En dos escuelas rurales y comunidades guaraníes de Bonpland, los días previos al inicio de clases estuvieron cargados de mochilas nuevas, útiles escolares y caras que se reencontraron después de varios meses.
Es que la campaña “Una Mochi como la Tuya”, impulsada por la ONG Mamis Solidarias, recorrió nuevamente la provincia para entregar kits escolares y acompañar a chicos y chicas en el arranque del ciclo lectivo.
En total, repartieron 400 mochilas y zapatillas nuevas, que llegaron gracias a la colaboración de una red de padrinos y madrinas, que donaron el valor de una mochila, y el equipo que armó los kits adaptados a cada grado y escuela.
Laura Furman, fundadora de Mamis Solidarias y participante del recorrido, compartió con PRIMERA EDICIÓN sus sensaciones después de varios días de trabajo.
“Poder acompañar el inicio del ciclo escolar de estos chicos es fundamentalmente transformador, pero para la vida de ellos, no para la nuestra. Creo que el pensamiento de una ONG justamente es ese, ¿no? El poder transformar el presente de otra persona”, aseguró Furman.
El compromiso que empezó con un pedido
El trabajo de Mamis Solidarias en Misiones comenzó en 2017, cuando recibieron un mensaje desde Bonpland contando la situación que atravesaban algunas comunidades guaraníes de la zona. Hasta ese momento, el voluntariado trabajaba solamente en Buenos Aires.
Según recordó Furman, ese llamado les motivó “a cruzar nuestros miedos, nuestra zona de confort, y decir ‘¿por qué no? Vamos a conocerlos’”. Así llegaron a las comunidades Ivoty Okara y Mainomby, ubicadas en las cercanías de Bonpland, hace casi 10 años.
“Una vez que estuvimos ahí nos enamoramos del lugar y de la gente. Empezamos a cranear campañas solidarias como las que hacíamos en el conurdano bonaerense, para tratar de replicarlas, considerando sobre todo la pobreza estructural en la que vivían las comunidades”, contó Furman.
Con el tiempo, la red se extendió hacia otros puntos, como las aldeas Guaporaití y Sapucai, donde trabajan en conjunto con la Fundación Padre Marx. La Escuela 116 en el paraje Ojo de Agua y la Escuela 131, en Bonpland, se sumaron más tarde. “Son escuelas que están fuera de las comunidades, los chicos que asisten son de las chacras de la zona. Son lugares que conocimos una vez que empezamos a hacer las visitas”, explicó Furman.

Una mochila propia
“Una Mochi como la Tuya” fue la primera acción solidaria de la ONG. “El nombre surgió cuando intentamos poner en práctica esto de ‘ponete en el lugar del otro’. Cada mochila está pensada en base a la edad y ciclo escolar, y la fuente que utilizamos para armar cada kit son los docentes”, explicó Furman.
Por eso, el contacto con las escuelas y aulas satélite se mantiene durante todo el año, para saber qué necesita cada lugar antes de organizar las visitas, generalmente a cargo de 4 o 5 voluntarios.
Para los estudiantes de estas comunidades, la mochila propia tiene un significado especial. “Por la precariedad en la que viven, no tienen la opción de acopiar. Por más de que una mochila esté en buenas condiciones, con el paso del tiempo nada dura, porque todo se moja, todo se embarra”, contó Furman.
Y para los voluntarios, transformar ese contexto es la clave, “Vemos en cada nene y nena una oportunidad de que su paso por el colegio los ayude a abrir su mente, a aprender a tomar decisiones. La escuela es como una segunda casa, siempre pensamos en eso y poder estar ahí presentes para nosotras es un montón”, cerró Furman.
Historias que marcan
Las entregas son un momento de reencuentro. Los voluntarios vuelven a ver a los chicos y ven sus avances con el paso de los años.
“En 10 años hay muchas historias que nos han marcado. Puntualmente, tenemos un nene que lo conocimos hace mucho y ahora ya está en quinto año de la secundaria, en Cerro Corá. Camina 10 kilómetros todos los días para llegar a la ruta, tomarse el colectivo e ir al colegio. Y eso para nosotros es un ejemplo”, contó Furman.
“Con 17 años todavía se acuerda de nosotras y en cada viaje viene a abrazarnos”, agregó.



