Colaboración: Francisco
Pascual y Martín Ghisio
La ganadería misionera enfrenta cada año una situación conocida por productores y técnicos: mientras durante la primavera y el verano las pasturas crecen con abundancia gracias al calor y las lluvias, el invierno trae una marcada disminución en la disponibilidad de forraje para el rodeo. Este comportamiento estacional genera un desbalance que impacta directamente en los índices productivos de los sistemas ganaderos, especialmente en establecimientos familiares.
De acuerdo con Emilio Maidana, investigador responsable del grupo de Producción Animal del INTA Cerro Azul, el principal desafío radica en el desacople entre la oferta forrajera y las necesidades nutricionales de los animales a lo largo del año. La base forrajera provincial está compuesta mayoritariamente por especies megatérmicas (pasturas de origen tropical o subtropical), caracterizadas por un crecimiento intenso en primavera-verano y una caída muy pronunciada durante los meses fríos.
“En pocas palabras, en verano sobra pasto y en invierno falta mucho”, sintetiza el especialista. El problema se vuelve más crítico porque las demandas nutricionales del ganado no acompañan ese ciclo natural. En sistemas de cría, por ejemplo, las vacas atraviesan los últimos meses de gestación y comienzo de lactancia -una etapa de alta exigencia alimenticia- justamente cuando disminuye la oferta de pasturas.
Pérdidas que pueden evitarse
La falta de reservas forrajeras genera consecuencias directas sobre la eficiencia del sistema. Maidana explica que uno de los primeros efectos es la pérdida de condición corporal de las vacas, lo que puede traducirse en menores tasas de preñez o menor calidad de la preñez (mayor proporción de cola de parición y menor proporción de cabeza y cuerpo). A esto se suma una caída en la producción de leche que repercute en terneros más livianos al momento del destete. Asimismo, en el caso de la los animales en recría y terminación se expresa en ganancias de peso vivo cercanos a cero o inclusive perdidas.
Frente a este escenario, la planificación forrajera aparece como una herramienta central para estabilizar la producción. El objetivo es transformar el excedente de pasto del verano en alimento disponible para el invierno, reduciendo los altibajos productivos propios de los sistemas pastoriles de la región.
Entre las alternativas disponibles se encuentran la confección de heno mediante rollos o fardos; la elaboración de silajes a partir de cultivos como maíz, sorgo o pasto elefante; el diferimiento de potreros -en especial en sistemas silvopastoriles-; y la incorporación de cultivos específicos para el invierno como caña de azúcar o verdeos de avena, raigrás, cebada o centeno. Todas estas estrategias permiten lograr una alimentación más estable y previsible a lo largo del año.
A pesar de sus beneficios, la adopción de reservas forrajeras todavía presenta limitantes en muchos establecimientos de producción de carne y leche familiares. Entre las principales dificultades se encuentran la falta de planificación anticipada -ya que el invierno debe pensarse desde la primavera anterior-, limitaciones de infraestructura, necesidad de capacitación técnica y, especialmente, el acceso a maquinaria adecuada.
Tecnología pensada desde la demanda de los productores
En este contexto, una alternativa tecnológica desarrollada específicamente para productores con chacras de no mucha superficie ganadera comenzará a evaluarse en Misiones durante los próximos días. Se trata de una mini enrolladora diseñada en la Estación Experimental Agropecuaria Sáenz Peña del INTA, en la provincia del Chaco, a partir del trabajos realizados por el CECAIN (Centro de Capacitación Integral) y la Facultad de Ingeniería de la UNNE mediante un proyecto PROCODAS.
La innovación surgió a partir de una necesidad concreta planteada por productores de baja escala que realizaban el corte del pasto de manera manual y necesitaban una solución económica para reducir el volumen del material y facilitar su conservación. El desafío fue desarrollar una máquina simple, accesible y adaptable a tractores pequeños.
El resultado fue una enrolladora de núcleo flojo, de fácil manejo y mantenimiento simplificado. Uno de sus aspectos distintivos es su diseño mecánico: todos los rulemanes poseen el mismo tamaño, lo que facilita las reparaciones, mientras que el sistema hidráulico permite operar el equipo de manera sencilla desde el tractor. Además, puede transportarse en una camioneta doble cabina, favoreciendo el uso compartido entre productores o grupos asociativos.
Inicialmente pensada para trabajar con alfalfa, la máquina fue posteriormente probada con distintas especies forrajeras -como brachiaria, trigo y centeno- generando rollos livianos de entre 15 y 20 kilos, adecuados para sistemas ganaderos familiares.
En Misiones, las primeras pruebas locales se realizarán junto a productores ganaderos y lecheros para evaluar su adaptación a las condiciones forrajeras provinciales y su potencial como herramienta para mejorar la planificación alimentaria del rodeo.






