Las personas con discapacidad son, antes que nada, personas. Por ese simple pero poderoso hecho, gozan de los mismos derechos que cualquier persona “convencional”. Sin embargo, se debe garantizar que puedan cumplirlo. Para graficar la situación basta con un ejemplo: todas las personas tienen derecho al libre tránsito por el país; sin embargo, si el colectivo no es accesible para el ingreso de una silla de ruedas, ese derecho para una persona con discapacidad se encuentra cercenado. Para debatir sobre este tema, Ana Dorfman, licenciada en Trabajo Social y coordinadora del área de Discapacidad del Departamento de Programas Sociales de la Amia, llegó a Misiones. En su visita charló con PRIMERA EDICIÓN y aseguró que “en algunos sentidos se ha avanzado pero todavía nos falta mucho” y entre ellos remarcó que “la inclusión laboral es una de las cuestiones en las que falta muchísimo”.Dorfman afirmó que “realmente son pocas las posibilidades” que tienen las personas con discapacidad para ingresar al ámbito laboral. El porqué, no menos ofensivo que obvio: “Hay mucho prejuicio, mucha discriminación en relación a las personas con discapacidad. No se atienden las singularidades de este colectivo pese a la capacitación. También es cierto que, muchas veces, para ejercer el derecho al trabajo necesitan alguna equiparación. Por ejemplo, una persona ciega puede trabajar perfectamente en una computadora porque las mismas tienen un sistema que no es caro, donde tienen lectores de pantalla. Pero muchas veces pasa que el empleador no conoce estas posibilidades y no incluye a personas con discapacidad visual en el trabajo”, reflexionó.Por su trabajo en Amia conoce que hay personas con discapacidad que tienen muy buenos perfiles laborales, como por ejemplo personas con discapacidad auditiva. Pero el problema de la inclusión real, otra vez presente. “Por el hecho de que se comunican de una manera diferente, no son incluidas. Pero por ahí trabajan en cuestiones en que no hace falta la comunicación oral, como por ejemplo data enter donde no tienen comunicación con el público si no están oralizados. Aún así, hay gente que está oralizada y otras que solamente se comunican con lenguaje de señas. Pero muchas veces estas personas pueden hacer trabajos que no necesitan comunicarse constantemente con otros sino que al contrario, tienen muchas habilidades para estar concentradas justamente porque no se distraen hablando, por lo que son excelentes trabajadores para determinados perfiles y tareas. Es el desconocimiento de las personas convencionales que no permite incluir a personas con discapacidad en el trabajo”, indicó. La importancia de la educaciónUna de las mejores maneras de revertir esta situación es, sin dudas, la educación. “La Ley Nacional de Educación dice que los niños con discapacidad deben ser educados en escuelas comunes. Para que eso suceda tienen que haber suficientes maestras integradoras o sistemas de apoyo para la educación y realmente para eso falta mucho. Por eso, hoy deben ir a escuelas especiales pese a que se estimulan mucho más cuando están con chicos convencionales”, señaló Dorfman. Pero el resultado, quizá más importante, es el que se obtendría a largo plazo. “Si los chicos convencionales aprenden que la discapacidad es parte de la naturaleza humana y crecen con niños con discapacidad, el día de mañana los van a emplear o serán compañeros de trabajo o amigos que no discriminarán. Pero si ya los empezamos a discriminar desde la escuela, ese niño crece con el sentido de la discriminación”.Este hecho, muchas veces, también surge por parte de los padres. “Cuántas mamás ven que un chico habla mal o tiene comportamientos desconocidos para ellas entonces alejan a sus hijos. Las personas por desconocimiento también discriminan. Esta es una de las tareas que hacemos en Amia, ir a las escuelas para concientizar sobre la discapacidad a los niños. Hacemos ejercicios en los que ellos puedan ponerse en el lugar de personas con discapacidad, también se les reparte un libro con lenguaje sencillo sobre los derechos de estas personas, etcétera”. El trato, lo más importante “La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad dice que así hay que llamarlos: personas con discapacidad, ni con necesidades especiales ni ningún otro eufemismo”, explicó Dorfman. Esto es así porque “se quiere señalar que son personas que portan una discapacidad. Pero más allá de la palabra, lo que importa es el tono y el sentido con el que se dicen. Lo más importante para ellos es el tono y la actitud. La actitud de discriminación es lo que hace que estas personas sufran”, señaló. Justamente, una de las barreras más importantes la coloca la sociedad. Según Dorfman “hay una responsabilidad del Estado en crear políticas activas en relación a estas personas para que tengan educación, rehabilitación, programas de inclusión laboral, controles para el transporte, las veredas, etcétera; pero también hay una responsabilidad no menos importante de la sociedad. Por ejemplo, si el Municipio hace una rampa para silla de ruedas y el auto se estaciona en frente, no se la puede usar y eso es culpa de la ciudadanía que no toma conciencia de cómo afectan sus actos a los demás”, cerró. Equiparar posibilidadesAna Dorfman trajo su experiencia a Misiones para visibilizar un hecho claro, pero que a veces no se tiene en cuenta. “La persona con discapacidad, por el solo hecho de ser un ser humano tiene tantos derechos como cualquier ciudadano. Todos tenemos derechos, porque la Constitución y las convenciones internacionales hablan de los derechos que tenemos los seres humanos: derechos sociales, políticos, culturales y económicos. Lo que pasa es que si a personas con discapacidad no se les equiparan las posibilidades, tienen el derecho pero no pueden ejercerlo”.





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