Como cada verano, los grandes festivales del folclore argentino concentran la atención de públicos, artistas y referentes culturales de todo el país. Pero detrás del brillo de los escenarios, la participación de las provincias se construye con procesos largos, esfuerzo colectivo y una red de apoyos que combina vocación artística, gestión cultural y acompañamiento institucional. En ese marco, Misiones vuelve a estar representada este verano en Cosquín y Laborde, dos plazas centrales del calendario folclórico nacional.
La presencia misionera se da tanto en el Certamen para Nuevos Valores Pre Cosquín 2026, que se desarrolla del 3 al 19 de enero en la ciudad cordobesa de Cosquín como antesala del Festival Nacional de Folclore -programado del 24 de enero al 1° de febrero en la Plaza Próspero Molina-, como en el 58º Festival Nacional del Malambo, que se lleva adelante en la localidad de Laborde desde el 11 y hasta este sábado 17 de enero.
Laborde: una semana intensa en la Capital Nacional del Malambo
Ubicada a 280 kilómetros de la ciudad de Córdoba, Laborde ostenta el título de Capital Nacional del Malambo desde 1966, cuando nació allí el festival que hoy sigue vigente con una fuerte impronta federal. Hasta ese escenario llegó la delegación misionera coordinada por Luis Stivala, delegado provincial del certamen y profesor de Danzas Folclóricas Argentinas.
La comitiva arribó en la madrugada del domingo 11 de enero y, tras una semana de competencia e intercambio cultural, regresaron a Misiones ayer sábado. La representación provincial incluyó malambo menor, juvenil, mayor -aspirante a campeón nacional-, veterano, cuarteto de malambo mayor, conjunto de danzas, cuadro costumbrista, paisana nacional y solista de canto, conformando una delegación de 60 integrantes de distintas localidades de la provincia.
“Participamos con bailarines de diferentes puntos de Misiones y en múltiples rubros. Representar a la provincia en un festival nacional es una responsabilidad enorme, pero también una alegría que confirma que el esfuerzo vale la pena”, señaló Stivala. Además de la competencia, la delegación compartió música y danza en una visita especial a un hogar de ancianos de la zona, sumando una dimensión social a la experiencia cultural.
Cosquín: competencia, formación y proyección
En paralelo, la presencia misionera en Cosquín se despliega en múltiples planos. En el Pre Cosquín 2026, Misiones está representada en danza por el ballet Alma Gaucha de Oberá, dirigido por Lidia Mareco, que participa en el rubro danza folclórica estilizada, y por la pareja de baile integrada por Elvio Rivero y Alejandro Dhein.
En el rubro musical, el compositor e intérprete obereño Ezequiel Garrido compite en Canción Inédita con su obra “Sombreros sobre el río” y también participa como solista vocal. Además, forma parte de los espectáculos callejeros, de la Peña Oficial y de la Peña de los Misioneros en el centro cultural Patio de la Higuera, uno de los espacios paralelos que amplían la experiencia coscoína más allá del escenario principal.
“Vinimos a participar en dos rubros y a quedarnos durante el festival mayor. La idea es armar una propuesta colectiva, con más instrumentos y más presencia misionera, para contarle a la gente lo que hay en Misiones e invitarla a conocernos”, explicó Garrido.
Ensayos, autogestión y apoyo compartido
Lejos de la imagen de un viaje espontáneo, la participación en estos festivales es el resultado de meses de preparación, ensayos intensivos, organización logística y actividades autogestivas. El ballet Alma Gaucha accedió al certamen nacional tras consagrarse en la sede provincial realizada en Eldorado y desde entonces profundizó su preparación artística y física.
“Hubo un sacrificio inmenso. Para llegar hasta Cosquín hay un trabajo enorme detrás: juntar dinero, preparar coreografías, entrenar todos los días”, remarcó Alejandro Dhein, director coreográfico del grupo. La directora Lidia Mareco coincidió en destacar que el desafío solo fue posible gracias a un esquema de esfuerzo compartido, que incluyó el acompañamiento de la Secretaría de Estado de Cultura de Misiones, aportes de municipios, empresas y el respaldo de la comunidad.
Ese mismo esquema se repite en Laborde. “Nada de esto se logra en soledad. Hubo esfuerzo de los artistas, apoyo de las familias, de los municipios, del sector privado y del Estado”, señaló el secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap, al valorar el trabajo colectivo que permitió sostener la presencia misionera en ambos festivales.
La experiencia coscoína también incluye una dimensión menos visible, pero central: la formación y el intercambio cultural. La periodista misionera Laura Cáceres, especializada en folclore, vuelve este verano a Cosquín para cubrir el festival por decimoquinta vez consecutiva, consolidando una trayectoria vinculada no solo al espectáculo, sino también a los congresos, ateneos y espacios de reflexión cultural.
“Cosquín no es solo la Plaza Próspero Molina. Son los encuentros con pares de todo el país, los talleres, las charlas, los escenarios callejeros, las peñas hasta la madrugada. Todo eso también es Cosquín”, explicó. En los últimos años, Cáceres participa activamente del Congreso Nacional de Folclore y del Ateneo, donde representa a Misiones en instancias de intercambio federal.
Desde esa mirada, destacó además el crecimiento de nuevas generaciones de artistas misioneros: “Celebro a estas camadas que, aun en tiempos de crisis, arman su valija llena de ilusiones y entienden que la territorialidad también se construye viajando, compartiendo y aprendiendo. Ese es el milagro coscoíno: siempre hay un faro de esperanza”.
La presencia de Misiones en Cosquín y Laborde no se explica solo por el talento individual, sino por un entramado de trabajo colectivo que permite sostener la cultura aun en contextos económicos complejos. Competencia, formación, identidad y proyección conviven en una experiencia que va mucho más allá de ganar o perder.
En esos escenarios, la provincia no solo muestra artistas: pone en juego una forma de construir cultura, basada en el esfuerzo compartido, la identidad territorial y la convicción de que el folclore sigue siendo un espacio vivo de encuentro, aprendizaje y proyección nacional.





