Por la crisis, crece la cantidad de vendedores informales

La mayoría son jubilados y desocupados. Remarcaron que se ven “obligados a vender en la calle” para ayudar en la economía hogareña. Lo que más se comercializa es la ropa usada. Más presencia de puntos de trueque.

21/07/2019 10:17

La crisis económica golpea con intensidad, principalmente a los sectores más vulnerables. Debido a la falta de ingresos, sumado al encarecimiento del costo de vida, una gran cantidad de personas busca, con la venta informal, recuperar algo del poder adquisitivo perdido en los últimos meses.

Así, en la ciudad de Posadas creció la cantidad de vendedores informales y “ambulantes” que se esparcen por diferentes espacios disponibles, donde se puedan acomodar con las mercaderías ofrecidas.

De esa manera, cada vez son más las personas que se dedican a vender diferentes productos, nuevos y usados, por ejemplo en los alrededores de las concurridas ferias francas, aprovechando la alta circulación que generan y que están ubicadas estratégicamente en diversos barrios.

Ante esto, PRIMERA EDICIÓN realizó un recorrido alrededor de las ferias francas capitalinas, que termina cubierto por los vendedores ambulantes, ubicándose en gran cantidad sobre las veredas y espacios verdes que las rodean.

Tal es el caso de las ubicadas en los populosos barrios Itaembé Miní y Villa Cabello. Antes de llegar al tinglado donde se instalan los productores llegados de diferentes municipios para ofrecer sus verduras y frutas frescas, una gran cantidad de puestos desarmables cubre el ingreso ofreciendo ropas, zapatillas, zapatos, frazadas, colchones, artefactos electrónicos, discos, elementos de pesca, muebles de madera, juguetes, productos de limpieza y comida, entre otras cosas.

La ubicación de los puestos informales se va determinando por orden de llegada y cada uno se acomoda dónde puede. Así pueden encontrarse vendedores hasta en las escalinatas que llevan a la Delegación Municipal de Villa Cabello o al frente de la Parroquia Jesús Misericordioso en Itaembé Miní.

Varios puestos poseen una estructura realizada con coberturas plásticas y de lona para cubrirse ante las inclemencias del frío o el intenso sol. Sobre las mesas esparcen sus productos que se agolpan uno encima de otro.

Al mismo tiempo, otros vendedores optan por acomodar sus mercaderías prácticamente en el suelo, sobre una tela extendida, sin ninguna protección. Cualquier rama de árbol, juego de la plaza o tejido de algún terreno, también son utilizados como improvisados percheros para exponer las ropas.

Testimonios de vendedores

Betty es una mujer jubilada que decidió unirse a los vendedores informales de Itaembé Miní con diferentes ropas y libros usados. “No es mucho, pero algo siempre se vende. Aprovechamos que viene mucha gente a comprar en la feria franca de los productores”, indicó en diálogo con este Diario y añadió: “Yo soy jubilada. El sueldo es tan escaso que necesitamos hacer esto. Vender algo es una ayuda para la economía del hogar, pero también me sirve para ocupar el tiempo”.

Además remarcó: “Esto me genera una distracción para no estar tanto tiempo encerrada pensando en las preocupaciones de plata. Todos siempre queremos vender un poco más en la feria pero es importante estar acá para hacer fuerza. Además se comparte con la gente, surgen conversaciones y así, mientras estamos haciendo el trabajo de vender, nos enteramos que somos muchas las familias complicadas. Eso nos une”.

“Que haya cada vez más vendedores en lugares así es una muestra de la grave crisis económica que estamos padeciendo. El sueldo de un jubilado es mínimo, y al ser tan cara la luz, el agua, la comida, todo lo que se necesita para vivir, buscamos vender algo para mejorar un poco aunque sea nuestra situación económica”, sentenció.

Por su parte, Mónica, vendedora de indumentaria, zapatos y juguetes comentó: “Vemos que cada vez se vende menos. Todo está muy complicado. A la gente le cuesta decidirse a comprar algo. Tenemos muchos precios baratos y se encuentra de todo en este lugar pero está costando vender algo. Se nota bastante que falta dinero en la calle. Antes era mejor la venta”.

“La cantidad de vendedores está creciendo: hace unos meses cubríamos una sola cuadra, ahora ya son más de 5 o 6 cuadras las que necesitamos para instalar los puestos de venta. Esto se da por efectos de la crisis económica. No queda otra que venir a la calle a luchar”, destacó.

María Rosa, desde su puesto cubierto con productos de limpieza, yerba suelta en bolsas plásticas y coloridas plantas y flores, indicó: “Nuestra venta es muy inestable. Siempre viene mucha gente del barrio a pasear, por eso hay días que se vende mucho pero la mayoría de las veces es muy poco lo que podemos ganar. Se nota que los clientes no tienen dinero, eso es lo que pasa en todos los hogares, en mi familia somos varios los que salimos a vender porque el dinero no nos alcanza y la gente que recorre acá, siempre es una cantidad importante, pero tampoco tiene tanto dinero para gastar”.

“Cada vez somos más los vendedores porque todo se está poniendo difícil. Se inventa cualquier cosa para vender, hay muchas familias muy desesperadas, y ésta es una forma honesta de tratar de salir de la mala situación”, expresó y amplió: “Lo que podemos recaudar nos sirve para ayudar con los gastos que cada uno tiene en su casa. Además, en la calle, es el único lugar donde se consigue venta, porque los comercios del barrio sabemos que la están pasando muy mal, es lo que nos cuentan. Seguramente para ellos es casi imposible poder pagar los costos de alquiler y servicios de un local. Está todo muy difícil”.

Consultada sobre el nivel de ingreso que obtiene, Silvia (al frente de un improvisado puesto de ropa usada, con las prendas sueltas sobre una tela en la vereda), dijo: “Yo no puedo venir siempre, pero cuando estoy veo que hay algunos puestos que venden más que otros. Es relativo. Lo que más se vende es la ropa. Los precios son muy baratos, ahora se consiguen abrigos gruesos, pantalones y remeras por 50 pesos. Por lo general se vende bien porque se consigue de todo, indumentaria para chicos y grandes, muebles y elementos para la casa. La variedad que se encuentra acá puede sorprender a cualquiera”.

“Se vende bien, es cierto, pero también vemos que el nivel de venta está decayendo cada vez un poco más. A todos los vendedores en general nos está pasando esto. Para tratar de vender algo bajamos los precios pero igual se complica. La ropa que alguien puede comprar en el microcentro posadeño no baja de mil pesos por un par de prendas, pero acá algo similar se puede conseguir por 100 pesos, de igual manera la gente que viene mira y revisa mucho los precios antes de elegir algo para comprar. Esa es una muestra que cuesta gastar porque hay poco dinero. Muchas familias tienen que elegir entre comer algo o comprarse ropa. Es entendible. Así de mal estamos”, calificó.

A su vez, también argumentó que “en la feria también se ve una mezcla de cosas, algunos vendedores traen mercaderías nuevas porque buscan hacer negocio con la reventa, lo cual está muy bien, y otros traemos cosas de nuestras casas para llevar algo de plata desprendiéndonos de algo que no se estaba usando. Lo que se llega a ganar sirve para pagar algunos servicios, es lo mínimo, o para algunas comidas. No para más que eso”.

“Yo soy jubilada con el salario mínimo. Los días que no vendo nada se me complica porque gasto dinero con la nafta que está carísima, pero está ese riesgo, y lo lindo es venir a la feria a compartir, conversar con las personas que se ponen a vender al lado, y sentir que nos acompañamos y ayudamos en este difícil momento. Se vive mucho compañerismo”, comentó.

En tanto que Armando Sosa, relató: “La mayoría de los que estamos acá somos desocupados. Estamos obligados a hacer esto porque no hay fuente laboral en ningún lado. En mi caso perdí mi trabajo hace un par de meses por recorte de personal. Primero me puse a vender pollos los fines de semana en la calle, pero en mi barrio ya son muchos los que hacen eso y se vende poco. Ahora estoy probando en la feria para tratar de vender unas herramientas que tienen mucho valor”.

Mientras que Alba, vendedora de ropa y electrodomésticos usados, destacó: “Ahora, en las últimas semanas, se vende mucho menos que antes porque aparecieron más vendedores. Hay que entender que la crisis está empujando a muchas personas a salir a la calle y tratar de ganar algo con la venta ambulante. Por día se puede ganar unos 300 pesos, es el promedio, que al decirlo así no parece mucho pero en la economía del hogar siempre sirve para cubrir algún bache urgente”.

Por otro lado, desde un puesto con muebles de madera, Ramiro Acosta aseguró que “pese a que todos estamos complicados y necesitamos vender algo sí o sí, nos ayudamos entre nosotros, es cierto que cada vez son más los vecinos que vienen y se ubican en algún lugar, donde sea, para vender. Eso hace que la plata posible se disperse pero nadie se enoja con un nuevo vendedor que aparece porque entendemos que la difícil realidad que uno vive en su casa se repite en miles de hogares”.

Luis, un joven vendedor de discos y artefactos electrónicos, relató: “Por suerte en este rubro siempre hay venta. La gente se acerca, por ahí dan más vueltas averiguando precio en otros puestos, pero la mayoría vuelve y compra algo”.

Puntos de trueque

El intercambio de bienes materiales o de servicios por otros objetos y utilidades, sin la intermediación de dinero como representante del valor en la transacción, acción conocida como trueque, también se hace presente en los puestos de venta informal.

Así lo confirmó Roberto, vecino de Villa Cabello, al decir: “Es tanta la falta de dinero que muchos concurrimos a estos lugares a ofrecer algún servicio a cambio de algo que necesitamos. En mi caso soy albañil y ya cerré un par de veces intercambio de algún trabajo que puedo hacer en la casa de alguien a cambio de un mueble o electrodoméstico que me interesa. Voy charlando con todos los vendedores que vienen acá, obviamente por la situación en la que están ninguno puede pagarme por mi oficio pero ofrecen a cambio alguna cosa que tienen a la venta”.

En tanto, una vendedora de ropa, de nombre Rosa Benítez contó: “Ya son varias las veces que cambié algo de la ropa usada que vendo por comida de algún puesto para llevar a mi familia. Cuando llego, trato de vender lo que pueda por dinero pero, cuando se acerca el mediodía y comienzan a desarmarse los puestos, si hubo poca venta busco hacer algún trueque. No queda otra que tratar de generar esos cambios, aunque una a veces sale perdiendo, porque la necesidad empuja. De alguna manera tengo que llevar comida a la casa”.