
Hablar de perfección en un mundo cargado de imperfecciones es como un chiste, pero no lo es. Fue Stephen Hawking quien señaló que el universo no es perfecto y que la imperfección es necesaria; sin ella, no existiríamos, destacando que somos producto de un universo imperfecto en evolución.
Desde la biología estamos frente a un proceso constante de transformación, si te equivocas puedes remediarlo, sin temores, solamente repitiendo el patrón de manera mejorada. Puede que nos salga perfecto de una, pero si no es así, entonces volvemos a hacerlo hasta lograr lo que deseamos.
Cuando hablamos de perfección universal, nos referimos a todo, absolutamente todo lo que existe en la Tierra es necesario y es perfecto en el momento exacto que tiene que ocurrir. Cuando nuestra mirada cambia y vemos perfección, el entorno se convertirá en maravilloso. No es magia, es física cuántica, es la perfección que hace que todo gire normalmente. A veces duelen los cambios, pero son necesarios para la evolución personal, familiar, grupal y universal.
Cada ser humano es una gota en el océano, esa gota tiene vida propia, consistencia, sentimientos y puede accionar, moverse. Sin esa gota se produce el desbalance, muchas veces imperceptible.
Tengamos en cuenta que todo lo que tenemos delante manifiesta el equilibrio necesario para que coexistan luz y oscuridad. Todo debe sintonizarse con la Ley Universal del Equilibrio. El famoso yin yang y estamos en un sistema que no es estático ni perfecto como entendemos la perfección, porque esa es una idea absurda. Precisamente somos perfectos siendo imperfectos, cada persona es en sí misma perfecta con sus “desperfectos”.
Entonces, miremos el mundo sin nubes, lo miramos y decimos está todo bien. Claro que en nuestra comprensión humana de milenios en los que se buscó la perfección nos cuesta aceptar, pero cuánto más felices seremos sin la presión de la belleza, de la comida, de los detalles, de las decoraciones. Respirar, meditar, estar aquí y ahora ya es motivo de felicidad.




