Por la Dra. María Virginia Busnelli,
Médica especialista en Nutrición (MN 110351).
Presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN)
Con estos días de calor, la hidratación vuelve a ocupar un lugar central en las conversaciones. Aparece en el consultorio, en las recomendaciones médicas, en las redes sociales y también en las modas del momento. Y no es casualidad: las altas temperaturas aumentan la pérdida de líquidos y exigen que prestemos más atención a cómo y cuánto nos hidratamos.
El agua es esencial para la vida. Participa en la regulación de la temperatura corporal, el transporte de nutrientes, la digestión, la eliminación de toxinas y el buen funcionamiento muscular y cognitivo. Una hidratación insuficiente puede manifestarse con cansancio, dolor de cabeza, mareos, calambres, baja concentración y disminución del rendimiento físico.
Cuando hablamos de hidratación, no hablamos solo de tomar agua. Hidratarse implica incorporar líquidos a lo largo del día, de manera regular, y también aprovechar alimentos con alto contenido de agua, como frutas y verduras. Sandía, melón, frutillas, naranja, pepino, tomate o lechuga son aliados naturales del verano.
Pero en nuestro país, hablar de hidratación, también es hablar de mate. Es parte de nuestra identidad, un ritual cotidiano y social que nos acompaña todo el año. Sin embargo, cuando suben las temperaturas, el mate caliente empieza a quedar en pausa y aparece la versión del verano: el tereré.
Esta alternativa más fresca gana protagonismo y, en los últimos años, se convirtió no solo en una opción frente al calor, sino en una verdadera tendencia. En playas, plazas, oficinas y también en redes sociales, el tereré ocupa cada vez más lugar como forma de refrescarse sin resignar el ritual del mate.
El tereré se prepara con yerba mate y agua fría o helada. Desde el punto de vista de la hidratación, el tereré puede ser una alternativa interesante para sumar líquidos, sobre todo en personas a las que les cuesta tomar agua sola.
En la práctica, hoy la forma más habitual de preparar tereré es con bebidas saborizadas o, en el lenguaje cotidiano, con jugo. Muchas veces se trata de jugos en sobre, que aportan azúcares, colorantes y saborizantes artificiales. El punto a tener en cuenta es que, al igual que el mate, el tereré suele consumirse de manera cotidiana y durante varias horas del día. Esto hace que, cuando se prepara con productos industrializados y altos en azúcares, su consumo no sea ocasional, sino sostenido en el tiempo, lo que puede impactar de forma constante en nuestra hidratación y en la salud metabólica.
Pero la buena noticia es que preparar una bebida fresca, rica y que combine perfectamente con el tereré es simple y accesible. Al agua fría se le pueden agregar rodajas de frutas, de las que más te gusten, y sumar hierbas aromáticas, logrando sabor sin necesidad de añadir azúcar. Estas combinaciones no solo refrescan, sino que también permiten disfrutar del ritual con una opción más natural.
Algunas ideas sencillas: rodajas de limón con menta; naranja con jengibre fresco; frutilla con albahaca o pepino con limón. Pequeños cambios que suman sabor, frescura y mejor hidratación. Para aprovechar mejor el tereré y disfrutarlo como parte de una hidratación consciente durante el verano, vale la pena tener en cuenta algunos puntos.
Qué suma
- Refresca y ayuda a incorporar líquidos en los días de calor.
- Mantiene el ritual social del mate, adaptado a las altas temperaturas.
- Permite sumar sabores naturales a partir de frutas y hierbas.
Qué conviene considerar
- Aunque sea frío y refrescante, el tereré no reemplaza al agua como principal fuente de hidratación a lo largo del día.
- Al contener yerba mate, aporta cafeína, por lo que es recomendable alternarlo con agua.
- El uso de jugos en polvo, concentrados o saborizantes artificiales suma azúcares, sodio y aditivos que no favorecen la hidratación ni la salud.
Más allá de las modas, hidratarse bien en verano es un hábito que se construye con pequeñas decisiones cotidianas: llevar una botella de agua a mano, no esperar a tener mucha sed para hidratarse, tomar agua antes, durante y después de la actividad física, sumar frutas y verduras frescas a las comidas, limitar las bebidas azucaradas y alcohólicas y, sobre todo, prestar atención a las señales del cuerpo.
Entre botellas de agua, frutas frescas y rituales compartidos como el tereré, la clave está en el equilibrio. Todo suma a la hidratación diaria, con el agua como base y la posibilidad de encontrar formas placenteras de incorporar líquidos a lo largo del día, hidratarse también puede ser disfrutable y sostenible





