POSADAS. Este año se cumplen veinte desde que Maia Ayrault (58) comenzó a trabajar como voluntaria en el Hospital Ramón Madariaga -hoy Hospital Escuela de Agudos- de esta ciudad, donde promovió la asociación civil Voluntades. Semana a semana reciben donaciones, las clasifican y ordenan y recorren el gran edificio del nosocomio visitando a los pacientes y sus familiares, para brindar no solo ayuda material, como alguna ropa, sábanas, toallas, jabón o yerba, sino un acompañamiento espiritual o una palabra amiga para dar fuerzas con que afrontar los difíciles momentos en que la salud está en riesgo.A pocos meses de estrenar su título de abuela junto a su esposo José Aguirre, con quien comparte la vida hace 33 años, Maia dialogó con PRIMERA EDICIÓN acerca de esos “momentos mágicos” en el Madariaga, ese encuentro entre quien necesita una mano y quien, como ella, están allí para tenderla.¿Cómo fue aquel momento, hace veinte años, en que comenzó con el voluntariado?Hay un momento en la vida en que te hace un click, que sentís algo por dentro. Yo personalmente tuve el privilegio, y pienso que es un privilegio, que siempre hubo una mano que se me tendió cuando la necesité. Y siempre pensé que así como yo necesité, mucha otra gente necesita y esa es la mano que siempre fui dando, devolver lo que la vida me dio. Estar en el momento que otro necesita.Y desde Voluntades trabajan día a día para poder ayudar…Siempre somos el mismo grupo, por ahí yo soy la que más aparece -en los medios-, la cara visible, pero somos los mismos ocho o nueve -entre ellos su esposo-, un grupo muy comprometido y se trabaja con mucho amor.¿Podría describir esos “momentos mágicos” que vine en el hospital?En el hospital entrás y siempre hay alguien que algo le falta, o un hombro, una palabra, o que le orienten, andan perdidos por el hospital porque por ahí el médico le habla en difícil y no lo supo orientar sobre el lugar al que tiene que ir, o dónde está internado su familiar. Y yo los veo que están dando vueltas, y ya me arrimo y le pregunto qué está necesitando. Ese momento es mágico, porque mientras acompañás a esa persona, que generalmente es un familiar de alguien internado, vos tenés la posibilidad de intercambiar opiniones, conocer la historia del otro, de escucharlo, a lo mejor en esos cinco minutos te cuenta qué le está pasando, o tiene ganas de llorar, descargar su angustia. Ese momento es único. A veces terminás riéndote, es una historia tragicómica. Y compartimos esa sonrisa, es lo más importante, entre uno que va porque quiere hacer algo para ayudar y ese otro que está ahí y que necesita.Y el que necesita no solo es el paciente, también los familiares…Ya llevamos dos años de apuntalar mucho al familiar, porque un gran porcentaje de los pacientes son derivados del interior de Misiones, vienen muy solos, a veces los ves sentados, tristes, abatidos. Vamos todos los días al hospital y el martes por la tarde -desde las 17 hasta las 20- recorremos las habitaciones y hacemos los sorteos -de adornitos, libros y otros objetos. Y nuestro bolillero es una bolsita de plástico, y les decimos que es más transparente que el del IPLyC (por el Instituto Provincial de Loterías y Casinos), y siempre todos llevan premios (risas). Y cada día conocen nuevas personas, aprenden muchas cosas…Es muy lindo, la verdad que esta vida tiene cosas que por ahí son dolorosas, pero hay que transitar lo mejor posible y sanarse por dentro. Uno no puede tener odios, rencores, tenés que luchar hasta un punto con ciertas cosas, y después tenés que sanarte por dentro. Estando en paz es la única forma que puedas dar al otro y que el otro pueda recibirlo bien. De esa forma podés sacarle al otro una sonrisa y hacerlo sentir mejor.¿Y cómo responde la comunidad desde afuera del hospital? ¿Les acercan donaciones?Las donaciones llegan muchísimo. Nos llaman y dicen que “les queremos entregar a ustedes porque sabemos que las cosas llegan”, eso también es mágico, tiene que ver con una seriedad y un compromiso del grupo, que la gente sabe que las cosas realmente llegan a manos de los que necesitan. Además esto es de boca en boca, y hay pacientes que nos dicen que le tuvieron internado a su papá en el hospital viejo, y hoy nosotros los estamos visitando a ellos.¿Trabajan en otros hospitales?Hace algunos años estamos en el Hospital de Fátima, que sería como la filial uno de Voluntades. Ahí van una vez por semana tres compañeras que viven en esa zona. También colaboramos con el Hospital Ramón Carrillo y el Baliña, y con una escuela que funciona ahí que es para niños de 4 a 17 años. Ellos no tenían ningún libro, entonces entregamos 220 libros, de gente que nos había donado, otros varios que eran de mis hijos.Y hace dos años es voluntaria de la Casita de Alcohólicos Anónimos, ¿no?Sí, hace dos años. Eso surgió a partir de una enfermedad que tengo hace cinco años por la cual se me prohibió ir al hospital casi ocho meses. Y decía, ¿qué hago? Yo soy muy creyente, pienso que hay una energía que te envuelve… Y un día alguien llamó para donar algo y empezamos a charlar y salió el tema de la Casita. Entonces fui, y fui tan bien recibida… Es un grupo humano bárbaro, los aprecio un montón. Ahí se me abrió otro mundo, pude reemplazar mi hospital por ese tiempo, y ahora sigo en los dos.Es decir que cuando la voluntad de ayudar nace del corazón, no hay problema de salud que la frene… La enfermedad que tengo se llama púrpura trombocitopénica autoinmune. Es una enfermedad de la sangre y es crónica, o sea que no tiene cura y tengo que hacer controles permanentemente. Pero lo que quiero destacar es que eso no es una limitación, porque cuando uno tiene convicción y amor para ayudar a otro no hay nada que lo detenga. Por supuesto que tengo mis días, me bajan las defensas y me tengo que quedar en casa, pero cuando mejoro, estoy de nuevo en mi hospital trabajando.Y también con esto que me pasa, estoy proyectando, organizar un grupo que nuclee a personas que tengan enfermedades similares, para poder respaldarnos, poder informar y acompañarnos mutuamente. Formación de voluntariosEn julio en el Hospital René Favaloro de Villa Cabello, se realizará el curso de formación de voluntarios. Está destinado a personas mayores de edad interesadas en formarse como voluntarios para trabajar en hospitales, comedores y hogares.“Los capacitadores son los mismos que me formaron a mí hace 17 años”, indicó Ayrault. El año pasado lo cursaron 80 personas y se recibieron 32. Las pasant&
amp;iacute;as las hicieron en el Hospital Madariaga con Voluntades y en el Hospital de Neonatología con la asociación Dar a Luz”, “Aspiramos a que se forme un grupo de voluntarios de la zona de Villa Cabello para trabajar en el Favaloro”.También realizarán una feria de ropas y de calzados -nuevos- y están vendiendo una rifa que sorteará a fin de mes productos decorativos donados por el taller “Pinceladas”.Contactos para comunicarse y colaborar con Voluntades: (0376) 4435153 / 15-4520813, [email protected] o [email protected].





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