(Nota publicada el 21 de septiembre de 2011)Un inimaginable reencuentro vivió ayer (20 de septiembre de 2011) la familia Sosa, una de las tantas que fue destruida y desintegrada por el último Gobierno militar. “La dictadura fue lo que nos separó”, subrayó José Guillermo Sosa (56), quien en 1976 fue detenido por los militares sin explicaciones y privado de la libertad durante siete años. El miedo se apoderó de Carmen, entonces su esposa, quien dejó a su hijo de dos años con la abuela paterna en Leandro N. Alem y buscó refugio en Buenos Aires.En un banco de la terminal, junto a su hijo César, de 37 años, José repasó ayer ante PRIMERA EDICIÓN la historia de su vida mientras aguardaban la llegada de Carmen, a quien no veía desde ese trágico día. Todavía no podía creer que había encontrado por fin a su compañera, de quien no había tenido más noticias desde su detención y no sabía siquiera si estaba viva, hasta hace un mes, cuando dio con su paradero.César, por su parte, manifestó una mezcla de sentimientos y mucho nerviosismo. Creció con su abuela preguntándose y preguntando por qué su madre nunca más había regresado. Contó sus recuerdos de ella y que siempre tenía la foto que le había dado su abuela, lo que mantuvo siempre fresca la imagen de su rostro.La separación fue a causa de la detención de José Sosa, quien fue interceptado sin explicaciones el 20 de octubre de 1976 cuando volvía de su trabajo. Era carpintero e integraba la Juventud Peronista.Pasaron siete años y, con la llegada del gobierno de Ricardo Alfonsín, recién pudo recuperar su libertad. Pero ya nada era igual: fue víctima de innumerables torturas, ayer enseñó la rodilla ortopédica a causa de una bala en la pierna derecha y otros tantos maltratos. Igual dejó en claro que, aunque sufrió mucho, no lograron quebrar su integridad y sus ideales.Carmen, quien cuando conoció a José militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios, dijo que en ese entonces era muy joven y que, como su marido fue secuestrado y no volvió, ella viajó desesperada a la casa de sus padres con lo puesto. Para resguardar a su hijo, lo dejó con su suegra, quien se ocupó de su crianza y con quien vive hasta la actualidad.Ninguno de los tres imaginó el reencuentro, porque también José, después de recuperar la libertad, se fue a trabajar a Buenos Aires, donde tuvo otros hijos. Hace cinco años regresó a Misiones y, desde entonces, se propuso buscar a la madre de César, una deuda que tenía pendiente.El joven, acompañado por su esposa y su pequeño hijo Mateo -que hoy tiene casi la misma edad que él cuando fue separado de su madre-, no ocultó su nerviosismo. Confesó que nunca imaginó ese momento y que hace pocos días su padre le dijo que ella viajaría a Misiones para el reencuentro.A las 9 arribó el ómnibus desde Buenos Aires, mientras la ansiedad crecía en el andén de la terminal. En un fuerte abrazo se unió la familia después de 35 años. Quienes acompañaron a la familia e hicieron posible el reencuentro lloraron de emoción y expresaron que por “estos milagros” siguen trabajando y tratando de recuperar hijos de desaparecidos. Entre ellos se encontraban Graciela Franzen y Hugo Baldoneiro, integrante de la Mesa Nacional de Ex-presos Políticos.Carmen, que llegó con su hijo menor, de catorce años, estará hasta el viernes en Misiones. Después de este reencuentro, evaluará y hasta quizás decida regresar a vivir a la provincia y recuperar el tiempo perdido.





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