Reutilizan desechos del durazno y damasco para generar energía

Esto permite una reducción en el impacto ambiental negativo de la actividad agroindustrial.

15/12/2018 19:12

Según indicaron desde el INTI, la empresa utiliza gas para generar vapor que a su vez se emplea en la elaboración de conservas y mermeladas. Desde el organismo, se avanzó en el estudio de prefactibilidad y caracterización energética del residuo.

En este caso, las muestras correspondían a una mezcla de carozos de duraznos y damascos, materiales que permiten una rápida adaptación a su uso como combustible por su gran homogeneidad y estabilidad.

“Hoy más que nunca se está empezando a estudiar el aprovechamiento de algunas corrientes de residuos con gran potencial para ser valorizados, tenemos muchas consultas de empresas que ya no ven estos residuos como un desperdicio, los consideran como una materia prima o insumo para algún otro proceso de valorización. Este proyecto va a ser un disparador para otras empresas de la región”, expresó la ingeniera Natalia Vanin de INTI- Mendoza.

Si bien existen sistemas patentados disponibles tanto a nivel internacional como producidos por empresas locales que utilizan diferentes biomasas, no se dispone de un sistema similar para el uso de carozo de durazno. El desarrollo de ingeniería permitió realizar adaptaciones y cambios a los equipos de base para que permitan el adecuado procesamiento.

La fabricación del quemador y su adaptación a la caldera fueron realizados por la empresa mendocina TekMaq, quienes comercializan éste tipo de equipos bajo la marca Biotek, cuyo objetivo es el de remplazar el combustible fósil o no renovable por uno de menor costo y ecológico.

Esta iniciativa surgió a través del aumento rápido de los costos de energía y la preocupación por el suministro, que han derivado en que muchas empresas busquen nuevas alternativas tecnológicas para resolver sus problemas energéticos.

En este sentido, resulta cada vez más factible usar lo que algunas empresas consideran “residuos” y valorizarlos como biocombustibles para la generación de energía térmica o eléctrica.

Esto permite una reducción en el impacto ambiental negativo de la actividad agroindustrial, ya que, por un lado, se reduce la emisión de dióxido de carbono neto y, por otro, se reutiliza un desperdicio que pasa a ser un insumo del proceso.