La producción ovina en Misiones atraviesa un proceso de transformación y crecimiento sostenido, registrando un incremento del 9,4% en los últimos tres años (2023 a 2025).
Según datos oficiales que brindó Ricardo Spachuk, director general de Sanidad Animal del Ministerio del Agro a PRIMERA EDICIÓN, la actividad involucra a más de 800 productores distribuidos en 829 unidades productivas, con un stock registrado de 17.891 cabezas, aunque, al contabilizar los corderos nacidos aún no registrados, la cifra se estima entre 20.000 y 21.000 animales.
En cuanto a la distribución geográfica, el sur de la provincia concentra la mayor parte del stock, con aproximadamente un 62%, y el resto se reparte entre la zona centro (Aristóbulo del Valle, Oberá, Campo Viera y Campo Grande), el área de Montecarlo y Eldorado y la zona norte (Andresito, San Pedro e Irigoyen). Por su parte, el sector caprino mantiene una escala menor, con cerca de 450 productores y un stock de 4.774 cabezas.
Perfil del productor
Según explicó Spachuk, la actividad se caracteriza por un fuerte componente social: “Más del 80% son pequeños productores con majadas que oscilan entre los 20 y 50 vientres”. Teniendo en cuenta esto, destacó que estos productores, que anteriormente se limitaban al autoconsumo, “hoy están transitando hacia un modelo emprendedor, organizándose para la venta de excedentes”.
En esa línea, desde el Ministerio del Agro se trabaja bajo cuatro pilares: sustentabilidad productiva, económica, ambiental y social. Esta labor se realiza de manera articulada con instituciones como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Agricultura Familiar y SENASA, enfocándose en capacitaciones sobre retención de vientres, selección de futuras madres e incorporación de reproductores para garantizar un desarrollo gradual de la unidad productiva.
Yerba mate y eficiencia ovina
Una de las innovaciones más relevantes en el sistema productivo misionero, según comentó Spachuk, es la integración del ovino en los yerbales: “Los productores están utilizando a las ovejas como una herramienta de control biológico de malezas. Mediante el uso de boyeros eléctricos y pastoreo rotativo, los animales se alimentan del pasto entre los linos de yerba sin dañar las hojas del cultivo”, explicó.
Asimismo, la presencia del ganado aporta un beneficio sistémico mediante la incorporación de materia orgánica a través del bosteo y el orín, mejorando la fertilidad del suelo de manera natural.
“Esta optimización del espacio permite transformar una actividad exclusivamente yerbatera en una unidad de producción de proteína animal de alta calidad”. En términos de eficiencia, Spachuk explicó que “el sistema se destaca porque en superficies reducidas, donde una vaca requeriría hasta dos hectáreas para alimentarse, es posible criar entre 15 y 20 ovejas, convirtiéndose en una opción ideal para chacras de 25 a 50 hectáreas”.
Por su parte, Alejandro Bartel, médico veterinario y productor, indicó a PRIMERA EDICIÓN que “el ovino puede consorciarse con bovinos sin requerir espacios exclusivos”.
Además, destacó una ventaja sanitaria: “Al alimentarse de pastos más bajos, la oveja actúa como un controlador biológico de parásitos que no afectan a su especie, pero sí a las vacas”.
Infraestructura y desafíos
En la zona norte, el crecimiento se ve respaldado por avances en infraestructura. Diego Ozurkiewicz, productor de Andresito, también dialogó con este Diario y señaló que en 2025 se inauguró una línea específica para faena ovina en el frigorífico de la cooperativa COPROSA. “Estos avances dan respaldo y los productores nos animamos a invertir más”, afirmó.
A pesar de la expansión, el sector enfrenta el desafío de desestacionalizar el consumo, ya que, según indicaron, siempre estuvo vinculado a las festividades de fin de año, pero el hábito está cambiando gradualmente. Ante ello, Bartel observa que “la demanda de cordero comienza a aparecer en diferentes épocas de año”, mientras que Ozurkiewicz subraya “la necesidad de trabajar en la oferta de diferentes cortes para consolidar una clientela sólida y masiva en la provincia”.
La producción ovina se perfila como una herramienta estratégica para la seguridad alimentaria familiar y una unidad económica rentable que permite a los pequeños productores misioneros generar proteína animal de alta calidad en superficies reducidas.





