El avance de las redes sociales y la circulación de dietas sin supervisión profesional están modificando la relación de adolescentes y jóvenes con la comida. El cambio se nota sobre todo en los consultorios, donde especialistas de la nutrición observan un aumento de consultas relacionadas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

El Instituto de Previsión Social (IPS) elaboró un manual para personas que atraviesan TCA y sus familias. Aborda señales de alerta, el impacto de las dietas, entre otros temas. Se puede consultar escaneando el código QR.
Así lo advirtió la nutricionista María Laura Melgarejo, quien explicó en diálogo con PRIMERA EDICIÓN que este tipo de trastornos se presenta con mayor frecuencia en adolescentes, especialmente mujeres, aunque aclaró que atraviesa a todos los géneros y niveles socioeconómicos.
Además, Melgarejo recordó que Argentina es el segundo país del mundo con más casos de trastornos de la conducta alimentaria y apuntó que después de una “meseta” de casos durante el periodo 2010-2020, el fenómeno vuelve impulsado por la influencia de estereotipos de belleza y dietas restrictivas extremas difundidas en redes sociales.
Una problemática que vuelve
Las consultas por TCA dejaron de ser casos aislados hace por los menos dos años, pero Melgarejo evaluó que es una problemática que se agudiza cada vez más, no solo por el mayor número de consultas, sino porque los signos de alerta comienzan a edades cada vez más tempranas.
“Las causas son multifactoriales, tiene mucho que ver la parte social, pero también hay que saber que puede haber un origen biológico, psicológico y familiar”, indicó Melgarejo.
Estos trastornos se caracterizan por “comportamientos patológicos frente a la ingesta” de alimentos, que pueden manifestarse tanto por exceso como por restricción. Entre los más frecuentes, mencionó el trastorno por atracones, la anorexia nerviosa y la bulimia.
Su aparición es más habitual en adolescentes y jóvenes. “Hoy hablamos de una edad de entre 12 y 25 años, principalmente en el grupo de mujeres”, precisó.
Para Melgarejo, el impacto en las nuevas generaciones se vuelve a sentir de la mano de las redes sociales, que influyen cada vez más en la relación que los más jóvenes establecen con la comida, en muchos casos atravesada por estereotipos y presión estética que se refuerzan con el contenido que miran y comparten en distintas plataformas.
Redes sociales y “cultura de la dieta”
En las redes, los estereotipos de cuerpos ideales y los mensajes que asocian delgadez con salud “lo único que hacen es distorsionar la imagen de lo saludable”, advirtió Melgarejo, y sostuvo que “la perfección no existe, el cuerpo y el peso ideal tampoco”.
Los adolescentes son un grupo especialmente vulnerable porque toman esas imágenes como modelos a seguir, sin cuestionarlos. En ese escenario, las dietas, que también circulan en redes y se asumen sin cuestionamiento, se convierten en una herramienta para alcanzar ese objetivo.
“Ellos se prenden de eso que ven en TikTok, reels. Son cosas muy irreales y poco saludables. Realmente es muy triste porque hacen que los chicos tengan una información que no es real”, señaló Melgarejo.
La mayor preocupación surge de las dietas restrictivas y los ayunos no controlados por un profesional. Sobre las dietas, Melgarejo explicó que “cuando hablamos de restricción, hay algún grupo de alimentos que está siendo eliminado” y que esa decisión puede traer consecuencias como déficits y desequilibrios nutricionales.
“Hay miles de dietas restrictivas, realmente surge una nueva cada día, pero hay que saber que siempre que vamos a hacer una dieta o plan alimentario de este tipo tiene que ser guiado por un nutricionista”, agregó.
Por su parte, el peso es un tema que no puede abordarse de manera generalizada: cada persona requiere una evaluación individual y profesional. Por eso, las dietas restrictivas y que prometen soluciones instantáneas terminan derivando en mayor malestar y problemas de autoestima para los más jóvenes.
Cómo actuar: la importancia de acompañar
Para detectar los primeros signos de alerta, el primer paso es observar actitudes y cómo se comportan los y las adolescentes frente a los alimentos. La mesa compartida en la cena o el almuerzo son un momento clave para hacerlo.
Asistir a una consulta con un profesional también es recomendable, y Melgarejo advirtió que el tratamiento de los TCA no puede limitarse a la nutrición. “Tenemos que acompañar a las personas que están padeciendo esto, pero no solo desde la nutrición, sino también desde la parte psicológica y la salud mental”, aseguró.
“La familia pueda acompañarnos, porque claramente entra en juego cuando empezamos a evaluar a la persona y su historia personal. También hay que saber que es muy difícil que la persona pueda salir adelante si no tiene una contención”, completó.
Señales de alerta para detectar un TCA
La observación de cómo actúan los adolescentes frente a la comida es un paso clave para detectar los primeros síntomas de un TCA.
Según explicó la nutricionista Melgarejo, estos trastornos vienen acompañados por conductas de evitación y obsesión, por lo que ciertos patrones de comportamiento sirven de guía.
De acuerdo a la especialista, pequeños hábitos como el ayuno y el conteo obsesivo de calorías son un primer signo de advertencia, ya que convierten la alimentación en un plan calculado sin supervisión profesional. A la hora de alimentarse, prefieren hacerlo en soledad antes que en la mesa familiar.
Así, surgen excusas frecuentes (“ya comí”, “no tengo hambre”) y, en el caso de que se sienten en la mesa, recurren a medidas como cortar la comida en trozos muy pequeños o masticar de forma excesivamente lenta.
Las conductas más preocupantes, que también son las más conocidas, tienen que ver con adoptar dietas basadas en la restricción o eliminación de grupos alimentarios completos.
Esas restricciones derivan en episodios de atracones seguidos de vómitos. También recurren al uso de laxantes y al ejercicio físico excesivo sin control profesional.




