A sus 88 años, Florentino “Tino” Ayala sigue siendo una figura del mundo de las reparaciones de bicicletas en Posadas. Con más de 68 años dedicados al oficio, su nombre está ligado a generaciones de ciclistas que pasaron por su bicicletería en busca de una reparación, un consejo o simplemente una charla entre herramientas y recuerdos.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN Tino respondió que “en el mundo de las bicicletas tengo 68 años”, toda una vida dedicada a su taller. Con menos de 20 años, sus primeros pasos los dio de la mano de un maestro del oficio: “El arreglo de bicis a mí me enseñó un tal Urquiza, él me enseñó a armar ruedas”, recordó, antes de iniciar una larga trayectoria que lo llevó a trabajar durante más de dos décadas en Casa Juañuk, un comercio emblemático de la ciudad.
El salto a la independencia marcó un antes y un después. “Cuando uno es medio dueño de una cosa, cambia totalmente. Me mejoró al 100%”, contó. Desde entonces, la bicicletería Ayala se convirtió en su segundo hogar, un espacio que lo vio llegar cada día antes del amanecer y retirarse entrada la noche, en épocas en las que las bicicletas llenaban las calles.
Tino fue testigo privilegiado de una Posadas donde la bicicleta era el principal medio de transporte. “Había muchas bicis, mucho laburo. Yo venía a las seis de la mañana y me iba a las ocho o nueve de la noche”, recordó. Obreros, empleados y vecinos del centro confiaban sus rodados a un oficio que entonces era esencial y muy valorado.
Con el paso del tiempo, la tecnología transformó el rubro. “Ahora está cambiando totalmente el modelo de bicicleta. Vienen los rodados 29”, explicó, al señalar que las bicicletas más nuevas requieren menos reparaciones. “Las 26 eran viejas, ahí uno trabajaba más”, dijo.
Hoy, aunque las consultas ya no son las de antes, la bicicletería sigue abierta. “Estamos flacos de plata, no hay moneda, pero vamos llevando”, admitió. Las reparaciones son menos frecuentes y los clientes, distintos. “Ahora es poca gente, más del centro. Antes era todo obrero”, comparó, con la memoria intacta de quienes alguna vez cruzaron su taller.
Aunque ya no está al frente de las reparaciones diarias, tarea que hoy continúa su hijo Ricardo, Tino no falta a su cita cotidiana con la bicicletería. Allí sigue recibiendo a quienes lo conocen desde siempre. “El que me conoce, viene”, dijo. Y así, entre bicicletas modernas y modelos que ya son historia, Florentino Ayala sigue pedaleando firme en un oficio que lo acompañó toda la vida.









