La imagen volvió a repetirse sobre la costa del río Uruguay y en los principales pasos fronterizos de Misiones. Grupos de jóvenes con mochilas, familias completas con lo puesto y trabajadores solos que parten con la idea de “probar suerte” del otro lado. La migración laboral hacia Brasil, un fenómeno histórico en la provincia, volvió a ganar visibilidad en las últimas semanas, aunque con características distintas a las de años anteriores y con lecturas contrapuestas entre gremios, dirigentes políticos e intendentes.
A diferencia de otros veranos, cuando la ventaja cambiaria del real funcionaba como principal atractivo, esta vez el tipo de cambio juega menos. Sin embargo, la salida se mantiene -e incluso se profundiza en algunas zonas- impulsada por la falta de trabajo, la caída del consumo y el deterioro de las economías regionales. La discusión ya no gira solo en torno a cuánto se gana en Brasil, sino a la imposibilidad de sostener la vida cotidiana en Argentina.
El tema volvió al centro del debate tras un video que se viralizó en redes sociales, donde el diputado provincial Cristian Castro dialoga con un grupo de jóvenes que se dirigía a trabajar a Caxias. En la grabación, el legislador pone en cuestión el discurso que señala a los jóvenes como desinteresados por el empleo y muestra a seis misioneros que cruzaban la frontera para cosechar manzanas.
Allí relatan que en Brasil reciben alojamiento, comida y transporte, y que el dinero que logran ahorrar lo destinan a ayudar a sus familias o invertir cuando regresen.
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Castro, que además de diputado es docente y excoordinador del Centro de Fronteras, sostiene que lo que se ve este año supera lo observado en temporadas anteriores. Según explicó, desde comienzos de enero se registra un movimiento constante de trabajadores que piden ayuda para completar trámites y antecedentes.
En San Javier, afirmó, se observa un flujo diario que no baja de veinte personas por día, una dinámica que también se repite en otros puertos como Alba Posse y Panambí. Desde su mirada, el fenómeno ya no se limita a la cosecha. Señaló que, además de tareas rurales, hay misioneros que consiguen empleo en la construcción, en comercios y en servicios. Relató que algunos jóvenes que partieron hace dos años no regresaron y hoy están radicados en Brasil, incluso con responsabilidades jerárquicas.
En uno de esos casos, recordó que un exalumno suyo fue ascendido a capataz tras aceptar jornadas extensas y trabajo los fines de semana.
Testimonios que reflejan el cambio
Las historias personales ponen rostro al fenómeno. Una mujer que emigró recientemente contó que trabaja en una panadería en Santa Rosa, donde cobra más de un millón de pesos mensuales al cambio actual y cumple jornada de lunes a viernes. Relató que recibe desayuno, almuerzo, traslado y uniforme, por lo que decidió quedarse a vivir en Brasil. Dijo sentirse conforme con su situación y aseguró que inició los trámites para regularizar su documentación.

Según explicó Castro, los ingresos actuales rondan entre 700 mil pesos y un millón por mes, libres de gastos, ya que la mayoría de los empleadores cubre vivienda, servicios y comida. Reconoció que el real ya no ofrece la ventaja de hace dos años, cuando llegó a cotizar por encima de los 300 pesos, pero afirmó que eso dejó de ser determinante frente a la falta de oportunidades del lado argentino.
Incluso entre los jóvenes que aparecen en el video viralizado, algunos admitieron que habían votado al actual Gobierno nacional y que hoy se sentían arrepentidos. Varios relataron que provenían de la actividad yerbatera o de empleos que se perdieron por la caída del consumo, y que el viaje a Brasil se convirtió en la única opción inmediata.
Miradas más cautas desde los municipios
No todos comparten la idea de un éxodo definitivo. Intendentes y funcionarios de municipios de la costa del Uruguay reconocen que el movimiento existe, pero relativizan su magnitud. Desde varias comunas señalaron que se trata, en su mayoría, de salidas temporarias, ligadas a la temporada de cosecha o a trabajos puntuales, con regreso asegurado tras dos o tres meses.
Algunos jefes comunales insistieron en que este comportamiento se repite todos los años y que no observan, al menos por ahora, un aumento significativo de familias que decidan radicarse en Brasil de manera permanente. Admitieron que el contexto económico local empuja a buscar alternativas, pero sostuvieron que el fenómeno no difiere sustancialmente del de temporadas anteriores.
Otros, en cambio, reconocieron que aunque el patrón sea similar, la diferencia está en el motivo. Señalaron que, aun con un tipo de cambio menos favorable, los trabajadores se van igual porque “acá no hay nada”, una frase que se repite en casi todos los testimonios.
Desde otra intendencia de la costa del río Uruguay aportaron una mirada similar, aunque con algunos matices. Señalaron que históricamente los trabajadores misioneros aprovecharon las temporadas laborales en Brasil y que ese comportamiento no es nuevo.
En ese sentido, remarcaron que actualmente el sector productivo en el estado de Río Grande do Sul mantiene un nivel de actividad elevado, lo que genera una fuerte oferta de empleo.
A ese escenario anterior, explicaron, se sumaron las consecuencias de las inundaciones registradas en distintas regiones del sur brasileño, que provocaron desplazamientos internos de trabajadores y reacomodaron el mercado laboral. Esa combinación, indicaron, amplió la demanda de mano de obra y abrió oportunidades que son aprovechadas por jóvenes.
Trabajadores rurales: una mirada crítica desde UATRE
Desde el gremio rural, la lectura es más alarmante. El secretario gremial de UATRE en Misiones, Carmelo Rojas, advirtió en su momento en diálogo con PRIMERA EDICIÓN que la migración dejó de ser estacional y pasó a convertirse, en muchos casos, en una decisión definitiva.
Al hacer un balance del último año, describió un escenario marcado por la pérdida sostenida del poder adquisitivo, el freno de las economías regionales y la falta de perspectivas laborales. Rojas explicó que los salarios quedaron muy por detrás de la inflación y que el techo paritario profundizó esa brecha. En ese contexto, sostuvo que actividades como la yerba mate atraviesan una crisis que golpea de lleno a los trabajadores. A su entender, la combinación de caída salarial y retroceso de derechos laborales no tiene antecedentes recientes y empuja a muchas familias a abandonar la provincia.
El dirigente gremial remarcó que, a diferencia de otros años, ahora se observa a trabajadores que se trasladan con todo su grupo familiar y no regresan. Afirmó que esta situación ya no se limita a zonas fronterizas, sino que se extendió a localidades del centro de Misiones.
La pérdida de empleo formal y el cierre de pequeñas empresas, sumados al impacto de las importaciones, completan un cuadro que, según Rojas, deja a miles de personas sin alternativas.






