En el imaginario social, los moteles suelen cargar con un estigma difícil de sacudir. “En el inconsciente está como un lugar de trampa”, señaló la propietaria, reconocen desde el Motel más antiguo de la ciudad de Posadas (1972). Sin embargo, la realidad que se vive puertas adentro dista bastante de esa idea instalada ya que aseguran que la mayoría de los clientes son parejas estables que buscan un espacio de intimidad que no encuentran en sus hogares.
“La situación económica hizo que muchas parejas no se junten fácilmente o hayan vuelto a vivir con sus padres”, explican. En ese contexto, el motel aparece como una alternativa posible para compartir momentos que, de otro modo, resultarían imposibles. Incluso en fechas simbólicas como el Día de San Valentín, el movimiento no responde necesariamente a lo que se espera. “Acá no se da el movimiento que se da el día anterior y el posterior. No todos los que vienen son enamorados, muchos sí, otros no tanto”, señalan.
La clientela es diversa y atraviesa todas las edades, aunque con diferencias marcadas según los días. “Los chicos más jóvenes son más de los fines de semana y durante la semana vienen los mayores”, detallan. También advierten un cambio cultural en las generaciones más jóvenes: “Te das cuenta de la mentalidad de ellos, los que vienen no tienen problema de que los veas”.
La crisis económica atraviesa de lleno al rubro. “Nos vamos moviendo de a poco porque con la situación económica bajó mucho la ocupación. A la gente le subís un mínimo y ya lo siente”, explican. Actualmente, el establecimiento cuenta con tres niveles de habitaciones, con precios que oscilan entre los 14 mil y los 16 mil pesos, adaptándose a distintas demandas y posibilidades. “La diferencia es que la intermedia plus es mucho más grande, tiene ropa de cama de primer nivel y la silla erótica que mucha gente la pide”, comentan.
A la baja estacional habitual de diciembre, enero y febrero, meses de vacaciones, se suma una caída aún más marcada en comparación con otros años. “El número de clientes bajó muchísimo más”, aseguran. Mantener el negocio abierto implica enfrentar costos crecientes: insumos, impuestos y servicios que no dejan de aumentar.
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Las anécdotas también forman parte del día a día. “Gente que quiere salir muy apurada o que te dice ‘la otra salida no funciona’”, relatan. El motel, que originalmente contaba con dos salidas, hoy solo mantiene una por la imposibilidad de sostener mayores gastos. “Con menos clientes, vas jugando”, resumen.
A pesar de todo, el esfuerzo continúa. “Este es el primer motel de Posadas, así que se trata de ir retocando, de ir sosteniendo”, afirman. En un contexto adverso, el desafío no es solo económico, sino también cultural: desarmar prejuicios y mostrar que, lejos de la clandestinidad, estos espacios siguen siendo parte de las nuevas formas de vincularse.







