Desde muy chico, Ángel “Bichy” Vargas supo que la música iba a ser su camino, ese que llevó desde lo más profundo de la tierra colorada a los principales escenarios. “Desde que tengo uso de razón, a los cuatro o cinco años ya cantaba en la escuelita de la picada, allá en el lugar donde me crié, y que en muchas letras le nombro a la famosa Picada Indumar”, recordó Bichy en la FM 89.3 Santa María de las Misiones.
“Siempre estuve en las peñas, en los festivales cantando, y también en academia de música, aprendiendo el instrumento, aprendiendo a tocar la guitarra. También un tiempo estuve bailando, hice danza en una escuela de danza aquí en 2 de Mayo”, repasó.
Con el paso del tiempo llegó lo que define como una etapa de madurez artística y personal, “donde pude contar y sacar lo que tenía en el alma. Mi alma decía que me encanta vivir, me encanta compartir, me encanta el día a día, me encanta la gente”, expresó. En ese proceso, la escritura se volvió una herramienta para narrar vivencias propias y colectivas: “La tarea de poder contar esas vivencias, las nuestras, las propias, las auténticas, las que son de nuestra identidad, creo que fue ese momento donde pude encontrar y escribir”.
Sobre su forma de componer, Vargas explicó que música y letra suelen nacer juntas. “Yo me siento más cómodo construyendo dentro de una melodía. Obviamente que a veces sale la poesía y va a mi agendita azul, que la llevo a todos lados porque la inspiración no dice cuándo llega. Llega y llega”, contó entre risas. Luego, esas ideas se transforman en canciones: “Siempre le voy armando la estructura dentro de una melodía”.
Muchas de sus obras surgieron de la distancia y la nostalgia. “Las canciones que nacieron, ‘Galpón de Chacra’, ‘Soy chacrero’, todo nació desde el momento donde yo me alejaba de mi lugar, donde sentía esa nostalgia de la tierra, del lugar, de mi gente”, relató.
Uno de los casos más resonantes es Reviro con Tykue í , una canción que sorprendió incluso a su autor. “Es impresionante cómo uno se va sorprendiendo, porque generalmente las canciones tienen un tiempo de maduración, pero fue una canción que en tan poco tiempo gustó y prendió en chicos y grandes”, destacó. Fue tanta la explosión musical, que el tema trascendió los escenarios y hoy “se canta en varias escuelas de la provincia de Misiones, profesores se lo enseñan a los chicos, lo cantan en encuentros de coro y algunas academias de danza lo interpretan en sus coreografías”.
Ese vínculo con el público es, para Vargas, una de las mayores recompensas. “Obviamente que sale lo que sale del alma, pero cuando la gente se apropia de la canción es algo muy maravilloso, realmente inexplicable”, afirmó.
El humor y la energía positiva son parte central de su propuesta. “Siempre tratamos de buscar el humor como gancho. Misiones es una provincia divertida, alegre, y tratamos de mostrar también ese lado”, explicó, sin dejar de lado otras facetas creativas, como El pan nuestro, material disponible en YouTube y Spotify.
Finalmente, Vargas destacó el rol fundamental de la familia en su camino artístico. “Mis sueños son sus sueños también”, dijo al referirse a sus hijos, y remarcó que el acompañamiento familiar es clave: “Esto de cantar y de soñar requiere el 100% de la compañía de la familia, es algo muy importante”, concluyó.




