Renard Cura, el ingeniero mecánico que eligió la naturaleza

Su carrera lo llevó a Europa y Estados Unidos, donde recibió la mejor capacitación, sin embargo él “debía” volver a Argentina para devolver a su país toda su experiencia. Llego al Litoral con los inicios de la obra de Yacyretá, pero sólo hasta la llegada de las grandes empresas. Entonces dio un cambio a su vida y apuntó a la educación ambiental.

14/10/2018 12:03

La imaginación de un niño, la fuerza de un joven, el empuje de un adolescente enamorado y la sabiduría de un adulto, siempre en su dosis justa, hacen de Renard Cura un hombre al que por momentos resulta difícil seguir el paso y más aún apuntar sus proyectos a pesar de sus 82 años, ligados hace ya un par de décadas a la educación y a la preservación de la biodiversidad, actividad a la que llegó como una causalidad de la vida y porque los vaivenes de este país conducen a reinventarse.

El mentor de Rincón Nazarí es ingeniero mecánico y, por las vueltas de la vida, “vine a este lado del mundo para trabajar en Yacyretá, entre el 81 y el 85, antes de que comenzara la obra principal, en lo que fue el trabajo previo, cuando llegaron los grandes empresarios para hacer la represa me echaron ‘fly’, ya molestaba”, recordó y añadió que había tomado posesión de una forestación, unas 200 hectáreas de pino y eucalipto, donde ahora trabaja en los últimos detalles de lo que será un predio para campamentos educativos, en el límite de Misiones. “Allí no se veía un solo pajarito, entonces me propuse plantar nativas e instalar colmenas para incentivar la polinización, era el año 83, hice una nota al Ministerio de Ecología solicitando árboles, tenía camiones y llené la planchada con cañafístolas, guayubira, loro negro, cedro, guatambú… con el tiempo se fue viendo la biodiversidad y hoy en día es impresionante la cantidad de aves que tenemos”, reconoció.

Renard Cura nació en Baigorrita, provincia de Buenos Aires, pero siendo muy pequeño se mudó junto a su familia a Junín, donde su padre era médico. Obtuvo su título de ingeniero en la década del 60, en la UBA, y fue su promoción la primera en tener la oportunidad de llevar a cabo un verdadero viaje de estudios a Europa, a través del Centro de Estudiantes de Ingeniería La Línea Recta.
“Teníamos que estar recibidos para subir al barco, en esa época había pocos aviones y eran muy caros”, confió. Y agregó que “necesitábamos oficializar el viaje, en Junín vivía Moisés Lebensohn, un líder político de la UCR Intransigente, y su esposa era paciente de mi padre, entonces intervino para conseguir una entrevista, éramos 29 y fuimos a la Casa Rosada, tenía 24 años y estuve frente a Frondizi que nos avaló, así que cada embajada argentina en Europa nos recibió como visita oficial y nos vinculó con las industrias”.

Esto le dio la oportunidad de pasar por Italia, Francia, Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda, Suecia, Noruega, Austria, Dinamarca… “Fue un viaje increíble, bellísimo, pudimos ver el progreso europeo post guerra, tuve oportunidad de ver Berlín en vías de reconstruirse, sin el muro, después con el muro y ahora sin el muro nuevamente”, apuntó.

Oportunidades de la vida

Este viaje de estudios le abrió las puertas a Londres, donde Renard se quedó con una beca y el sueño de especializarse en metalurgia, “sobre todo en la fabricación de aceros, veía el país en la época desarrollista, Argentina potencia, capaz de producir millones de toneladas de acero por año”, relató. Así fue como se desempeñó en los laboratorios de investigación y desarrollo de una empresa estatal mecánica y al finalizar el contrato no quería volver a Argentina, se truncó la posibilidad de ir a Francia entonces se embarcó a Estados Unidos, donde estaba su hermano.

“Tuve una muy linda experiencia, trabajé primero en una empresa que hacía ensayos e investigaciones sobre rotura de materiales, por ejemplo, se rompió un oleoducto en el Golfo de Maracaibo, en Venezuela, y había contaminado miles de kilómetros de mar, entonces nos llevaban los restos para analizar, surgió un inconveniente en el tambor centrifugador de un ingenio azucarero en Perú, mandaron los pedazos y se analizaron. Pero en Estados Unidos para crecer tenés que mudarte de empresa, así que pasé a trabajar en una fábrica de motores de aviación, fue muy interesante porque se produjo el desarrollo de los motores a reacción para los cohetes, estaba también el avión ultrasónico, se estudiaban distintos diseños, de pronto vieron que andaba bien y me ofrecieron la ciudadanía, pero cuando leí el formulario decía que tenía que renunciar a Argentina, tenía menos de treinta años y quería volver a mi país porque entendía que le debía todo, tuve educación gratis, todo, me sentiría un traidor, tenía que buscar regresar con mis conocimientos para retribuir a mi país, así lo sentía”, sostuvo.

Y obviamente esto repercutió. “Me mandaron al punto donde había empezado, busqué cambiar de empleo y me fui a Michigan, a una empresa de fundición de hierro maleable que trabajaba haciendo piezas mayormente para la industria automotriz, era jefe de laboratorio e ingeniero de proyectos, había convenios con distintas fundiciones del mundo para hacer las piezas de los autos en esos países, como conocía idiomas era el encargado de atender a las visitas, ahí pude palpar en forma directa la idiosincrasia de cada pueblo, el brasileño te decía tengo una lancha con motor así, necesito un repuesto de esa forma, pedía y lo conseguía; el mexicano llegaba y te decía tengo velero, quiero comprar tal cosa, hacía el pedido y se lo conseguía, también estaban los que querían salir de noche; en cambio los japoneses llegaban en un equipo de seis o siete personas, uno anotaba, el otro grababa, otro filmaba, uno sacaba fotos, mientras yo explicaba el proceso, ellos salían con el proceso, la pieza y todo mejorado, les veía los ojos brillar”, describió y entendió que esto habla de “cómo estamos”.

Una Argentina que no fue

Y sí, Renard “debía” devolver a Argentina lo que el país hizo por él. Regresó.
Desde principios del 80 y hasta el 85 trabajó en Ituzaingó, cumpliendo contratos con Yacyretá; luego convirtió su empresa de construcciones en una de servicios forestales. Enviaba raleo a Alto Paraná y volvía con los camiones cargados con pasta hasta que llegó la crisis de fines de los 90, cuando Brasil absorbió las exportaciones de papel. “Pensé en venderlo todo e irme a vivir al Uruguay pero no había ningún comprador así que tenía que reconvertirlo todo en algo útil a la sociedad”, mencionó.

Entonces surgió la oportunidad de convertir su propiedad en una reserva, proyecto que se concretó en poco tiempo, ya con 44 especies de aves registradas. Desde entonces la educación ambiental fue uno de los pilares de este ingeniero mecánico, que hoy sueña con finalizar la obra que llevan adelante en el campo, allí, en el límite de Posadas, Garupá y Corrientes, un lugar donde la naturaleza se siente a flor de piel y donde todo, absolutamente cada detalle está pensado para dejar un mensaje, desde la forma de la edificación hasta las plantaciones que la rodean.

“En 2001 organicé la Asociación Civil Rincón Nazarí, en 2002 un taller invitando a docentes de la provincia y en 2003 firmé un contrato con la EBY que se llamaba ‘Manejo de las cuencas urbanas a través de la educación ambiental’, para evitar que la gente contamine las cuencas, fue un éxito rotundo, empezamos con un contrato de seis meses, en 2004 también y en 2005 eran tantos los pedidos que trabajamos todo el año y siempre con una lista de espera”, memoró.

Obviamente todo esto requirió muchísimo trabajo y una constante capacitación, pero uno de los principales detonantes fueron unos talleres de enseñanza ecológica, que tuvieron lugar en Tandil, primero “en una escuela urbana, luego en una suburbana y por último en una escuela rural. Todo era con el ciclo de indagaciones, que debía cumplir con cuatro pautas, que se responda a primera mano, que sean comparativas, atractivas y sencillas, la cuestión es diseñar las preguntas de forma que cada una cubra un arco importante de las situaciones que ocurren en la naturaleza y las interrelaciones específicas que existen. Cuando volví entendí que este espacio tiene muchas más posibilidades que el patio de una escuela y más aún por ser una reserva urbana, en donde la acción del hombre incide mucho”, reconoció el ingeniero que desde entonces apunta siempre a la educación para la conservación del medio ambiente.

Proyecto Bandera Verde

Uno de los logros de Rincón Nazarí y su equipo de trabajo es el Sistema de Gestión Ambiental Escolar y Certificación Bandera Verde, destinado a establecimientos educativos con el propósito de contribuir al fortalecimiento de su autonomía, capacidad asociativa y visión integradora del rol de la escuela como un actor de la gestión ambiental local.

Este proyecto tiene carácter voluntario, es decir, es la comunidad escolar la que decide acogerse o no al sistema de certificación, por ende cuando lo hace adquiere un compromiso autoimpuesto, lo que le da otro sentido al trabajo a realizar, involucra a todo el cuerpo, padres o tutores, alumnos, docentes, personal auxiliar y comunidad en general.

La institución educativa deberá constituir un Comité de Gestión Ambiental, con representantes docentes, personal administrativo, personal auxiliar, comisión de padres, alumnos, comisiones barriales, funcionarios o representantes del Estado provincial, prestadores de servicios (hospital, CAP, Oficinas barriales, delegados municipales, otros). Este efectúa auditorías ambientales para establecer los diagnósticos de las distintas situaciones de las escuelas inscriptas y sus respectivos entornos. A partir de cada diagnóstico se prepara en conjunto con el comité ambiental de la escuela un plan de acción.

Cada establecimiento que cumple el plan de acción y aprueba la auditoría efectuada por el Comité de Certificación es galardonado con un Certificado “Bandera Verde “y la Bandera Verde para ser izada junto a los pabellones Nacional y Provincial.

Este exitoso programa comenzó a implementarse a partir de una propuesta a los Ministerios de Ecología y Educación de la Provincia en 2004 y permaneció hasta fines del 2015, cuando se produjo el cambio de Gobierno, del mismo modo que el otro muy exitoso Programa “Manejo de las Cuencas Urbanas a través de la Educación Ambiental” que realizó Rincón Nazarí en su Reserva Urbana con el apoyo de la EBY. Sin embargo las escuelas galardonadas con la Bandera Verde, Escuela 521 de Garupá; 674 de Chacra 32-33, Escuela 48, Escuela 645 y CEP 20 de Posadas, EFA San Vicente Paul e Instituto Ceferino Namuncurá de San Vicente, 420 de Colonia Yacutinga, EFA de El Soberbio, Instituto San Pablo de 2 de Mayo, siguen izándolas y continuando hasta el día de hoy con sus programas ambientales, en la medida de sus posibilidades.