Los chicos exploran. Se caen, investigan, prueban. Y muchas veces, en ese proceso, terminan introduciéndose objetos en la nariz o en los oídos. Para los adultos, la escena suele generar pánico inmediato; para los especialistas, en cambio, no todos los casos revisten la misma gravedad.
La Dra. Gabriela Sosa Jost, otorrinolaringóloga, explicó en una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones qué situaciones constituyen una verdadera urgencia, cuándo se puede esperar, qué jamás debe hacerse en casa y por qué las pilas botón representan el mayor riesgo sanitario en la infancia.
La especialista fue clara y categórica: la pila botón es siempre una urgencia médica, ya sea que se aloje en la nariz, el oído o que sea ingerida.
“Cuando la pila entra en contacto con la mucosa y se humedece, comienza a liberar óxido. Eso quema y lastima los tejidos”, explicó. En el caso de la nariz, puede perforar el tabique nasal en muy poco tiempo y generar fiebre, malestar general e infecciones. Si es ingerida, el daño puede producirse en el esófago, con consecuencias graves.
En el oído, la pila botón puede liberar óxido y provocar hipoacusia, es decir, pérdida de audición por agentes externos.
Hoy, aunque ya no se usen relojes como antes, los niños siguen teniendo contacto permanente con estas pilas a través de juguetes, vinchas con luces, lentes luminosos y objetos electrónicos de baja calidad, muchos de los cuales tienen compartimentos mal asegurados.
“No digo que no se compren juguetes con pilas, pero hay que revisar que tengan tapa con tornillo. Si no, asegurarlas con cinta adhesiva o directamente retirar la pila cuando el adulto no puede supervisar”, recomendó.
Los objetos más frecuentes que los chicos se introducen en la nariz son goma espuma, cartón, semillas, cuentas de pulseras y collares. Muchas veces el niño no lo cuenta o ya lo olvidó.
El signo clave es el olor fétido unilateral: mal olor persistente que sale de una sola fosa nasal, con o sin secreción.
“Eso es cuerpo extraño hasta que se demuestre lo contrario”, afirmó la médica. En esos casos, la indicación es consultar al pediatra o al otorrinolaringólogo, sin intentar resolverlo en casa.
En el oído, si el objeto es inmóvil (plástico, piedra, semilla), no suele ser una urgencia. Puede retirarse al día siguiente o incluso tiempo después, siempre por un profesional. La excepción vuelve a ser la pila botón.
En cambio, si entra un insecto vivo -mosca, mosquito, cucaracha, garrapata-, la conducta cambia.
“Lo primero que hay que hacer es colocar aceite: aceite común, vaselina líquida o aceite Johnson. Eso inmoviliza al insecto, lo ahoga y evita que siga lastimando el conducto”, explicó. El aceite, además, no produce ardor, a diferencia del alcohol.
La médica desaconsejó terminantemente el uso de alcohol boricado en estas situaciones, ya que si el insecto lesionó el conducto, el ardor puede ser intenso y empeorar el cuadro.

Nunca intentar sacar el objeto en casa
Uno de los errores más frecuentes es usar pinzas, hisopos o elementos caseros para intentar retirar el cuerpo extraño.
“El problema es que muchas veces lo empujan más adentro o lastiman el conducto. Después, con dolor e inflamación, la extracción médica se vuelve más difícil”, advirtió. Por eso, la recomendación es clara: no manipular y acudir a un profesional.
Los casos se repiten más de lo que se cree. Según la especialista, uno o dos pacientes por semana consultan por cuerpos extraños, durante todo el año.
La edad más frecuente va de los 2 a los 5 o 6 años, aunque en niños más grandes también se observan conductas intencionales, como colocarse papel o cartón en el oído “para no escuchar”.
“Hay chicos que vienen una, dos y hasta tres veces por el mismo motivo”, señaló.
Verano, piletas y otitis
En esta época del año, además, aumentan las otitis externas, conocidas como “otitis de pileta”. El agua contaminada puede infectar la piel del conducto auditivo y provocar dolor intenso.
El tratamiento incluye gotas óticas y, en casos más avanzados, antibióticos por vía oral.
La recomendación al salir de la pileta es simple y concreta:
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Secar el oído solo hasta donde entra el dedo con la toalla o la remera.
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No usar hisopos ni cotonetes.
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No colocar alcohol boricado de rutina.
“El alcohol puede resecar demasiado la piel del conducto y generar otros problemas. Si no hay dolor ni sensación de agua retenida, no hay que poner nada”, explicó.
Solo los pacientes que ya conocen su patología y tienen indicación médica específica saben cuándo usar gotas o alcohol.
La doctora insistió en que no se puede estar 24 horas encima de un chico y que los accidentes ocurren incluso con cuidados.
Por eso, la clave está en:
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Respetar las edades indicadas en los juguetes.
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Evitar objetos con piezas pequeñas.
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Controlar especialmente las pilas.
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No culpabilizarse, pero actuar rápido y con información.
“Lo importante es no perder la calma y consultar. Lo más grave son las pilas botón. El resto, bien manejado, suele tener buena evolución”, concluyó.




