausencia de las cámaras del interior en las rondas de negocios con líneas aéreas son los principales reclamos.
En jaque
En Posadas como en Oberá, de acuerdo a ambos empresarios la situación se agrava “por el crecimiento exponencial de los alquileres temporarios no registrados”.
“El gran problema en la hotelería es la informalidad. Primero se llenan los departamentos temporarios y después la gente va a la hotelería formal. Es un barril sin fondo de dinero” señaló Oria, tajante al describir la disparidad de condiciones.
Según el dirigente, los hoteles tradicionales deben enfrentar costos fijos elevados que incluyen personal bajo convenio (UTHGRA), guardavidas obligatorios para piscinas, seguros, tasas de comercio y rigurosos controles de bromatología. En contraste, el mercado informal opera sin estas cargas, lo que genera una competencia desleal que ha llevado a hoteles de años de trayectoria a poner sus estructuras en venta.
“¿Cómo compite una familia dueña de un hotel contra 500 propietarios de departamentos? Es imposible. Posadas tiene hoy ofertas de hoteles en venta que han decidido directamente cerrar porque ya no conviene trabajar en la formalidad, al menos mientras no se regule”, sentenció el representante de AMBRHA.
Desregulación y poder de policía
Otro punto de fricción es la reciente desregulación de las agencias de viaje y la labor de los guías. Para los referentes consultados por este Diario, el armado de un paquete turístico requiere conocimientos avanzados en finanzas, contratos con proveedores y logística que “cualquiera no puede hacer bien”. Además, ambos salieron a advertir sobre la responsabilidad civil: en caso de accidentes en campings o saltos que no están habilitados ni poseen seguros, las agencias son solidariamente responsables.
En este sentido, Ostorog denunció la inacción del Estado en su rol de fiscalizador.
“Solo en Oberá estimamos que hay más de 90 departamentos que se dedican a ofrecer alojamiento temporario de manera informal. El Ministerio de Turismo tiene poder de policía para fiscalizar, multar y clausurar, pero en el último año hubo menos de 10 clausuras en toda la provincia”, afirmó.
“Acá la pregunta de fondo es ¿Con quién quieren quedar bien? ¿Con los emprendimientos temporarios que son ilegales y no pagan impuestos o con los que pagamos impuestos y gracias a ellos la provincia puede crecer?”, dijo enfático.







