Tenía 14 años en marzo de 2023 cuando rompió el silencio porque ya no podía dormir. Buscó a un compañero de escuela y a una docente para que la ayudaran porque estaba aterrorizada: su victimario era su primo de 24 años y abusó sexualmente de ella dos veces, entre marzo y septiembre de 2022.
Ayer y tras dos jornadas de debate oral en el Tribunal Penal 2 de esta capital, fue condenado a 11 años de prisión un joven de 27 años, detenido desde hace tres años y acusado por “abuso sexual con acceso carnal, dos hechos en concurso real”, previsto y reprimido por el artículo 119, tercer párrafo, del Código Penal Argentino.
Los jueces Martín Alejandro Rau, César Antonio Yaya y Augusto Gregorio Busse lo hallaron culpable en coincidencia con el alegato del fiscal Vladimir Glinka y en sentido totalmente a lo solicitado por el abogado particular del encartado, quien solicitó la absolución por el beneficio de la duda o, subsidiariamente se lo condenara por el delito de “estupro”.
Durante los alegatos y sentencia de ayer, en los que PRIMERA EDICIÓN estuvo presente como único medio, se pudo determinar que los hechos que se debatieron ocurrieron en marzo y septiembre de 2022. El primero cuando la menor se encontraba con sus hermanos de visita en la casa de su tía y madre del acusado en Garupá.
Allí le pidió a la menor que lo acompañara en moto hasta un lugar donde lo esperaba una mujer. El ardid consistió en hacerla creer que ella cuidara la motocicleta mientras él se encontraba con una amiga.
Aceptó sin sospechar algo malo y transitaron calles oscuras con casas precarias hasta desembocar en un hotel transitorio. Allí la víctima preguntó dónde estaba la mujer con la que se encontraría y el primo le dijo: “Está adentro, vamos”. Entraron a una pieza y ahí ella advirtió que estaban solos los dos en ese lugar y fue el momento en que la violó mientras le suplicaba que la llevara con su hermano porque sola tampoco podría salir del barrio que no conocía.
Consumado el abuso el imputado le dijo a la niña que no contara nada porque sería su culpa si la familia se destruía. Dos cuadras antes de llegar a la casa de su tía, la hizo bajar de la moto y que llegara caminando por si surgían sospechas.
Durante los seis meses siguientes y la adolescente ya sin poder dormir por el miedo, siguió padeciendo el acoso de su primo.
Hasta la noche del sábado 23 de septiembre cuando regresó con sus hermanos y primos de una fiesta electrónica que se realizó en la costanera posadeña. Retornaron y cuando se encontraba en su habitación por dormir, en la planta alta de la casa, irrumpió su primo y volvió a abusar de ella.
Tras los abusos y con desesperación, la menor comenzó flagelarse realizándose cortes en los brazos, bajó su rendimiento escolar, lloraba sin parar y arrastrando el insomnio de miedo por lo que pidió a su madre dormir con ella en reiteradas ocasiones. Compañeros de la escuela en la zona oeste de Posadas, la acompañaron a relatar su calvario a una profesora de confianza. Desde ese momento intervino la Policía y la Justicia provincial.
Ayer, durante su alegato, el fiscal Glinka resumió: “En estos casos la versión más simple es la correcta, se trata de credibilidad. Ella no ganó nada contándolo, al contrario pasó a ser la chica abusada de su escuela y en su casa la señalada de haber roto una familia. Ella no inventó nada, fue abusada dos veces, imposible guardar tantos datos durante seis meses con intención de mentir”.
“Pintón” y “metejón”
Respecto al alegato de la defensa, se oyeron polémicos términos como “despecho” de la víctima o que se habría obsesionado con su primo “pese a que no es un muchacho pintón”.
Sin controvertir el expediente el abogado calificó como “relato traído de los pelos y no podemos caer en presunciones para acreditar un hecho (…) Acá lo más probable es un metejón de la adolescente con su primo”.




