El sable corvo del general José de San Martín, uno de los símbolos más emblemáticos de la independencia sudamericana, fue trasladado del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo, donde quedará bajo custodia tras lo dispuesto en el Decreto 88/2026. La medida se concretó luego de que la Justicia Federal rechazara una cautelar presentada por descendientes de antiguos custodios del arma.
El sable podrá ser visitado por el público a partir de este domingo 8 de febrero en el histórico Cuartel de Palermo, sede del cuerpo creado por el propio San Martín. El traslado se da en paralelo al acto oficial que encabezará el presidente Javier Milei en San Lorenzo, junto al gobernador Maximiliano Pullaro, en conmemoración de la gesta sanmartiniana.
La decisión reactivó una controversia legal de larga data, ya que los herederos de Manuela Rosas y Máximo Terrero sostienen que la cesión del sable al Estado argentino fue exclusiva para su guarda en el Museo Histórico Nacional, por lo que el cambio de destino podría implicar la reversión de la propiedad a la familia. Si bien la jueza Macarena Marra Giménez, del Juzgado Contencioso Administrativo Federal N.º 12, rechazó la medida cautelar, la cuestión de fondo aún no fue resuelta por la Justicia.
Un arma de combate, no de lujo
El sable fue adquirido por San Martín en Londres en 1811, poco antes de regresar a Sudamérica. Se trata de un sable morisco de hoja alfanjada, austero y sin ornamentación, elegido por su funcionalidad en combate y no por su valor estético.
Estudios metalográficos determinaron que la hoja es un “shamsir” de acero de Damasco, forjado en Oriente Medio mediante una técnica preindustrial, lo que descartó su origen europeo. San Martín adoptó este modelo por considerarlo ideal para las cargas de caballería, y lo utilizó como referencia para equipar a sus Granaderos.
El legado, la donación y los robos
En su testamento, San Martín legó el sable a Juan Manuel de Rosas, en reconocimiento a su defensa del honor nacional frente a las potencias extranjeras. Tras la muerte de Rosas en el exilio, el arma pasó a manos de Juan Nepomuceno Terrero y luego a su familia.
Recién en 1897, tras gestiones del entonces director del museo Adolfo Carranza, la familia Terrero Rosas aceptó donar la denominada “espada redentora” al Estado argentino. El sable arribó al país el 28 de febrero de ese año y quedó bajo custodia del Museo Histórico Nacional.
La historia del arma volvió a sacudirse en 1963, cuando fue robada por un grupo de la Juventud Peronista, liderado por Osvaldo Agosto, con el objetivo de enviarla a Juan Domingo Perón durante su exilio. Tras negociaciones, fue devuelta al Ejército. El sable fue robado nuevamente en 1965 y recuperado un año después.
Luego de esos episodios, permaneció bajo custodia de los Granaderos en un templete blindado, hasta que en 2015 fue trasladado nuevamente al Museo Histórico Nacional por decisión del entonces gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, donde permaneció hasta este nuevo traslado dispuesto por la actual administración.
Fuente: Agencia de Noticias NA




