El 6 de febrero marcó un antes y un después para la industria ganadera nacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, oficializó un decreto que eleva el cupo de exportación de carne vacuna argentina de las históricas 20.000 toneladas a un total de 100.000 para el año 2026. Esa medida, que representa la liberación de 80.000 toneladas adicionales de recortes magros sin aranceles, se divide en cuatro tramos trimestrales que ya comenzaron a ejecutarse.
Según la administración norteamericana, la decisión responde a una necesidad imperiosa de frenar los precios récord que pagan sus consumidores tras una serie de desastres naturales, como sequías severas e incendios, que diezmaron su stock interno y generaron disrupciones en su mercado de carnes magras.
Para el gobierno de Javier Milei, el anuncio se celebra como un hito fundamental de la relación estratégica entre ambos mandatarios.
Costo interno de la apertura exportadora
A pesar del optimismo oficial, la contracara de este “éxito comercial” golpea directamente el bolsillo de los ciudadanos.
Marcelo Betancur, propietario del Mercado Solidario en el Mercado Central de Posadas, dialogó con PRIMERA EDICIÓN y advirtió que “la carne ya comenzó a subir en las carnicerías locales debido a que los frigoríficos están priorizando el cumplimiento del cupo premium de exportación hacia el mercado norteamericano”.
Esta demanda externa por hacienda de calidad “genera una competencia por el mismo stock bovino disponible”, lo que inevitablemente filtra los aumentos hacia el mostrador doméstico.
En ese sentido explicó que “aunque el grueso del volumen extra sea carne magra industrial y no cortes como el asado o el vacío, el efecto sobre el precio de la hacienda en pie es generalizado”, lo que reduce la oferta local y la ajusta al alza “para desincentivar el consumo interno y liberar más producto para el exterior”.
Betancur sostiene que esto es algo que pasa siempre en la historia argentina: “Cuando un mercado grande como el norteamericano abre la puerta de par en par, los precios locales trepan en el corto plazo”.
Asimismo, agregó que “en un país marcado por la inflación persistente, la carne se convierte nuevamente en un lujo para las familias de ingresos medios y bajos, siendo el consumidor final quien paga el costo de la apertura”.
Ante ello, este producto, que constituye un alimento básico en la dieta argentina, se encamina nuevamente a convertirse en un artículo de lujo debido a políticas nacionales que, si bien son necesarias para la macroeconomía, “carecen de un plan integral para aumentar la producción de forma acelerada mediante incentivos reales al campo, mayor cantidad de vientres y expansión de los feedlots”.
Precios locales y cambio de hábitos
En diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, Betancur proporcionó detalles específicos sobre cómo esta situación afecta a la provincia. “Actualmente se registró una suba superior al 10% en todas las categorías de feedlot, afectando especialmente al novillito y la vaquilla, mientras que el precio de la vaca y el novillo pesado se mantienen con una mayor estabilidad”.
En ese contexto, explicó que el pedido de Estados Unidos se enfoca exclusivamente en pulpa magra para estabilizar el precio de su carne molida, “lo que podría provocar que en el mercado interno solo queden disponibles cortes específicos como la costilla, mientras que el resto de las pulpas sufrirán aumentos constantes por ser el principal objeto de importación”.
Respecto a los precios vigentes en el Mercado Solidario de la ciudad, Betancur detalló los valores de los cortes populares: “El kilo de paleta se sitúa en $6.900 y $6.300 la aguja, mientras que la chuleta alcanza los $7.500 y el asado los $7.900. Sin embargo, en el caso de la carne de ternera, los costos son significativamente superiores, con la aguja partiendo desde los $8.900, la paleta en $9.000 y la chuleta llegando a los $12.000 por kilo”.
Finalmente, ante esta situación, reconoció que “la gente comenzó a consumir un poco más de pollo por una cuestión de necesidad debido a que es un producto que quedó en una posición económica muy ventajosa frente a la carne vacuna, aunque el consumo de esta última todavía se resiste a caer definitivamente”.




