• Por Claudia Doi.
Con el tiempo aprendí a volar aunque no tuviese alas.
Aprendí a caminar aunque estuviera descalza. Aprendí a escuchar aunque estuviese en medio del caos. Con el tiempo entendí que está bien estar cansada a veces.
Entendí que tropezar es parte de la vida y que lo malo es instalarse en ese lugar. Entendí que muchas personas pasarán por mi vida, pero pocas se quedarán y está bien así.
Con el tiempo entendí que hay relaciones que no se recuperan y que no todo merece ser salvado.
Con el tiempo me cansé de tratar de reparar lo que estaba roto, entendí que soltar también es amar.
Aprendí que el silencio a veces responde más que mil palabras, y que no hay que correr detrás de lo que no quiere quedarse. Entendí que la paz vale más que tener la razón, que no todos los finales son tristes, y que hay despedidas que abren nuevos caminos.
Con el tiempo aprendí a mirarme con ternura, a no exigirle tanto al corazón, a cuidar a quien me cuida y dejar ir a quien me hiere.
Y sobre todo, entendí que crecer duele, pero también florecer después de cada invierno es una forma de renacer.





