POSADAS. La situación parecía haberse calmado. Sin embargo, se trató sólo de una sensación, los casos de abigeato volvieron a golpear duro en los últimos días en Misiones y el norte de Corrientes; una vez más con la denominada “mafia de los cuatreros” como principal protagonista.A principios de mayo, PRIMERA EDICIÓN había publicado un informe que develaba el accionar de esta verdadera organización delictiva, que incluso atacaba desde el río los campos ganaderos de la zona para robar animales y vender luego la carne en el “mercado negro” que conforman “carnicerías” emplazadas principalmente en Posadas.En aquel momento, el documento echaba luz sobre la problemática que vivían productores de la zona de Nemesio Parma, a no más de cinco kilómetros de la capital provincial, y del norte correntino.En los últimos días y después de una “tregua” de varias semanas, los casos de abigeato volvieron a repetirse, principalmente en la zona de Rincón Ombú Chico, pero también en el sur de Posadas y hasta en Alem, donde la preocupación vuelve a hacerse palpable.El río, la “puerta a la carne”No hay números oficiales, quizás porque pocos se animan a hablar. Sin embargo, todos en Rincón Ombú Chico saben lo que está pasando desde hace algunos días en los campos de la zona.El paraje está emplazado en tierras correntinas, a unos veinte kilómetros del famoso “arco” que marca el límite entre el “Taragüí” y Misiones.Los casos se dieron en las últimas semanas y guardan asombrosa similitud con los hechos que habían narrado a este medio en Nemesio Parma.Básicamente, los cuatreros ingresan a los campos por el agua y a plena luz del sol. Muchas veces, matan al animal y lo dejan desangrar para que la carne no se pudra. Después, cubiertos por la oscuridad de la noche, regresan a la escena y se llevan la carne.Ese procedimiento, claro, no es siempre así. “Si hay tiempo, hasta faenan al animal en el mismo lugar. Dejan sólo la cabeza, el cuero y las vísceras, el resto desaparece”, contó una voz especializada en el tema.Una vez más, los vecinos del pequeño paraje correntino apuntan a Prefectura, ya que aseguran que no se llevan a cabo patrullajes y las costas del Paraná son literalmente una “zona liberada” para que los cuatreros “hagan y deshagan”.“Se mueven en uno o dos lanchones sin ningún tipo de vergüenza. Parecen los dueños del río. En realidad, lo son”, aportó un vecino de la zona que asegura haber visto pasar a los delincuentes en más de una oportunidad.Una fuente que prefirió mantenerse en reserva agregó que muchos en la zona sospechan de la misma banda de cuatreros que mantuvo en vilo a Nemesio Parma hasta hace algunas semanas. Creen que los delincuentes estarían apuntado ahora sus cañones hacia Ombú, beneficiados por la inacción de Prefectura en ese lugar.También por tierraMisiones tampoco está exento de la problemática, que se hizo material con un nuevo golpe durante la semana pasada en el sur posadeño.Esta vez, la “mafia de los cuatreros” atacó el campo de una conocida firma dedicada principalmente a la industria forestal. Del campo de la empresa, ubicado en la zona de San Isidro y que tiene una extensión de 16 mil hectáreas, los delincuentes se llevaron nada más y nada menos que 16 animales.Ante esta situación, la Unidad Regional X de la Policía provincial ordenó enviar un grupo de efectivos que se dedica a patrullar el vasto territorio. Desde ese momento, ningún animal volvió a desaparecer.Aunque menor, no menos importante fue el robo que vivió una vecina de Picada Africana, en la zona rural de Alem. En la mañana del lunes, la mujer se percató de que le habían robado un ternero.Indignada, la damnificada recorrió su chacra hasta que en minutos encontró la cabeza, las patas y las vísceras del animal: los cuatreros se habían llevado costillas, paletas y cuartos. En el caso trabajaban efectivos de la Unidad Regional VI.Queda claro que a los cuatreros no les interesa si se trata de grandes o pequeños productores. El objetivo es simple: seguir abasteciendo góndolas y bolsillos del “mercado negro de la carne”.





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