Luego de trece años de presentaciones judiciales, recursos amañados, declaraciones polémicas, un juicio anulado y otro ordenado, una adolescente podrá aliviar lo que sufre desde los 5 con un abrazo de justicia. Los integrantes del Tribunal Penal 1 de Posadas, de manera unánime y luego de trece horas de alegatos y dos semanas de resolver incidentes protagonizados por cuatro abogados defensores, condenaron a un padre, de oficio fotógrafo en Capital Federal, a doce años de prisión por dos hechos de abuso sexual gravemente ultrajante que tuvieron como víctima a su hija desde mediados de 2012 a mayo de 2013.
La decisión correspondió a los jueces Gustavo Arnaldo Bernie (presidente) y los vocales subrogantes Juan Carlos Sosa y Miguel Mattos. Agregaron al fallo que el condenado continuará bajo prisión preventiva en una comisaría posadeña (Cuarta), situación que se le impuso durante el debate y luego del presunto intento de suspender las audiencias internándose en una clínica psiquiátrica. Los expertos del Cuerpo Médico Forense del STJ que lo analizaron determinaron que no sufría ninguna patología o dolencia en su salud mental y podía continuar el juzgamiento.
Durante dos semanas (el debate comenzó el 23 de febrero), cuatro defensores particulares del acusado renunciaron tras los rechazos a los recursos que plantearon, horas antes del inicio y durante las jornadas de producción de prueba. Los incidentes derivaron en que el TP-1 declare por abandonado el padrinazgo del encartado y le designe un defensor oficial, Mario Sebastián Ramírez, al que se sumó un quinto abogado particular, Federico Tilli.
Los alegatos acusatorios se iniciaron a las 8 con el relato del querellante Hugo Daniel Zapana, quien remarcó entre puntos clave que, durante trece años de abierta la causa, por la defensa transitaron nueve abogados.
“Los intentos por buscar la prescripción de la causa fueron constantes pero no lo podrán lograr antes del 2028”, explicó el letrado y docente universitario.
Además de reprocharle y describir los abusos, su tiempo, modo y forma, que cometió el progenitor, destacó que no cumplió éste “con el deber legal y de forma para evitar el peligro de una hija”.
Defendió la labor de psicólogos, docentes, médicos y psicopedagogas que asistieron a la víctima. Incluso antes de que la menor se quebrara y contara que sufría dolores en sus genitales y señalaba al padre como autor.
Solicitó 16 años de prisión para el padre por los delitos de “abuso sexual ultrajante agravado, varios hechos en concurso real y cometidos por su guarda, tutor, padre” (artículo 119 del Código Penal Argentino).
Vale agregar que el pedido coincide con la acusación con la que llegó el expediente a debate y que fue elevado por César Antonio Yaya, cuando aún se desempeñaba como juez de Instrucción 2 de la Primera Circunscripción.
“La más sencilla es la correcta”
Vladimir Glinka, fiscal titular del Tribunal Penal 2, intervino como subrogante en este segundo debate y su pedido de condena fue similar al de la Querella: 16 años de prisión. Su alegato lo definió como artesanal y preparado con mucha reflexión. Pero cargó contra la estrategia de los defensores particulares: “Inventaron la hipótesis de la abuela materna como ‘la mente del mal’ que buscaba quedarse con la tenencia de su nieta. Una vez introducida la mentira comenzaron a agrandarla y solo obtuvieron una versión sin pruebas, una mentira hueca”.
Luego apuntaló su postura con el trabajo de catorce profesionales de la salud y la educación que ayudaron y estudiaron a la víctima y que condujeron a la hipótesis de que la menor fue abusada por su progenitor.
Todos los detalles que ofreció el fiscal los englobó con una afirmación: “La explicación o conclusión más sencilla es la correcta”. De esta manera fue despojando de fundamentos a la defensa y sus versiones de que la víctima no era tal sino una niña a la que inocularon una acusación a través de películas de Disney.
Las descripciones de los abusos que expuso Glinka fueron duras y sensibles y PRIMERA EDICIÓN se reserva reproducirlas, para preservar la integridad de la víctima: “Los cambios que manifestó la niña antes de mayo de 2013 se notaron durante las 20 sesiones de tratamiento a las que concurrió por consejo de una psicopedagoga del jardín al que asistía. Esto influyó en que la niña rompa el silencio que deba ir a 120 sesiones más de tratamiento terapéutico porque siempre la figura masculina, la de su padre, le resultaba amenazante”.
El defensor oficial, Mario Ramírez alegó sin vueltas a su turno: “Si el acusado está preso hoy es por culpa de sus abogados previos, los que tienen la responsabilidad de esta estrategia, los abogados anteriores”. Luego dejó que el quinto abogado particular, Federico Tilli, apoyado en una exposición de powerpoint, expusiera los puntos del expediente que entendía que contradecían la acusación.
Intentó incorporar una fotocopia con una afirmación de un perito de parte que fue rechazada por el Tribunal en el inicio del debate. Pero también destacó puntos que resultaron inexactos o errores groseros al describir las lesiones genitales en la menor. Solicitó la absolución de su defendido pero también buscó una salida subsidiaria que lo beneficiara: “Tres años de prisión en suspenso por abuso sexual simple”. Y su tránsito polémico de alegato lo culminó pidiendo que la privación de la libertad fuera morigerada con arresto domiciliario con pulsera electrónica. Ninguno de los requisitos para este beneficio lo contemplan al encartado: no tiene más de 70 años, no está enfermo, no es mujer y tampoco tiene hijos a su cuidado.
A las 17.39 el veredicto se oyó y la abuela materna, Dora Elva, con más de 50 años de trayectoria en la medicina para adultos en Posadas, y a quien la defensa apuntó como “la mente del mal” capaz de montar el plan “Princesa Rapunzel” que incluía cómplices profesionales de la salud y brazos de la Justicia, se retiró despacio de la sala de audiencias y dejó una frase: “No buscábamos venganza ni plata. Sí, ahora le podemos llevar el mejor regalo de cumpleaños 18 a mi nieta el 24 de marzo: justicia”.





