Patricia Couceiro
Máster en Constelaciones
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A veces uno quiere que todo vuelva a la normalidad. Pero, ¿qué es la normalidad? ¿Lo que era antes? ¿Lo conocido, lo de siempre? Muchas veces sostenemos lo que ya no funciona solo para no cambiar el esquema, para quedarnos en algo que parece seguro, casi mágico, pero que en realidad nos da estabilidad conocida. Eso que “siempre fue así”.
¿Y qué es, entonces, la normalidad? A veces, para que las cosas cambien, hay que hacer un gran esfuerzo por no volver atrás. A veces hay que hacer frente, adaptarse, dejar que pase la ola y recién después reordenarse. Otras veces, para que todo cambie, todo se pone patas arriba de golpe.
Y luego vuelve a estructurarse, pero de otra manera. Quizás más simple. Más sencilla. Distinta, y esa otra manera es un nuevo encuentro, un nuevo comienzo, un nuevo aprendizaje, una nueva forma de estar en la vida.
Y sí, da miedo. Da miedo porque es imprevisto, porque es lo nuevo, porque es lo que nunca hicimos. Por eso, no esperes nada prefijado. Aceptar la incertidumbre es aceptar el cambio. La vida no responde a planes fijos ni a estructuras rígidas.
Cuando todo está demasiado definido, el camino se vuelve estrecho y la experiencia pierde aire. Los planes fijos muchas veces no sostienen: aprietan. Nos atan a expectativas, a resultados, a formas conocidas que ya cumplieron su ciclo.
Liberar no es perder. Liberar es confiar. Liberá la idea de cómo tendría que ser. Liberate de la necesidad de control, de la exigencia de entender todo, de tener certezas inmediatas. Cuando soltás lo prefijado, aparece el movimiento. Cuando aceptás la incertidumbre, aparece la posibilidad.
Y cuando te liberás por dentro, la vida encuentra la forma de reordenarse sola.
Que cada uno pueda encontrarse en su centro, confiar en sí mismo y saber que, pase lo que pase, siempre vamos a estar a salvo. Que cada uno, al final, va a encontrar el camino que le toca vivir.
Y ese camino no aparece de una vez. Se va creando día a día, con cada pensamiento, con cada agradecimiento, con cada bendición. Así se abre el camino. Así se despeja. Y así llega lo que verdaderamente nos toca a cada uno de nosotros.








