La 38 edición del Curso de Introducción a la Teología y Ucranística -conjunto de estudios sobre Ucrania, su cultura, su lengua- se desarrollará en Leandro N. Alem hasta el fin de semana y alberga a más de 40 estudiantes y docentes provenientes de distintos puntos de Argentina. Esta actividad intensiva que tiene lugar todos los veranos es organizada por el Instituto de Cultura y Educación Ucrania “Patriarca Jósyf Slipyj”, dirigido por el sacerdote Nazari Kashchak.
Víctor Basterretche, de Buenos Aires, y Liliana Schwiderke, de Oberá, son en esta ocasión, directores interinos del curso del que fueron alumnos. Explicaron que el objetivo es aprender, en primer lugar, el idioma. Se trata de un nivel básico que, en el caso de viajar a Ucrania, el alumno pueda “defenderse, entenderse e ir profundizándolo”. Asimismo, se dan nociones de geografía y de historia, y se estudia la cultura popular ucraniana y la cultura académica. En la práctica de la cultura se enseñan artesanías: ornamentación de los huevos de pascua (pesanké), bordado, collares con mostacillas, tallado, y la cuerda de oración, una especie de rosario confeccionado con nudos. Se estudia el catecismo católico con una adaptación al rito bizantino. Se complementa con “la historia de la Iglesia ucraniana, la literatura ucraniana y un poco de la filosofía”, dijo Basterretche, quien recordó al fundador de este curso, el doctor en economía, Miguel Wasylyk, “ucraniano nativo, con una cultura amplísima”.
Contó que en la Catedral Ucraniana de Buenos Aires “Santa María del Patrocinio” se hacía algo parecido a esto, todos los domingos antes de la celebración de la Divina Liturgia. Estaba destinado a niños pequeños hasta quienes estaban finalizando el secundario. De esta manera, iban aprendiendo el idioma, la catequesis y se iba incorporando la historia, la filosofía, la literatura. “Pero solo se hacía en la Catedral, no así en las parroquias ucranianas del país, debido a la falta de personal. Entonces Wasylyk, tuvo la idea de hacer algo compacto en verano. Habló al cardenal Slipyj -cuyo nombre lleva el instituto organizador-, quien reunió dinero y lo envió a nuestro país para que la obra se organice y se ponga en marcha. El primero se hizo en Buenos Aires y después se trasladó a Misiones, con sede en Apóstoles y luego, aquí en Leandro N. Alem”, expresó.
En esta oportunidad, asiste un alumno de Chaco, un profesor de Mendoza, alumnos de la ciudad de Buenos Aires, dos de CABA -uno nacido en Venezuela y otro en España- y, de Misiones llegaron desde Oberá, Concepción de la Sierra, Posadas, San Vicente y Apóstoles, además de los locales. La mayoría de los integrantes del cuerpo docente realizó el curso como alumno y luego se incorporó como profesor. El único caso es el de Carlos Antonio Titus Peczak, que ingresó a la actividad como profesor de historia, al igual que las religiosas de la Orden de San Basilio Magno (OSBM) que siempre se destacaron en la enseñanza. Este año, son representadas por la hermana Daniela, que está radicada en Leandro N. Alem y está abocada al dictado de idioma y rito bizantino. Este año se desempeña como profesor de geografía, Ezequiel Montero Benítez, un veterano de la guerra de Ucrania.
Basterretche sostuvo que, a pesar de la situación de dolor por la que atraviesa Ucrania, “tenemos pibes que se interesan mucho por aprender y vienen al curso, a pesar que algunos están sacrificando sus vacaciones o una parte de ellas. Es horrible la situación de la madre patria invadida arbitrariamente por alguien que no se resigna que el régimen soviético ya ha muerto”.
Amar lo que se conoce
Schwiderke indicó que, en los alumnos, “genera muchísimo interés conocer estas realidades dolorosas. Para nosotros como profesores y, ya un poco más grandes, la sensibilidad está muy a flor de piel. Cuesta en algunos casos porque nos gana la emoción, porque uno ya no solamente cuenta las cosas hermosas y bonitas que tiene el país de nuestros abuelos, sino que también hay que contar todo este sufrimiento y obviamente que juegan muchísimo las emociones, pero creo que esa también es una forma de transmitir realmente”.
Añadió que “insisto con que no puede amar aquello que no conoce. Noches atrás, luego de la cena, monseñor Daniel Kozelinski, nos brindó una charla sobre cómo fue el camino de sufrimiento de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana bajo el régimen soviético, el nivel de hostigamiento, el nivel de persecución hacia sacerdotes, obispos, religiosas, consagrados que han sido deportados a Siberia, torturados por defender a la Iglesia, por defender su fe. Y, cómo, a pesar de la clandestinidad se daba catequesis, se celebraban los sacramentos, se formaban seminaristas y se consagraban sacerdotes”.
Emocionada, aseguró que, cuando “uno conoce la historia plena de todo lo que involucra al pueblo ucraniano, no se puede menos que sentirse orgulloso de la sangre que corre por nuestras venas porque realmente es un pueblo que sufrió muchísimo y continúa sufriendo, pero que, a pesar de eso, no piensa en ningún momento en doblegarse. Está dispuesto a defender su libertad, su derecho a la autonomía, el derecho a su fe, con todos los elementos posibles. No se ve que en Ucrania haya interés en terminar la guerra y doblegarse. Ucrania anhela defender hasta el último pedacito de su territorio. Y eso logramos también, a veces desde la emoción, transmitírselo a los chicos”.
Experimentando
Ivo Fideleff (21), es de Capital Federal. Comentó que es la primera vez que participa del curso. “Vine principalmente porque me interesaba profundizar el idioma ucraniano. Mis bisabuelos se escaparon de las persecuciones en Ucrania. Ingresé a la catedral de la Eparquía, y hace dos años recibí el bautismo”.
“Allí me enseñaron un ucraniano propicio para el habla, pero me interesaba mucho el estudio un poco más formal del idioma. Vine específicamente por el idioma, cosa que está siendo espectacular. Me gusta. Es personalizado, se nota que saben mucho y lo hacen con mucho cariño”, contó. También “me sorprendió el nivel de geografía, de historia, cultura, las manualidades, las artesanías. No puedo decir que son vacaciones porque el curso es intensivo, pero es algo distinto, muy lindo”, agregó.
Confió que “tenemos liturgia todos los días. Es algo a lo que no estoy acostumbrado, pero es hermoso poder comulgar, cantar. Vale la pena despertarse temprano. Creo que la fe tiene que ir primero por sobre la cultura, por, sobre todo, porque es la raíz de todo”. Sobre la convivencia aseguró que “es espectacular. Todos vienen acá a ser amigos, a pasarla bien”.

“Siempre es muy duro hablar sobre la guerra”
Ezequiel Montero Benítez (34) es explosivista y fue convocado a dar clases de geografía para los alumnos del primero de cuatro niveles, que asisten al curso. También tuvo a su cargo la charla para graficar la invasión rusa a Ucrania. Manifestó que viajó para “trabajar en la invasión a gran escala, en lo que conocemos como guerra de Ucrania, porque tengo amigos del Ejército Argentino que fueron a pelear por esta ‘causa justa y santa del pueblo ucraniano’. Cuando llegaron, vieron que faltaban explosivistas, me invitaron y estuve tres meses desminando, demoliendo y formando a explosivistas ucranianos”. Su tarea se desarrolló en Kyiv, la capital. También “en el Sur, en la zona de Mykolaiv y Jersón; en el Noreste, en Járkov y en Kramatorsk y alrededores, Limán, Izium y pasando un poquito Pokrovsk, que ahora está rodeada por los rusos”.
Sostuvo que antes de la guerra no tenía ningún tipo de contacto con la colectividad ucraniana. “Después pasó lo que pensé que no iba a pasar, que era que iba a ir a trabajar como un profesional e iba a regresar a mi vida normal. Viendo el dolor del pueblo ucraniano, viendo todo lo que sucede en Ucrania, que Occidente no cuenta, que en Argentina no se escucha, no podía no conectarme con la colectividad ucraniana y empezar a transmitir lo que había vivido allí”, subrayó.
Al regresar, “empecé a asistir a la Divina Liturgia en la catedral de Buenos Aires, y a participar de actividades en distintas asociaciones ucranianas”. El Vicario General de la Eparquía Ucraniana, el padre Nazariy Kashchak, lo invitó a participar del curso para dar una charla sobre la guerra y contar las experiencias en ella para que todos los jóvenes que vienen a este curso escuchen lo que no pueden ver en las noticias o que otros no les cuentan”.
Finalmente, “terminé dando Geografía 1 porque sobre muchos de los lugares que tengo que enseñar, los caminé personalmente. El primer contacto de los alumnos con el mapa de Ucrania y sus provincias que se llaman óblast, está a mi cargo”.






